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China teje su dominio para convertirse en la mayor potencia marítima del planeta

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“El país que controle los océanos controlará el comercio mundial, las riquezas del mundo y, en última instancia, al mundo mismo”. Seis siglos después de que el corsario, explorador y favorito de la reina Isabel I de Inglaterra, Walter Raleigh, formulara esta máxima geoestratégica, el presidente chino, Xi Jinping, la ha hecho suya y ha convertido el dominio marítimo en una prioridad absoluta para China. Una hegemonía que Pekín pretende alcanzar a través de la tecnología y el control de los principales puertos del planeta.

La Asamblea Nacional Popular ratificó la apuesta por el dominio de los mares en marzo con la aprobación del XV Plan Quinquenal (2026-2030) para el desarrollo económico. Este documento recoge la iniciativa de Pekín de fomentar la economía marítima al definirla como una industria estratégica, lo que significa que contará con ayudas estatales y la implicación de los sectores tecnológicos necesarios para que tenga éxito.

El envite es lógico en la medida que China moviliza el 95% de su comercio internacional por mar, lo que la consolida como la principal potencia en tráfico marítimo. Lidera todos los rankings mundiales en volumen de transportes, construcción naval y propiedad de instalaciones portuarias. No obstante, el riesgo de bloqueo en el estrecho de Ormuz ha impulsado a Pekín a acelerar sus planes.

En los últimos meses, distintos organismos, como el Ministerio de Transportes y la poderosa Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, han confirmado que China aspira a que sus grandes puertos operen antes de 2030 como sistemas integrales gobernados por inteligencia artificial y no como meras terminales automatizadas. Un paso tecnológico clave en la ambición de Pekín de convertirse en la mayor potencia marítima del planeta.

Los datos confirman sus pretensiones. El último (CPPI), elaborado por el Banco Mundial y S&P Global Market Intelligence para medir la eficiencia operativa portuaria, evidencia el creciente dominio marítimo del gigante asiático. Seis de los diez puertos más eficaces del mundo son chinos, gracias a sus procesos de tecnificación y digitalización. A ello se suma que el país cuenta con más de 2.000 puertos menores, cerca de 130 abiertos al comercio exterior, y la mitad de los 20 principales puertos del mundo por volumen de TEUs facturados, con Shanghái en el primer puesto.

Para extender su influencia a través de los mares, China cuenta con los poderosos conglomerados estatales COSCO Shipping Ports y China Merchants Port Holdings. A través de ellos, Pekín dispone de una vasta red de control en numerosas terminales marítimas que los gobiernos occidentales privatizaron en su día. Actualmente, sus empresas gestionan más de 100 terminales estratégicas en unos 50 países. Una presencia que diversos análisis de inteligencia marítima occidental elevan hasta 168 puertos en 90 países, si se contabilizan participaciones accionariales minoritarias y acuerdos preferenciales de atraque.

Para implementar esta estrategia, China ha realizado un esfuerzo inversor colosal. En las últimas dos décadas ha desembolsado más de 24.000 millones de dólares en créditos y proyectos de desarrollo portuario, según el instituto AidData. Una cifra que otros registros, como el , elevan hasta los 40.000 millones de dólares al contabilizar las adquisiciones directas de sus multinacionales. Esta influencia va desde el control del puerto El Pireo en Atenas, hasta el nuevo megapuerto de Chancay en Perú, una obra de 3.600 millones de dólares que conecta América del Sur con Shanghái.

Terminales en Barcelona, Valencia y Bilbao

Un mapa de poder en el que también está España. A través de CSP Spain, COSCO controla las principales terminales de contenedores de los puertos de Valencia y Bilbao, así como los puertos secos y centros logísticos ferroviarios de Madrid y Zaragoza que conectan ambos hubs con el interior de la península. En la costa mediterránea destaca también la gestión de la terminal BEST del puerto de Barcelona por Hutchison Ports de Hong Kong, considerada una de las infraestructuras semiautomatizadas más eficientes y avanzadas del Mediterráneo.

La clave de este dominio está, sin embargo, en la tecnología. Todo pasa por la plataforma de datos logísticos Logink, controlada por el Ministerio de Transportes. Nacida como un proyecto público provincial para rastrear camiones, Logink se ha convertido en el auténtico cerebro digital de la red marítima mundial. La plataforma unifica e intercambia en tiempo real la información de buques, cargas, aduanas, camiones y almacenes de manera gratuita para todos los puertos que la adoptan.

A cambio de esta eficiencia digital, Pekín obtiene una radiografía exacta y en tiempo real de los flujos de mercancías de todo el planeta. Ningún otro gobierno del mundo dispone de una ventana de inteligencia comercial tan potente. Los funcionarios chinos saben en todo momento qué se mueve, quién lo mueve y hacia dónde va, mucho antes de que el barco llegue a su destino.

Esta red de información portuaria desarrolla una doble función vital para China. Por un lado, le garantiza la entrada de materias primas indispensables para alimentar su enorme conglomerado industrial, como el litio, cobalto, soja o petróleo. Por otra parte, asegura que las exportaciones de sus productos de alto valor añadido —desde paneles solares hasta vehículos eléctricos— fluyan hacia los mercados globales sin depender de intermediarios extranjeros. Es el blindaje perfecto frente a posibles sanciones o bloqueos occidentales.

Junto al control de los muelles y la tecnología, la industria naval es la tercera clave que convierte a China en superpotencia marítima. Sus astilleros concentran el 55% de la construcción naval mundial y el 60% de cartera de nuevos pedidos globales, según la UNCTAD. Un músculo industrial que la ha convertido en la primera potencia naval militar por número de buques, superando a Estados Unidos con una flota de más de 370 barcos de guerra.

En definitiva, sumar el dominio en astilleros, muelles y software, proporciona a Pekín una ventaja que trasciende lo comercial. China consolida así una red de influencia global para hacer realidad la máxima que Xi Jinping lanzó en 2013: quien domina los mares dicta las reglas de la riqueza y el poder mundial.