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Cristina Llanos rompe 10 años de silencio: "Dover es lo único que ha merecido la pena en mi vida, me salvó en el último momento"

· Culture

Son las 10.30, la hora fijada, y hace ya minutos que Cristina Llanos (Madrid, 1975) espera. Ha pasado la noche en vela precisamente para mantener esa puntualidad. «Así estaba segura de que llegaba y no te hacía esperar», explica sin perder de vista lo que le rodea. Mientras posa para las fotos, observa. Mientras la entrevista se está grabando, observa. Y, cuando una hora y media más tarde se despide, aún sigue observando. Como quien pretende controlar hasta el más mínimo movimiento de su entorno.

Hace más de una década que la cantante de Dover se retiró de la vida pública, tras la disolución de la banda que montó con su hermana Amparo. Son esos mismos 10 años los que lleva sin conceder una entrevista quien pusiera voz a uno de los fenómenos más inesperados de la música de este país. Las Llanos vendieron en 1995 500 ejemplares de su primer disco, Sister. Dos años después, con el sello independiente Subterfuge, vendieron 600.000 de Devil Came To Me, su segundo álbum, y fundaron un fenómeno que sacudió la vida cultural de los últimos 90 y los primeros 2000. Y, poco después, llegó el silencio que hoy se acaba.


La cantante acaba de publicar La noche cayó y ya nadie puede salvarme (La Esfera de los Libros), el diario de una vida que se ha roto tantas veces que parece imposible. Está el maltrato de su padre –que recibieron ella y sus cuatro hermanos–; la agresión sexual que sufrió siendo una adolescente; la muerte por una paliza de su hermano adicto, y también las depresiones, la fibromialgia, la pérdida de la voz, el consumo de pastillas, los pensamientos suicidas, sus posicionamientos políticos... Descarnado y directo. «No acabo de tener claro del todo por qué he escrito este libro, tampoco le he dado muchas vueltas porque no me quiero liar en paranoias analíticas. Creo que va en mi personalidad». Se frena y vuelve. «Si mantienes las cosas enterradas, en algún momento de tu vida vas a querer desenterrarlas. Y yo siempre paso de todo a nada. Y esta entrevista la hago porque, ya que se va a hablar del libro, mejor lo cuento yo. Si dejo todo en manos de los periodistas hay cosas que se pueden malinterpretar. Y, además, me he dado cuenta de que no era para tanto».

¿Hay algo en este libro de recuperar su voz y de que sepamos quién es realmente Cristina Llanos?
No lo había pensado así, pero puede que sea eso. Efectivamente, es una manera de recuperar mi voz, notaba la necesidad de decir 'estoy aquí y me ha pasado esto, escuchadme'. Eso me pasaba también con Dover. Es un rasgo de mi personalidad. Lo puedo tener 10 años apagado, pero si lo quiero sacar, lo puedo sacar.
¿Dover fue una vía de desahogo para usted?
Mi recuerdo es que yo iba a cantar esas canciones de pena ante 5.000 o 10.000 personas que me las cantaban de vuelta y era un bálsamo esa conexión con gente que no conoces de nada. Cuando empecé a notar que me fallaba la voz, pensé que se estaba acabando la forma más natural que tenía yo de hacer catarsis. Dover es lo que ha merecido la pena en mi vida. Así lo creo. He tenido mala suerte en algunas cosas, pero esto sí mereció la pena. Incluso los últimos cinco años, que fueron tristes y estresantes, tampoco los borraría. Era estimulante para mí estar en Dover. Aunque yo sabía que probablemente sería la primera en irme. Mi vida personal ya se había desmoronado, yo lo viví desde el principio como un milagro maravilloso que me distrajo de mis demonios. Que, por un lado, es bueno y, por otro, te llegas a creer que no los tienes. Pero están ahí esperándote y antes o después van a salir. Yo a esa edad no tenía ni conciencia ni herramientas para darme cuenta de por qué hacía las cosas, por qué reaccionaba como reaccionaba, por qué sufría tanto. A mí Dover me salvó en el último momento, eso es así.
¿Echa de menos la música y estar en la banda con su hermana?
Curiosamente, no, pero no sé si me engaño a mí misma. La música requiere ir a un local de ensayo, aprenderte las canciones, ensayar, irte de gira... Y la salud no nos da ni a mi hermana ni a mí. Sí reconozco que sentí vértigo las dos primeras semanas de acabarse Dover, pero nunca pensé que no debía haberlo dejado. Todo pasa por algo. No seguir y haber tenido que ir al psicólogo por pura desesperación cambiaron cosas en mis propias dinámicas y en las que tenía con los demás, lo que hizo que dejarlo casi mereciera la pena. La dopamina es una anestesia, pero los demonios siempre están ahí y aparecen en mitad de todo. Yo aparecía en un disco con un peso, al siguiente con 30 kilos más y luego con 40 menos. Eso no pasa porque sí, eran formas de intentar tener control y descontrolarme. Si mi relato sirve para que alguien piense en lo que supone tener anorexia, me sirve. Yo a través de mi hermana he recibido muchos mensajes de mujeres, pero creo que esto va a estar siempre. Soy poco optimista porque habría que desmontar el patriarcado desde cero y eso no lo veo posible.
En el libro usted se define como una feminista radical.
A estas alturas de mi vida, es muy liberador para una mujer no engañarse sobre lo que tiene que ver con los hombres, con respecto a ti y con respecto a ellos. Yo no odio a los hombres, odio a los hombres que son odiosos, pero sí que es verdad que a desde niñas nos enseñan que lo más importante es encontrar un maromo. Si no les das importancia, te vas a ahorrar mucho tiempo perdido. Todas llegamos a una edad en la que, estando soltera, piensas que podrías haberte ahorrado a este, al otro, al otro. Porque ya no tienes paciencia para las tonterías de los maromos. En realidad, sí les odio, pero poco.

¿Ese odio nace tras sufrir una agresión sexual siendo una adolescente? ¿Esa situación marcó su vida?
A mí se me hizo un barullo salvaje en la cabeza y no fui capaz de entender nada. Sabía lo que había pasado, pero pensaba que había sido yo, que eso era tener un encuentro sexual y que además le había sonreído. Yo todavía oigo hoy ese discurso y me hace mucho daño porque me crea ansiedad y eso me lleva a tener un comportamiento más compulsivo. Repíteme la pregunta, por favor.
Le preguntaba si esa agresión fue lo que marcó su vida. Me refiero a la construcción de la mujer que es y también en la forma de relacionarse ya sea personalmente, sexualmente...
Influye sobre todo si te lo guardas y no vas al psicólogo porque a esa edad y en casa de mis padres no se llevaba el psicólogo. Una agresión sexual te marca, te estropea y tú no eres la persona que se supone que ibas a ser. Eres otra. Yo tenía desconfianza y miedo en un momento en que sí tenía interés en los maromos. Tenía miedo, solo estaba con hombres a los que conocía de algo. Hay un componente muy muy fuerte de vergüenza, incluso cuando de mayor sabes que no es culpa tuya, sientes vergüenza. Es la hostia eso. A mí la fuerza para hablar de todo esto me la ha dado la edad. Yo me puse a aprender a escribir por mi cuenta y me di cuenta, cuando volví a la casa grande [la casa de sus padres], de que no iba a conseguir nada hasta que escribiera mi propia vida. La edad para bien y para mal te trae el pasado. A mí me trajo lo malo, pensar que no quería volver a todo esto, pero también me acordé de lo feliz que me hacía Michael Jackson. Ahora estoy empezando a recuperar las cosas buenas de la infancia y la adolescencia. Creo que es mi forma de curar la herida infantil.
Vuelvo a lo que le preguntaba de inicio, ¿ahí también hay una intención de que conozcamos a la persona que se escondía tras la cantante de Dover?
Evidentemente había una necesidad de decir 'esta soy yo'. Aunque al principio acojona, hay algo liberador ahí. Todo el mundo sabe ya lo que soy y me he quitado ese cansancio continuo de hacer como que soy otra. Yo de Dover recuerdo que disimulaba mucho para parecer normal. Al principio del éxito lo pensaba mucho, que no sabían que yo no era normal. Después de este libro, el chico que nos hizo las luces en la gira de Devil Come To Me, Arturo, que le tengo mucho cariño, me escribió para decirme que entendía muchas cosas que pasaban esos años. Y yo me quedé pensando a qué se refería. Como no hablara de la rabia que sacaba en el escenario...
¿El escenario fue su lugar para expulsar la rabia de su vida?
Clarísimamente, por eso sufrí cuando empecé a no poder rasgar la voz, eso me costó aceptarlo mucho.

"Me da vergüenza decir que pienso a menudo en el suicidio, pero es que hay veces que la vida deja de tener sentido"

El relato familiar aquí es muy importante. Usted no solo no pudo decirlo en casa, sino que cuenta que cuando llegó estaba sola con su padre y le pegó por llegar tarde. ¿Qué importancia tiene poder compartir una experiencia así?
No todo el mundo es igual de fuerte ni tiene la misma situación en su casa. Yo lo he contado ahora porque hay una distancia, pero hacerlo en el momento es mucho más difícil. Aunque ahora es mejor, seguro. La Policía es mejor, las preguntas son más cuidadosas, pero entiendo perfectamente a quien no lo cuenta. Claro que contarlo es lo ideal. Bueno, lo ideal sería que no pasara, pero si pasa lo mejor es contarlo. Pero yo recuerdo lo que pasaba en mi cabeza y tristemente me sentía mejor cuando negaba haberlo sufrido. Recuerdo estar muy perdida y no me atrevo a decirle a ninguna mujer que tiene que contarlo. Una agresión sexual es como si te cayera una bomba en la cabeza y creo que quien no lo ha sufrido no llega a entender lo que se vive.
En sus diarios expone cómo su padre les maltrataba a usted y a sus hermanos, cómo tenía ataques de ira, cómo reaccionó el día de la agresión... Y, sin embargo, cuando se murió muestra en su relato una cierta compasión hacia él.
Yo me despedí de mi padre queriéndole muchísimo. De joven me preocupaba que en ese momento no fuera a sentir gran cosa. Eso me asustaba, pero no sentí más que amor. Ese día le di un beso, le pedí perdón y también le perdoné. Tanto mi padre como mi madre tuvieron una enfermedad, demencia y Alzheimer, y cuando los ves en una situación tan vulnerable, tienes que cuidarlos porque son casi unos niños. A veces me encabrono por cómo se portó con mi hermano, no tenía por qué haber sido así, pero mi hermano también le perdonó y con eso me quedo.
La muerte de su hermano es el último gran hecho traumático de esta historia. Era adicto, llevaban 20 años sin tener relación y la llama la policía para decirle que se lo han encontrado muerto tras recibir una paliza en una chabola. ¿Qué le produce aún hoy esa situación?
Él está muy presente en mi vida, tengo la foto de cuando era pequeño en la ventana y la veo todo el tiempo. No podía parar de decirle que nunca había dejado de quererle aunque sintiera rechazo y miedo a las situaciones que se creaban con él. Cuando me enteré de lo que había pasado, realmente me doblé hacia delante, sentí como si me estuvieran apuñalando.
Por las circunstancias y por el momento, en una vida llena de hechos duros, ¿ese es el más duro de todos?
Sí, es el más duro porque el daño que te hacen a ti te lo llevas y lo escondes o no, pero el daño a un ser querido es irreversible. Yo le había visto crecer, sabía lo que le pasaba, cómo se había comportado mi padre con él... Es muy doloroso ver que a tu hermano le han partido la cara y le han dejado en el suelo muriéndose. Eso se me metía en la cabeza y tengo que ponerme a hacer cualquier cosa para no pensarlo. No pude estar allí para defenderle. El primer año de su muerte pensaba que si hubiera estado allí, me habría puesto delante aunque me mataran a mí. Yo no tenía otra cosa más que amor por mi hermano, hubiera dado cualquier cosa por salvarlo.

En el extremo opuesto de su historia familiar, está su hermana Amparo. Con ella monta Dover, con ella ha pasado su vida... ¿Qué importancia tiene ella aún hoy en su vida?
Hace poco estábamos las dos en un avión para irnos de viaje y le dije: 'Amparo, yo si tú te mueres, me muero'. Yo lo pienso, ¿qué hago yo aquí sin mi hermana Amparo? No tengo hijos, no tengo pareja y si me quitas a mi hermana, mi vida no tiene sentido. Ella es mi madrina y siempre se comportó como tal. Me cuidaba, me ayudaba y trabajaba como una cabrona. Si en los primeros años de Dover, hasta dormíamos juntas cuando viajábamos. Yo no me imagino la vida sin ella, ya me las apañaré para morirme antes que ella.
Usted en su libro habla en varios momentos de que se hubiera quitado la vida y que no lo hizo por falta de coraje. ¿Cómo se siente al verlo ahí escrito?
No hace mucho de eso, entré en una fase en la que no podía ni estar en mi casa por la ansiedad. Salía corriendo a la calle, dejando la puerta casi abierta, y por casualidad me encontraba con mi hermana. Para mí eso es muy raro porque nada me gusta más que estar en mi casa. Eso es un abismo que hostia... Y aún está ahí. Reconozco que me da cierta vergüenza decir que pienso a menudo en el suicidio, pero es que hay veces que la vida deja de tener sentido. Y entonces, ¿qué haces? Obviamente es mejor resistir porque lo lógico es que vuelva a haber un momento de paz. Te reconozco también que yo siento el suicidio como un cobijo, soy de esas personas. Si no puedo más, aquí están las pastillas. Me las tomo y ya está.
Me impresiona la tranquilidad con la que lo dice.
Es que tu propio sistema se pone a pensarlo a la vez que estás haciendo otras cosas. Desde el inconsciente, supongo. Vamos a ver, si se muriera mi hermana Amparo, no sería lo mismo. Una cosa es un suicidio porque yo no me encuentro, porque ha descarrilado la vida y no soy capaz de sobrevivir como una persona adulta. Ese sería mucho más doloroso.
Desde que se publicó su libro, hay dos asuntos que han sido bastante polémicos. El primero es su defensa al Estado de Israel en la guerra de Gaza.
Yo no me he enterado de mucho porque no uso redes sociales, pero soy muy consciente de que a día de hoy hay una regla moral colectiva que hay que cumplir, que es odiar a Israel. Yo creo que se está siendo injusto. Nada más crearse el Estado de Israel, hubo una guerra en la que les atacaron para echarles fuera; luego llegaron la Guerra de los Seis Días, el Yom Kippur y las dos intifadas. Por supuesto que Israel ha hecho cosas mal y a mí la parte más extremista del Gobierno de Netanyahu me repugna. Pero si para alguien la palabra sionista es un insulto, es que no sabe de lo que está hablando.

"Una agresión sexual es como si te cayera una bomba en la cabeza, yo tristemente me sentía mejor cuando negaba haberla sufrido"

No creo que la crítica sea contra los judíos, sino contra la respuesta desmedida del Gobierno de Netanyahu contra los civiles de Gaza.
Yo creo que hay un empeño para ponernos todos en contra de Israel de una manera salvaje. Israel tardó tres semanas en reaccionar al atentado del 7 de octubre y Egipto se negó a abrir la península del Sinaí para acoger a los palestinos. Jordania tampoco abrió la frontera. A mí esto me cabrea porque antes de hablar hay que conocer la Historia. Los países árabes colindantes no han querido acoger a los palestinos y se ha instalado una paranoia colectiva en la que Israel es lo peor. Eso va a costar décadas deshacerlo.
El segundo asunto es la Ley Trans de la que usted dice que cualquier "mínima crítica" la usan "los inquisidores" para "intentar quemarte en la hoguera" y que supone un peligro para la seguridad de las mujeres. ¿En qué considera que hay peligro?
Por ejemplo, en los vestuarios, los baños y en los lugares seguros para las mujeres. O en las Olimpiadas, donde aparece un maromo diciendo que es una mujer y puede competir. Pero, sobre todo, me refiero a las personas de género fluido. Ser mujer no es un sentimiento, es una realidad biológica que implica una serie de consecuencias desde que naces. ¿Tú quieres ser mujer? Haz lo que quieras o puedas para sentirte bien. A las personas de género fluido que un día se sienten mujeres les pediría que no invadan el baño de mujeres porque deja de ser un lugar seguro para nosotras. Lo que digo es que si haces toda una ley, haz baños para esas personas porque no sé por qué tengo que fiarme yo de que no pueda entrar un psicópata y que pasen cosas como hemos visto en otros países.
La posibilidad de que entre un psicópata estaría igual sobre la mesa sin la Ley Trans porque la psicópata puede ser una mujer y tener acceso a ese lugar.
Lo que yo digo es que una ley no se puede basar en que no vaya a suceder lo peor o en que si te violan, te ha tocado la china. Yo pido que tengan sus propios baños porque hay muchos hombres trans que tampoco entran en los baños de hombres. ¿Por qué? Porque tienen miedo a los hombres. Lo que me molesta es que lograr los derechos plenos de las mujeres siempre puede esperar, siempre hay alguien que va por delante. Yo quiero que la gente trans viva lo mejor posible, pero no voy a aceptar que digan que yo soy una mujer cis. Yo soy una mujer, desde que nací hasta que me muera, lleve el pelo corto o tenga las tetas pequeñas. He sufrido por serlo y no le consiento a nadie que me diga que soy una privilegiada por ser blanca y nacer en mi sexo. Yo la disforia la entiendo perfectamente, nunca he sufrido disforia de género, pero sé lo que es odiar tu cuerpo y sentirte incómoda en tu piel.
Después de repasar toda su vida, la última pregunta es si usted sigue cantando.
En los primeros años después de romper Dover no podía ni ver a alguien cantando en la tele, se me ponía un nudo en la garganta, pero ahora disfruto de cantar en mi casa o por la calle con los cascos. A veces desafino como un perro, pero me da igual.