Así se reconstruyeron las 124 horas de los atentados de Las Ramblas para Cronos: "La premisa moral siempre fue que las víctimas estuvieran cómodas"
El 17 de agosto de 2017, una Fiat Talento blanca recorrió los 800 metros entre la calle Pelayo y el mural de Miró, a unos metros del Mercado de la Boquería, dejando 14 muertos y un centenar de heridos en Las Ramblas de Barcelona. Eran las 16:53 y en ese minuto estaban por empezar 124 horas que se saldarían con una amplia operación policial, un enfrentamiento político, un amasijo de informaciones veraces e inventadas, una célula de terroristas islámicos abatida... Y también una investigación ahora convertida en ficción.
Aquél era el primer día de vacaciones del periodista Nacho Carretero, acababa de aterrizar en Galicia, en casa de su hermana, y solo unas horas después estaba en Barcelona. El también periodista Arturo Lezcano estaba durmiendo la siesta en su casa de A Coruña, acababa de volver a España tras 12 años al otro lado del Atlántico como corresponsal para Europa de una televisión norteamericana y al despertar se encontró con siete llamadas para ir a la capital catalana a cubrir el atentado. Hoy, su investigación es un guion de Alberto Marini que Beta convirtió en película y que Fernando G. Molina pidió que le dejaran dirigir.
Cronos, que toma el nombre de esa operación policial y que se estrena este viernes, es la reconstrucción de esas 124 horas, el resultado de reuniones con quienes vivieron el atentado en primera persona, de entrevistas a familiares de los terroristas, de historias contadas por sus víctimas y de quienes acudieron al auxilio. «Por más que tenga la aspiración de convertirse en una película que sirva de tributo a un evento importantísimo, ésta no responde a lo que se le puede exigir a una investigación pericial ni tiene por qué hacerlo. Aquí importa el viaje emocional de los personajes», expone Nacho Carretero, escolatado por Fernando G. Molina y Arturo Lezcano en una sala del hotel Vincci Soma de Madrid.
Aunque ellos -junto a Alberto Marini- son las tres piezas sobre las que se asienta el proyecto, hay un grupo de personas que no aparecen en los créditos y que están también en el germen de esta historia. Jordi Rodón, inspector de los Mossos d'Esquadra y encargado del dispositivo de urgencia, se reunió en varias ocasiones con los creadores y con el actor que le iba a encarnar, Enric Auquer. Quim Estrada y Vicenç Fernández, caporales del cuerpo policial, también ejercieron de asesores. La jefa de prensa de los Mossos, Patrícia Plaja, destituida unos meses después, fue la encargada de aportar el contexto de las tensas reuniones políticas que se desarrollaron esos días, en pleno desafío independista. Y las víctimas tuvieron la oportunidad de leer el guion, aportar su punto de vista, acudir al rodaje en varias ocasiones y hoy asistirán a un pase previo de la película, antes de su estreno.
«Que aún no haya pasado tanto tiempo te hace ser muy cuidadoso con el recuerdo de esas víctimas y con cómo vas a retratarlas en la película. Eso también hace que la relación al sentarte a verla sea mucho más emocional que intelectual. A mí una película sobre el 23-F me puede llegar, pero ni me acuerdo de ello ni estaba allí. Pero aquí sí me acuerdo», detalla Fernando G. Molina. Y sigue Nacho Carretero: «La premisa moral desde el minuto uno era que las víctimas se sintieran cómodas, todos estuvimos de acuerdo en que ninguna víctima nos pudiera echar algo en cara. Más allá de su función como película tenía que aportar algo. Si ayuda a su tributo y su memoria, pues bienvenido sea».
Precisamente la presencia del periodista gallego fue la que abrió la puerta al proyecto a la Unidad de Atención y Valoración de Afectados por Terrorismo (UAVAT), la organización creada tras los atentados. Así lo relata Robert Manrique, asesor de esta asociación, que ya había colaborado con Carretero en el documental 800 metros de Netflix sobre los ataques de Las Ramblas. «Él es la persona clave para que estemos aquí y, además, el equipo tuvo la buena disposición de llamarnos para que fuéramos partícipes desde el inicio. Eso es algo que debemos agradecer», explica Manrique, víctima también del atentado de Hipercor en 1987. «La mayoría de víctimas suelen hacer muchas preguntas sobre este tipo de atentados. Por qué, para qué... Si esta película les sirve para aclarar algunas de esas dudas estará bien. Me parece un gesto clave no dejar que esas víctimas se enteren de sopetón, viendo la tele, de que se está haciendo una película sobre ellos», incide el asesor.
De hecho, la familia de uno de los fallecidos, Pau Pérez, apuñalado dentro de su coche en la huida de Younes Abouyaaqoub, pidió a los creadores del proyecto que usaran su nombre y apellidos, pero no su imagen. Se pusieron de acuerdo en buscar una persona que pudiera hacer de él. «Nos preguntan mucho por qué no usamos una víctima como personaje, pero creo que eso sí sería ahondar en el morbo. Ya bastante horror hay en cada fotograma de la película», aporta Fernando G. Molina.
Uno de los aspectos centrales de Cronos es que, más allá de la investigación policial, también incluye en su guion la tensión entre el Gobierno de España y la Generalitat de Cataluña, en pleno desafío independentista y a menos de dos meses del referéndum de independencia. El director y los guionistas querían que eso quedara reflejado. «En España hay un cierto rechazo a lo que huele a política, parece que no nos atrevemos. Seamos un poco maduros, coño. Claro que hubo una tensión política en Cataluña. Solo faltaría que no lo reflejásemos en la película, sería muy naif», asegura Arturo Lezcano. «Además, creo que hay algo importante que conecta este atentado con el procés. Esto quedó engullido por el eco mediático del procés, apenas hubo unas semanas hasta que el referéndum se lo comió todo. Me da la sensación de que este fue un atentado que se olvidó muy rápido, en menos de dos meses. Parece que ahí no había pasado nada», complementa a su compañero Nacho Carretero.
Esa mirada, según reconocen sus creadores, está puesta desde la distancia porque ninguno de ellos ha nacido o crecido en Cataluña aunque la película está rodada en su mayoría en catalán. ¿Qué supone eso a la hora de sumergirse en un contexto político que casi una década después aún no se ha cerrado por completo? «Yo no lo veo como un obstáculo, pero la distancia me parece que es interesante para que la película no se contagie de ninguna derivación política», arranca el director. «Vendrán las reacciones y vendrán los comentarios. Claro que vendrán porque es un tema delicado. Nosotros estuvimos allí todo el otoño en Barcelona, vivimos la noche de las urnas... No estaría mal que hiciéramos una película sobre el procés porque siempre está bien que una sociedad se mire las propias tripas para sacar adelante productos que en algún momento sean dolorosos», coinciden Carretero y Lezcano.
Quizás esta sea la próxima reconstrucción.