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48 horas en el corazón de la "nueva" UE: más "competitiva", menos "ingenua", totalmente "orgullosa"

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Algo está cambiando definitivamente en la Unión Europea. Lo que hace no tanto tiempo eran mensajes impactantes de figuras como el comisario Stéphane Séjourné o la mismísima Ursula von der Leyen hoy son un mandato a transmitir en los infinitos rincones de la pequeña gran ciudad que conforma la UE dentro de Bruselas

Caminar por sus laberínticas salas entre retratos de padres fundadores y figuras claves del 'sentimiento europeísta' conduce a algo que costaba transmitir: el "orgullo" de una Europa que ha dicho basta a sus complejos, como ha dicho basta —y decirlo ya es un paso— a cierta "ingenuidad" para salir a competir con gigantes como EEUU y China. En la terminología del siglo XXI eso tiene un nombre: competitividad.

De eso mismo va, de enseñarle al mundo que la UE puede y debe ser "competitiva", un viaje a iniciativa de la Comisión Europea en España, con un grupo de periodistas entre los que ha estado El HuffPost. Apenas 48 horas sirven para darse cuenta de que la UE se mueve hacia adelante sin dejar de ser la misma. Porque "no es que la UE cambie, es que lo hace el mundo entero", confiesa una fuente autorizada, para añadir a continuación un lapidario "no se puede competir en el siglo XXI con herramientas del XX". 

Se suceden las charlas, on y off the record. También los cafés, que la agenda viene repleta desde primera hora. El mensaje de los ponentes no cambia sea cual sea el marco de la charla. Europa sabe que tiene que "espabilar" y reforzar la "pedagogía" de sus más recientes mensajes de acción. Por un lado, el convencimiento del "made in Europe"; por otro el reciente compromiso de la Comisión Europea titulado One Europe, one market. Producto de 'casa' en un verdadero mercado único al que seguir levantando barreras internas.

El curso de los acontecimientos actuales obliga a la Comisión y al resto de instituciones a adoptar ambiciosas iniciativas para responder al proteccionismo de otras economías, si bien con un método algo diferente. Porque a diferencia de otros gigantes, altos cargos de la UE admiten que no se trata de actuar "solo para Europa, sino con Europa".

Nada de esto serviría si todo el 'aparato burocrático' se mantuviera igual. Ponente tras ponente aparece la palabra "simplificación". Con mensajes más oficialistas o con confidencias fuera de micro, no hay quien mencione simplificar burocracia y plazos no ya como recurso, sino como obligación para paliar una "situación de debilidad ante los competidores". Al fin y al cabo, nadie esconde que ese "mundo que cambia" exige moverse a una velocidad superior.

Hay hasta un proyecto de la Comisión titulado Industrial Accelerator Act (Ley de Aceleración Industrial). Su nombre deja bien claro el sentir de los legisladores. Unas calles más abajo, la portavoz del Parlamento Europeo, Délphine Colard, añade que "la democracia tiene sus tiempos", pero deja entrever la necesidad de "simplificar" alguno de sus procesos.

"La receta a los problemas es clara: hay que afrontarlos, no solo quejarse", expone convencida la comisaria de Start-Ups, Investigación e Innovación, Ekateina Zaharieva. Como figura central de la jornada, admite su satisfacción porque Europa "sea hogar" de grandes programas de investigación internacional y reclama huir de complejos como que esta no sea tierra de científicos e investigadores. Queda mucho por hacer, no lo esconde, pero tampoco las fortalezas de un enorme territorio de 450 millones de personas y cada vez más unido en su funcionamiento donde prevalece una "libertad" para los creadores que otras tierras no presentan. 

Dónde estamos... y dónde no

La tentación metafórica de recurrir a que "fuera de la Unión Europea hace mucho frío" es grande, pero estos días Bruselas vive un verano pocas veces visto y aunque amenaza lluvia, la exigencia térmica es tal que el aire acondicionado sufre algún que otro problema. Por fortuna para el grupo de periodistas españoles ese calor belga no pasa de 'agradable' en comparación con lo que tenemos en casa. Caminamos por un Barrio Europeo que brilla, verde y soleado, como costaría pensar en territorio bruselense. Hasta fuegos artificiales nos acompañan, no por nuestra visita, sino en celebración adelantada por el 250 aniversario de la independencia de EEUU. Sí, Bruselas también es sede de una pequeña gran porción de los states y se nota en el ánimo de fiesta. Turistas, banderas, cervecerías alargando horarios... Bruselas la nuit es mucho más que mejillones y frites.

De vuelta a la agenda oficial, el Consejo Europeo espera en una visita exprés que vale la pena por escuchar a la persona encargada de la ponencia. Del relato de este alto funcionario surge una frase más que definitoria de dónde estamos. O mejor dicho, de dónde no, porque "ya no estamos en esa agenda cooperativa" con los grandes aliados. Son los nuevos mundos de Trump, pero hay vida y problemas más allá del magnate; de hecho, Europa lleva "perdiendo competitividad desde hace muchos años". Acción-reacción, defiende este miembro destacado, destacando acuerdos históricos como el recientemente sellado con India. 

El reloj se acerca peligrosamente a los 10.000 pasos sin haber llegado al mediodía. Del Consejo toca bajar al Parlamento Europeo, que abre las puertas de su extrema complejidad arquitectónica al grupo de periodistas. La necesaria "simplificación" de la que hacen gala los altos mandatarios de la Unión bien podría aplicarse a la sede que el Europarlamento tiene en Bruselas, pata 'auxiliar' de la principal en Estrasburgo. En ambas la actividad es mucho más frenética de lo que los clichés podrían afirmar. Se respira estrés, prisa.

La concordia fue posible, pero solo en Bruselas

Las reuniones se suceden entre vistazos furtivos al reloj y alarmas que obligan a salir a algunos intervinientes. Nada excepcional en un espacio que alberga a miles y miles de personas. Bruselas se guarda, en cambio, algunas sorpresas que solo pueden descubrirse cuando uno se adentra en las tripas de sus instituciones. En pleno Parlamento Europeo se produce una suerte de milagro, una 'unión' PP-PSOE para defender una misma postura, que los futuros presupuestos de la UE (llamados Marco Financiero Plurianual) necesitan algo más que una revisión. 

Lo admiten, a micrófono encendido, dos figuras relevantes del PP europeo y del grupo S&D que integra el PSOE. Isabel Benjumea y Sandra Gómez coinciden en reclamar a la Comisión una "vuelta" para salir de una fórmula "injusta", la de que los presupuestos 2028-2034 se basen en la estructura de los conocidos como Fondos Next Generation. "Una de las mejores cosas que tiene la UE es su factor común, como la C de 'común' que lleva la PAC agraria. Si le quitamos eso para esconderlo en planes nacionales se puede romper el espíritu europeo", advierte Benjumea, que emplaza a cambios antes de su votación final en Estrasburgo.

El conflicto interinstitucional está normalizado en la triple relación Comisión-Consejo-Parlamento, tanto como un trato envidiablemente correcto entre miembros de distinto signo... Para los periodistas españoles, acostumbrados al fango, a las cloacas y a una crispación creciente en la política, vivir algo así de sano es como hallar un unicornio.

Bruselas no le tiene miedo al diálogo, vive de ello y en muchos casos para ello, aunque sabe que hoy, en estos "nuevos tiempos", toca meterle una marcha más a un motor que lucha por ser lo que por naturaleza amerita: referencia mundial, actor relevante y verdadero nexo de unión de 450 millones de ciudadanos. De eso va la "competitividad".