Cuba se resiste a una posible intervención de EEUU y presenta 176 medidas anticrisis en tiempo récord para "cambiar lo que haya que cambiar"
Las autoridades cubanas han presentado y aprobado en un tiempo récord, apenas una semana, el mayor paquete de reformas económicas en al menos 15 años. Este centenar de medidas se presenta como la forma de confrontar la profunda crisis que sufre la isla y las exigencias de Washington.
En solo siete días, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha anunciado por sorpresa las medidas que el pleno del Comité Central del Partido Comunista (PCC, único legal) ha respaldó y una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP, legislativo unicameral) las ratifica.
"La realidad nos impone cambios urgentes y necesarios. Y cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del PCC de Cuba y del Gobierno revolucionario no es explicar mejor la crisis; sino, cambiar lo que haya que cambiar para salir de ella", ha afirmado ante el Comité Central.
Asimismo, Díaz-Canel ha asegurado este jueves que Cuba "vive las horas más difíciles de este siglo" y que "es tiempo de cambiar todo lo que tiene ser cambiado", un momento histórico que "exige transformar". "¡Cuba cambia para levantarse! ¡Cuba cambia para vivir mejor! ¡Cuba cambia para seguir siendo libre!", exclamó para cerrar su discurso. Estas frases no son fruto de la espontaneidad. Tal como reza El País, hacen referencia a algunas de las alusiones que dictó Fidel Castro durante un discurso en el año 2000.
Este plan supone un antes y un después en el sistema económico estatista y centralizado de Cuba, al buscar abrir y descentralizar una economía exhausta y paralizada por factores internos y, especialmente en los últimos seis meses, por la política de máxima presión de Estados Unidos.
Aunque también desde la presidencia de Raúl Castro (2008-2018) el Gobierno cubano había hecho planteamientos y anuncios reformistas que posteriormente no se aplicaron, se rebajaron en su alcance o quedaron trabados en gran medida en una maraña burocrática.
Es difícil prever las consecuencias de estos movimientos. Algunos analistas apuntan hacia un escenario en línea con las transformaciones de sistemas como el chino y el vietnamita, mientras otros advierten sobre la posibilidad de que la isla se oriente más hacia un régimen económico como el ruso.
Las históricas reformas
Aunque el gobierno cubano mantiene estas medidas en un profundo hermetismo, van de la entrada en el sector turístico de "nuevos actores" en "nuevas modalidades" al fomento de la inversión extranjera directa (especialmente para cubanos no residentes), pasando por medidas para ampliar el papel del sector privado.
También contemplan cambios que llevarían a dinamizar la agricultura, el comercio exterior y el sector inmobiliario, además de descentralizar la toma de decisiones y dotar de una mayor "autonomía" a empresas estatales y municipios.
Asimismo, se busca acabar con las graves distorsiones del sistema monetario (con dos monedas, tres tipos de cambio oficiales y una tasa informal dominante), ajustar el sistema tributario e incluso acabar con los subsidios universales a productos básicos (para ir hacia los subsidios a personas, solo para colectivos vulnerables).
El primer ministro, Manuel Marrero, ha defendido las iniciativas ante el parlamento cubano. Ha hablado de "medidas de impacto estratégico" que en absoluto pervierten el carácter socialista del sistema económico cubano, sino que son "condición para su preservación".
Más reformas
Éstas, además, no seran las últimas reformas que se introducirán desde La Habana. Como ha revelado Efe, Díaz-Canel ha puesto en marcha un grupo de expertos (que incluye economistas no oficialistas y críticos) para que planteen nuevas medidas más allá de las ya aprobadas.
Díaz-Canel ha reconocido que el paquete de medidas no constituyen "ideas nuevas", se plantearon años atrás pero no se implementaron, lo que fue un "error". "Cuba no necesita más dilaciones, necesita soluciones. No se trata de crear más oficinas ni de multiplicar reuniones, sino de lograr resultados concretos", subrayó.
Estos cambios económicos pueden servir a la vez dos objetivos: atajar la grave crisis estructural que sufre la isla, que ha registrado una contracción sostenida en los últimos seis años.
Máxima tensión
Además, en un ambiente de máxima tensión, La Habana busca calmar la presión de Washington, que exige cambios políticos y económicos profundos en la isla y, según fuentes cubanas, ha llegado a amenazar con una intervención militar para lograrlo.
Desde enero Washington ha impedido casi totalmente la entrada de petróleo y derivados en Cuba y ha provocado una desbandada de empresas internacionales que operaban en la isla (hoteleras, navieras, aerolíneas y bancos) por miedo a sufrir la última ronda de sanciones secundarias.
Asimismo, la situación interna es crítica: la producción agrícola e industrial se ha derrumbado, la generación energética está colapsando, los precios se multiplican, las distorsiones macroeconómicas se enquistan, el peso se deprecia de forma acelerada, y el sistema bancario y el Estado cubano están descapitalizados.
El deterioro de la calidad de vida, progresivo en los últimos años y acelerado desde enero, tras el bloqueo petrolero y las sanciones de presión máxima adicionales aplicadas por el Gobierno de Estados Unidos está alentando inusuales protestas en la isla (pequeñas y pacíficas, pero cada vez más frecuentes), donde se tocan cazuelas y se quema la basura acumulada en las calles.