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Antonelli, el precoz redentor para un Mundial destinado al fracaso

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El primer campeón mundial de la F1 nacido en el siglo XXI es también el campeón más joven de la historia. A los 20 años, dos meses y ocho días, Andrea Kimi Antonelli ha destrozado en Austin el récord de Sebastian Vettel, que conquistó el Mundial 2010 con 23 años, cuatro meses y 11 días. Sin embargo, la relevancia de este título va mucho más allá de su prodigiosa precocidad. Y es que el piloto italiano de Mercedesha rescatado a la F1 de uno de los peores momentos de su historia. Con su fulgurante aparición, Antonelli ha sacado a flote un Mundial destinado al fracaso por culpa de su absurdo reglamento.

Desde la primera carrera, la complejísima gestión de la energía en los coches no sólo atentó contra la propia esencia de la F1, sino que dejó un sinfín de escenas bochornosas. Por ejemplo, cuando Lando Norris activó sin querer una configuración del motor que le hizo adelantar de forma involuntaria a Lewis Hamilton en Suzuka; o cuando hubo que retrasar 98 minutos la salida del GP de Bahrein por culpa de un fallo en el software de la FIA; o cuando un Mercedes rebasó a un Ferrari en Silverstone porque rodaba ¡¡40 km/h!! más rápido. La categoría reina parecía reducida a un desfile de coches teledirigidos por los ingenieros. Sin embargo, por un resquicio asomaron, como una magia, las manos de Antonelli.

La precisión milimétrica de Kimi, su suave estilo para llevar el coche al límite en cada curva, le han valido nueve victorias en 18 grandes premios. Cinco de ellas, entre China y Mónaco, llegaron de forma consecutiva. Durante aquel arranque, George Russell ya empezó a quedar en evidencia. En lugar de aplicarse con el volante, el británico se limitó a poner excusas, apelando a la mala suerte. O incluso deslizando sospechas de sabotaje en el coche. De nada le valieron sus cuatro años de experiencia con las Flechas de Plata. Simplemente fue ridiculizado por su compañero. Antonelli ha hecho con él lo que Michael Schumacher hizo con Rubens Barrichello en 2001 o Fernando Alonso con Giancarlo Fisichella en 2005.

A lo largo de este curso, el W17 de Mercedes se ha mostrado superior al resto, pero no ha sido, en modo alguno, un coche invencible. De ello pudieron dar fe los últimos campeones, Lando Norris y Max Verstappen, con dos victorias cada uno, pero víctimas ambos de la constancia de Antonelli. Incluso tras una sanción de tres puestos en la parrilla, el italiano hizo podio en Hungaroring. Y a pesar de un toque contra el muro en la Q2 de Bakú, sumó 10 puntos de oro. Su prematura coronación, con cinco carreras aún por delante, puede equipararse a las de Vettel (2013), Hamilton (2020) o Verstappen (2023).

"Me siento más maduro"

Ahora bien, ¿cómo ha sido posible esta tiranía de Antonelli, uno de los rookies más decepcionantes de 2025? El pasado 3 de septiembre, tres días antes de su legendaria victoria en el GP de Italia, desde el decimonoveno puesto de la parrilla, él mismo lo explicaba de un modo muy elocuente. "Esta temporada no tengo que demostrar tanto como en 2025. Entonces sentía que debía estar a la altura de la F1 y eso me hizo conducir de una forma muy tensa", dijo. "Ahora tengo la suerte de contar con un coche fantástico y el año de experiencia cuenta mucho. Me siento más maduro, con más control sobre la situación", añadió. Por esos azares del deporte, Monza había sido también, dos años atrás, el escenario de su debut en la F1. Fue durante una sesión libre en la que se estrelló su W15 contra las protecciones de la Parabólica.

Antonelli es un talento generacional y como tal debe ejercer de némesis para Mad Max, a quien ha arrebatado alguno de sus récords. Ya es el más joven en marcar una pole, liderar una carrera o apuntarse un grand chelem. Esta rivalidad servirá asimismo como combustible para el holandés, que a comienzos de curso amagó con la espantada, harto de los disparates del reglamento. Su gran desafío en 2027 será arrebatar el cetro a quien ha sabido exprimir mejor que nadie la eficiencia de su monoplaza.

Es cierto que Antonelli fue favorecido varias veces por la fortuna con los safety cars, pero siempre demostró ser el más avispado para leer las situaciones de carrera. Nadie se adaptó como él a los nuevos coches y nadie rodó tan rápido a una vuelta (seis poles) aprovechando la ventaja que otorga encabezar de la parrilla, mientras los rivales se enfangan en el tráfico. Su velocidad y su valor le valieron un fin de semana apoteósico en Mónaco, el escenario favorito de Ayrton Senna, su gran ídolo, por quien luce el dorsal 12. En las calles del Principado no sólo marcó una vuelta rápida 1,16 segundos mejor que la de cualquier rival, sino que mostró una ambición que, de no ser por un postrero safety car, le habría valido para ver la bandera a cuadros con más de medio minuto de ventaja.

Con todos estos argumentos sobre la mesa, la explosión de Antonelli debe considerarse una de las mejores noticias para la F1 en la última década. Un campeón implacable, capaz de igualar en un solo año el registro de triunfos de Charles Leclerc, fichado por Ferrari en 2019 o del propio Russell, en Mercedes desde 2022. Y con sobrado carisma para conquistar a los tifosi, que no veían un compatriota en la cima de la F1 desde los tiempos de Giuseppe Farina (1950) y Alberto Ascari (1952, 1953).

En el paddock ya nadie hace burla de Kimi, a quien muchos sólo consideraban como el niño mimado de Toto Wolff. El jefe de Mercedes se limitó a seguir el consejo de Gwen Lagrue, responsable del programa de jefe de pilotos de las Flechas de Plata, y le confió el asiento vacante de Hamilton. Ahora, apenas dos años después, el futuro pertenece a Antonelli, el nuevo mesías de la F1, el italiano que -en un futuro más o menos lejano- deberá ser reclutado por Ferrari para devolver la gloria a la gente de Maranello.