Asesinatos, mezquitas vandalizadas y partos en ambulancias: Israel aprieta en Cisjordania mientras crece el terror colono
La Cisjordania ocupada, uno de los tres territorios donde Palestina ansía levantar un Estado de pleno derecho, atraviesa un momento crítico, que va mucho más allá de la violencia en oleadas de años atrás. Desde la guerra de 1967, no se recuerda un escenario tan dramático, sólo igualado por las dos Intifadas. La represión israelí tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, el bloqueo de la región, las constantes y profundas incursiones del Ejército y los crecientes ataques de colonos -con absoluta impunidad- dibujan un escenario invivible.
Ahora, una nueva espiral azota la zona. Todo lo ha desencadenado por un letal choque armado en la localidad de Tell, al norte del territorio ocupado, el viernes pasado, se ha transformado rápidamente en una campaña generalizada de redadas, incendios intencionados contra lugares de culto, viviendas e industria, cierres militares asfixiantes y una ofensiva política por parte del Gobierno israelí para consolidar y expandir los asentamientos judíos en suelo palestino. En vez de echar agua al fuego, gasolina.
En el transcurso del último fin de semana de julio, la quema de dos mezquitas en las gobernaciones de Nablus y Tulkarem (norte), los patrullajes de colonos armados -acompañados por tropas regulares como escolta- y el encierro forzado de pueblos enteros han dejado a la población palestina sumida en un estado de desprotección casi absoluto. Mientras las organizaciones internacionales de derechos humanos advierten sobre el riesgo inminente de atrocidades masivas y crímenes sistemáticos, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) reclama una intervención diplomática internacional de urgencia para frenar lo que definen como "una política estatal premeditada de alteración demográfica y territorial".
Todo esto, cuando en Israel hay elecciones el 27 de octubre. La prensa local ya apunta a que el Gobierno, que no podría revalidar su mayoría según los sondeos, aprieta, bien para ganar imagen de dureza y seguridad, bien para generar una situación de tensión tal que lleve a retrasar los comicios.
El detonante en Tell
La presente escalada alcanzó su punto de ebullición en la mañana del 24 de julio, en la aldea palestina de Tell, ubicada en la gobernación de Nablus y próxima al asentamiento ilegal israelí de Havat Gilad.
De acuerdo con las investigaciones de campo y los testimonios recabados por la organización Human Rights Watch (HRW), los hechos se desarrollaron en dos fases consecutivas marcadas por una extrema tensión. Entre las 6:10 y las 6:45 de la mañana, un grupo formado por entre 40 y 50 colonos israelíes -entre los que se encontraban menores de edad- avanzó desde el este hacia las inmediaciones de la villa. Atacó con piedras al menos cuatro o cinco viviendas palestinas e intentó irrumpir en su interior.
La reacción inmediata de las familias residentes derivó en un enfrentamiento verbal y, luego, físico, durante el cual un colono armado abrió fuego e hirió a un residente palestino. Ante la llegada de más vecinos en auxilio de las víctimas, el grupo inicial de colonos se retiró temporalmente del lugar. Toca puntualizar que buena parte de los colonos tienen armas porque el Gobierno, ahora en manos del primer ministro Benjamin Netanyahu pero también desde mucho antes, les permite llevarlas como supuesta forma de autoprotección.
Apenas 30 minutos más tarde de ese ata HRW logró verificar e integrar geolocalizadamente seis metrajes en vídeo grabados por residentes y difundidos en redes sociales. El análisis audiovisual confirma que colonos armados y soldados uniformados actuaron en estrecha cercanía. Las imágenes muestran cómo la agresión física inicial comenzó por parte de los colonos al patear a un residente palestino, lo que provocó la confrontación. En medio del forcejeo, dos palestinos intentaron desarmar a los atacantes; se escucharon disparos y uno de ellos cayó al suelo. Un segundo palestino logró arrebatarle el fusil a un colono que había desenfundado previamente una pistola y efectuó disparos defensivos antes de ser abatido por el comandante de la unidad militar israelí. El saldo mortal de este enfrentamiento en Tell dejó un balance de cuatro palestinos muertos pertenecientes a una misma familia (dos hermanos y dos primos de los Ramadan) y cuatro palestinos heridos. En el mismo choque perdieron la vida dos israelíes: el mayor Yuval Ezra, de 27 años, un oficial en activo del ejército israelí, y Benyahu Mellet, de 32 años, un colono armado. Mellet lideraba la patrulla de defensa civil del asentamiento Havat Gilad, ilegal como todos los que hay en Cisjordania y Jerusalén Este, en los que residen más de 600.000 personas, según Naciones Unidas. Estos escuadrones fueron dotados tras el 7-O de poderes policiales especiales, uniformes reglamentarios y armamento de alto calibre por el Ministerio de Seguridad Nacional israelí. Junto a los batallones de defensa regional, estas unidades han provocado una peligrosa difuminación de los límites entre los colonos civiles armados y las fuerzas armadas oficiales. La respuesta comunitaria y miliciana por parte de las facciones de colonos radicales tras la muerte de Ezra y Mellet fue inmediara. Entre la tarde del viernes hasta ayer domingo, se desencadenó una oleada ininterrumpida de ataques de represalia a lo largo y ancho de la Cisjordania ocupada. La emisora oficial Israeli Army Radio reportó que en el fin de semana se registraron al menos 30 incidentes encuadrados como "delitos nacionalistas" cometidos por colonos contra la población civil palestina. Uno de los episodios más graves tuvo lugar en la madrugada del domingo en la localidad de Qusra, al sureste de Nablus. Un grupo de colonos penetró en la población y prendió fuego a la mezquita principal del pueblo. Abdel Azim Wadi, presidente del consejo local de Qusra, confirmó a la cadena de televisión catarí Al Jazeera los severos daños materiales causados por el fuego y denunció la aparición de pintadas en hebreo sobre la fachada del templo con lemas como "Venganza judía" y el nombre de uno de los colonos muertos en Tell. "Nuestra aldea sufre ataques continuos y sistemáticos desde el año 2011, pero el nivel de violencia y agresividad se ha multiplicado de forma alarmante desde el estallido de la guerra en Gaza", expone. Casi simultáneamente, a decenas de kilómetros de allí, en la pequeña aldea de Kur (al sur de Tulkarem), tres colonos intentaron incendiar la mezquita local durante la madrugada. Farid Jiyousi, miembro del consejo municipal, explicó que los fieles que acudían a la primera oración del alba lograron percatarse de las llamas y sofocar el incendio antes de que devorara la estructura central. Las paredes externas del templo amanecieron vandalizadas con inscripciones en hebreo que advertían: "Derramar sangre judía no sale gratis". Jiyousi enfatizó que se trata del primer ataque directo de esta naturaleza que sufre Kur en su historia reciente. Los ataques no se limitaron a recintos religiosos. En la población de Beit Furik, al este de Nablus, las cámaras de videovigilancia de una vivienda familiar captaron el momento en que colonos enmascarados rodeaban el inmueble, lanzaban material inflamable y prendían fuego a parte de la residencia antes de darse a la fuga, dejando a los propios vecinos la tarea de combatir las llamas para evitar una tragedia mortal. A la violencia directa de los grupos de colonos se le ha sumado la respuesta de las fuerzas gubernamentales de Israel. Tras una reunión de urgencia del gabinete de seguridad, el primer ministro Netanyahu ordenó el despliegue inmediato de cinco batallones militares adicionales en Cisjordania y autorizó una "operación antiterrorista intensiva y de gran escala". Por su parte, el ministro de Defensa, Israel Katz, afirmó ayer tarde domingo que las operaciones militares se ampliarán sustancialmente en las próximas semanas. Como resultado de esta orden, la gobernación de Nablus y sus cercanías han sido sometidas a un estricto cerco y bloqueo militar. El cierre tajante de las carreteras y los controles severos han paralizado la vida cotidiana y generado emergencias de extrema gravedad humanitaria. La ONG Médicos por los Derechos Humanos de Israel (PHRI) ha denunciado públicamente que el bloqueo militar de las vías de acceso ha obligado al menos a dos mujeres embarazadas a dar a luz en el interior de ambulancias, al impedírseles el paso hacia centros hospitalarios de referencia. Paralelamente, las fuerzas armadas israelíes han ejecutado redadas masivas. De acuerdo con datos de la Sociedad de Prisioneros Palestinos y la agencia oficial de noticias WAFA, más de 80 residentes de la aldea de Tell fueron apresados y sometidos a interrogatorios agresivos entre el viernes. Ayer se le sumaron una treintena más. No se sabe cuántos de ellos permanecen arrestados al cierre de esta edición. Sí que hay menores entre ellos. WAFA destaca que las redadas se han centrado preferentemente en exprisioneros palestinos. En cambio, hasta el momento, las FDI no han notificado la detención de ningún colono implicado en las agresiones e incendios contra palestinos. A este panorama se suman las represalias estructurales sobre los palestinos de Cisjordania: las autoridades israelíes han procedido al menos a la demolición de una vivienda en construcción en Jalbun (al este de Jenin) y han ordenado el precintado absoluto y la prohibición total de entrada a los familiares de la residencia en Tell donde habitaba el ciudadano palestino implicado en el choque del viernes. Lejos de aplacar los ánimos o imponer moderación, los máximos dirigentes del gabinete de coalición israelí -liderado por el Likud pero sustentado por ultranacionalistas y religiosos- han aprovechado la crisis para impulsar medidas de fondo que consolidan la presencia colonial en la Ribera Occidental. Las decisiones adoptadas en las últimas horas por Netanyahu y sus ministros más radicales confirman un giro político de profundas implicaciones estratégicas. Tras el incidente de Tell, el primer ministro anunció el compromiso para tramitar mediante una "aceleración regulatoria" la legalización de numerosas "granjas agrícolas de explotación" operadas por colonos en los alrededores de Tell. Estas estructuras, conocidas técnicamente como outposts o puestos de avanzada, son en realidad asentamientos informales que carecen de autorización bajo el propio derecho interno israelí, pero que operan tácticamente para apoderarse de tierras palestinas. Se les deja hacer. Ahora, se les quiere elevar a legales (aunque siguen, obviamente, siendo ilegales respecto al derecho internacional, porque supone la ocupación de un suelo reconocido como palestino). Confirmando esta orientación, el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich -uno de os más destacados líderes supremacistas y él mismo residente de un asentamiento-, confirmó que Israel construirá 763 nuevas viviendas en el asentamiento de Eli, ubicado al sur de Nablus, que ya tiene ya cerca de 5.000 residentes. De forma simultánea, la organización israelí Peace Now ha documentado que grupos de colonos erigieron el mismo domingo tres nuevos outposts no autorizados en los alrededores de Tell. La gravedad de esta acción reside en que las tres estructuras se instalaron sobre terrenos calificados como Área B bajo los Acuerdos de Oslo, una zona exenta de poder administrativo israelí. Las declaraciones vertidas por los ministros israelíes han rebasado la retórica política habitual, alcanzando términos que analistas e historiadores califican de incitación directa a la destrucción colectiva. Smotrich, sin ir más lejos, exigió públicamente a Netanyahu permitir el establecimiento de un asentamiento en el puesto de Sela (cerca de Tell), transfiriendo el territorio de Área B a Área C (bajo control militar e israelí total), y declaró de forma explícita que las aldeas palestinas de la zona "deberían quedar con el mismo aspecto de devastación que presentan los campos de refugiados de Nablus y Tulkarem", haciendo referencia a las operaciones de enero de 2025 que HRW determinó que constituyeron crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y limpieza étnica. Itamar Ben Gvir, el titular de Seguridad Nacional, también publicó un mensaje categórico en la red social X (antes Twitter) donde sostuvo: "Las ciudades y aldeas de los asesinos en Cisjordania deben recibir exactamente el mismo trato que recibió Beit Hanoun en Gaza... Por cada judío asesinado, el enemigo debe encajar la pérdida irreparable de sus tierras y sus hogares". Es el mismo político que, hace cuatro días, se presentó en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén con un grupo de más de 3.200 judíos de extrema derecha con motivo de la celebración de la festividad judía de Tisha B'Av. La entrada de fieles judíos para rezar va en contra del llamado status quo en los santos lugares, pero los más radicales fuerzan y entran de forma ocasional porque la zona está aledaña al Muro de las Lamentaciones, donde se ubicaron el Primer y el Segundo Templo judíos, ambos destruidos antes de Cristo. El espacio es el tercer lugar más sagrado para los musulmanes. Ben Gvir -colono también- acudió escoltado por la policía, que a la vez impedía el paso a fieles musulmanes que sí tienen pleno derecho de paso al recinto, administrado por una fundación religiosa jordana. Ante la vertiginosa degradación de la seguridad, las reacciones institucionales y de los organismos internacionales de derechos humanos han alcanzado un tono de máxima alarma. Desde la sede internacional de Human Rights Watch, Sarah Sanbar, investigadora especializada en Israel y Palestina, denuncia la pasividad estatal y advirtió sobre las consecuencias del desamparo jurídico. "El Gobierno israelí no impidió los ataques de los colonos contra la aldea de Tell, por lo que ahora necesita detener de inmediato las represalias y la escalada militar que solo empeorarán drásticamente la situación. Años de anarquía e impunidad casi absoluta ante las agresiones han convertido a Cisjordania en un polvorín a punto de explotar, y se requiere con urgencia una acción internacional decisiva", expone en un comunicado. Desde la perspectiva de la legalidad internacional, HRW recordó que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió en julio de 2024 una opinión consultiva histórica en la que declaró plenamente ilegal la presencia continuada de Israel en los territorios palestinos ocupados, determinando que el régimen impuesto viola las prohibiciones internacionales contra la segregación racial y el apartheid. La CIJ estableció la obligación imperativa de evacuar a la totalidad de los colonos de Cisjordania y Jerusalén Este, garantizar el retorno de los desplazados y proporcionar reparaciones integrales. Por su parte, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, emitió un llamamiento urgente a la comunidad internacional para que intervenga de forma inmediata. Abbas remitió cartas oficiales a jefes de Estado árabes, líderes de países aliados, a la Unión Europea, al secretario general de la Liga Árabe y al presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en busca de calor. En sus misivas, el sucesor de Yasser Arafat subrayó que los sucesos en curso no representan episodios de violencia aislados ni descontrolados, sino que responden a "una política deliberada y sistemática del gobierno israelí para imponer hechos consumados sobre el terreno mediante la aceleración de los asentamientos y el debilitamiento de la ANP, destruyendo definitivamente cualquier posibilidad de concretar la solución de dos Estados". La organización israelí de veteranos militares Breaking the Silence también manifestó este domingo que lo que acontece en la zona no constituye "una escalada casual", sino una estrategia preconcebida en la que "los colonos atacan violentamente a los palestinos sabiendo con total certeza que el ejército israelí acudirá siempre para defenderles a ellos", informa EFE. Los datos estadísticos recopilados por agencias de Naciones Unidas, fuentes de seguridad israelíes y organizaciones no gubernamentales confirman un aumento vertiginoso en el uso de la fuerza y las agresiones coloniales durante el año presente, el 2026. Todo se recrudeció tras el 7-O, bajo la inacción internacional, siempre "profundamente preocupada", pero nada más. Según datos difundidos por la Israeli Army Radio, los ataques cometidos por colonos aumentaron un 63% en el primer semestre de 2026 en comparación con el semestre anterior, registrándose 660 incidentes documentados frente a los 405 contabilizados en la segunda mitad de 2025. Según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), solo entre el 19 y el 24 de julio de 2026 (últimos días analizados), diez palestinos perdieron la vida en Cisjordania. Hasta el 19 de julio, la OCHA contabilizaba 68 palestinos muertos en 2026 (al menos 13 por colonos) y 20 israelíes heridos en el mismo periodo. Se señala, además, que el pico previo de violencia violenta se registró en los meses de marzo y abril de 2026, coincidiendo temporalmente con la guerra mantenida entre EEUU e Israel contra Irán. Mientras el primer ministro Netanyahu viaja hoy mismo a Washington para entrevistarse en la Casa Blanca con el presidente norteamericano, Donald Trump, la población civil de Cisjordania afronta noches de constante angustia y vigilia, como relata la prensa sobre el terreno. Y sin una intervención diplomática capaz de frenar la impunidad en el terreno ni de detener la expansión planificada de los asentamientos a la vista.Armas sin uniforme y asfixia militar
Anexión 'de facto': expansión y radicalización
Balance demoledor