Carapaz gana una monstruosa etapa reina y el Pogacar más solidario culmina la obra de su quinto Tour
El remate fue una jornada infernal, maratoniana en las alturas alpinas, pergeñada para la piel de los escaladores puros. Sepp Kuss lo es, un gregario de lujo, siempre su esfuerzo para el compañero del Visma de turno cuando la carretera se empina. El estadounidense de Durango tenía la gloria entre los dedos. Y tan cerca se quedó de ella como de la fatalidad en una curva en la que sólo la protección y la suerte le evitaron despeñarse por el barranco. Lo aprovechó Richard Carapaz, tanto mérito para él, infatigable, impresionante su Tour con dos victorias de quilates y el maillot de la montaña. [Narración y clasificaciones]
Entre todos, brindaron una etapa extraordinaria, una aventura a la que sólo le faltó el blanco y negro. Alzó los brazos en solitario en la segunda meta consecutiva en el Alpe d'Huez Carapaz; Kuss, magullado, fue la imagen del drama. Y Tadej Pogacar, un campeón solidario, se puso, como avisó, al servicio de Isaac del Toro para abrochar el tercer puesto en el podio de su delfín, derrotado el fenómeno Paul Seixas, que llegó casi tres minutos después junto a Juan Ayuso, valiente desde el arranque, y Skeljmose. El líder, para celebrar su quinto Tour, se pudo haber lanzado a por la etapa como el viernes, pero ni siquiera entró al trapo del demarraje final de Remco Evenepoel: prefirió escoltar a su compañero.
Como colofón del Tour, quedaba una etapa de otra época. "La más dura de la historia", exageró Christian Prudhomme, orgulloso de su invento. Un paseo monstruoso por los Alpes, de cima a cima, a cada cual más mítica e imposible, 5.450 metros de desnivel acumulado. De la Croix de Fer al Col du Telegraphe, del Galibier al Alpe d'Huez, esta vez por la otra vertiente, nueva para la Grande Boucle, el Col de Sarenne. Un ultratrail en bicicleta después de 19 etapas rozando la velocidad media más alta de siempre.
Juan Ayuso es un ciclista de raza. De los que odian la derrota, de los que se rebelan ante ella. Sufriente todo el Tour, abatido finalmente en el Alpe d'Huez hasta caer al séptimo puesto, el español se lamió las heridas y salió a por todas. Un 'all in' desde la misma salida de Le Bourg d'Oisans, con la Croix de Fer como aperitivo. Él hizo la selección, él provocó una escapada que iba a ir adelgazando según se acumulaban los esfuerzos para sólo quedar los mejores. Los que llegarían cinco horas después al destino.
Para propiciar una etapa colosal, con el inmenso Carapaz coronando cada cima (asegurando el maillot de la Montaña), con Mads Pedersen dejando su enésimo alarde para asegurarse la clasificación de la Regularidad que ha honrado con un Tour mayúsculo. Cuando en el Telegraphe los fugados rozaban los cinco minutos de ventaja, el Bahrein de Lenny Martínez reaccionó. Pero Ben Healy, trabajando para Carapaz, sostuvo la puja. Y en el Galibier, Souvenir Henri Desgrange, la cota más alta de todo el Tour, a Pogacar, ya sin compañeros, le tocó reaccionar en primera persona.
Un ataque de Carapaz -¿cuántos ha protagonizado en este Tour?- dejó la escapada en apenas cuatro integrantes, con Ayuso algo descolgado y entrando con Hindley, Kuss (Riccitello perdió toda opción en la bajada). Pero Pogacar, tirando él solo, mostrando un poderío abrumador ("ayudará a Del Toro por el podio", avisó tras su exhibición el viernes en Alpe d'Huez), redujo la distancia en más de minuto y medio antes de la Sarenne.
Pero el triunfo estaba delante. Y se lo iban a jugar Kuss y Carapaz. El ganador de la Vuelta de 2023 lo acarició con su último acelerón antes de coronar Sarenne. Pero, presionado en la bajada, tuvo dos caídas, la segunda espeluznante por lo que pudo haber sido. Un milagro que, sin embargo, le dejó sin la gloria.