Dimisión bomba en el Pentágono: el secretario del Ejército de EEUU da un portazo tras meses de pelea con Hegseth
En momentos de crisis, léase de guerras abiertas, la defensa de un país debería ser un monolito, una piedra sólida y sin fisuras. No es el caso de Estados Unidos, la mayor potencia militar del mundo, que mientras ataca Irán pierde altos cargos por peleas internas, purgas y escándalos. El resultado es una crisis institucional y de liderazgo como no se ha visto en los últimos tiempos.
La última quiebra ha sido la marcha del secretario del Ejército, Dan Driscoll, que ha presentado formalmente su dimisión al presidente estadounidense, Donald Trump, esta madrugada. Esta abrupta salida, que dejará a la institución castrense en una situación de vulnerabilidad administrativa sin precedentes recientes, es el resultado directo de meses de fricciones insostenibles y tensiones constantes con el secretario de Defensa (o de Guerra, como lo rebautizó el trumpismo), Pete Hegseth.
El foco central del conflicto, que ha terminado por fracturar irremediablemente la cúpula de Defensa, radica en las profundas discrepancias sobre los últimos cambios impuestos en el liderazgo y la dirección estratégica de la agencia militar, una gestión en la que Driscoll y Hegseth han chocado "a diario", informa la CNN.
La noticia de este cese voluntario ha sido adelantada inicialmente por el diario estadounidense The Wall Street Journal marcando un punto de inflexión crítico en la gestión de las Fuerzas Armadas bajo la actual administración republicana. Según las proyecciones y datos manejados por el rotativo financiero, se espera que Driscoll haga efectiva su salida de manera inminente y abandone físicamente las instalaciones del Pentágono "en los próximos días".
Profunda preocupación y vacío de poder
La consecuencia más inmediata, tangible y alarmante de este movimiento tectónico es el grave vacío de poder que se genera en la cima del organigrama militar. Con la inminente marcha de Driscoll, el Ejército de los EEUU pasará a enfrentarse a un escenario de enorme incertidumbre operativa: la rama terrestre de las Fuerzas Armadas carecerá por completo de líderes, tanto en el ámbito civil como en el estrictamente militar, que cuenten con la preceptiva confirmación oficial por parte del Senado, un requisito fundamental para garantizar la estabilidad y la cadena de mando de la institución.
Las razones detrás de este divorcio son profundas y apuntan directamente a la gestión interna de los recursos humanos y los objetivos estratégicos a largo plazo. De acuerdo con informaciones reveladas por la cadena Fox News, que cita a fuentes con conocimiento directo y pormenorizado del asunto, el dimisionario Driscoll ya había elevado previamente sus severas quejas a las más altas instancias del Gobierno de Trump. En sus comunicaciones internas, el secretario saliente expresó una profunda preocupación por la forma en que se estaba llevando a cabo la transformación y la disposición de las tropas del Ejército.
En la visión profesional de Driscoll, las decisiones adoptadas por Hegseth -que llegó al cargo sin experiencia política, siendo como era antiguo presentador de la Fox- estaban perjudicando gravemente esos cometidos fundamentales para la seguridad nacional. El punto de fricción más crítico, y que presuntamente habría colmado la paciencia del secretario del Ejército, fue la agresiva política de destituciones impulsada por el secretario de Guerra. El alto cargo saliente consideraba, específicamente, que Hegseth estaba despidiendo de manera lesiva a los generales que eran los máximos responsables de mantener la preparación operativa de las fuerzas.
Esta controversia sobre los movimientos en los altos mandos militares tiene nombres y apellidos concretos. En fechas recientes, la estrategia de Pete Hegseth se tradujo en la destitución fulminante de figuras de enorme peso dentro de la estructura. Entre los apartados de sus cargos se encuentran el general Christopher Donahue y el general Randy George. A estas significativas salidas se sumó también la del antiguo vicedirector del Ejército, James Mingus.
Lejos de buscar reemplazos individuales y específicos para cada una de estas vitales posiciones de responsabilidad, el secretario de Guerra optó por una controvertida consolidación del poder jerárquico. Según la prensa norteamericana, Hegseth decidió cubrir los puestos y las extensas funciones de estos dos últimos oficiales delegándolas por completo en un solo militar de alto rango, el general Christopher LaNeve, concentrando así una inmensa carga operativa en un único mando.
La semana pasada, publica The Atlantic, Driscoll tuvo una reunión en persona con Trump, en la Casa Blanca, y según una fuente el mandatario se sorprendió cuando le informó "de la cantidad de generales y otros altos mandos que habían sido despedidos, apartados o ignorados para ascensos durante el mandato de Hegseth". Driscoll argumentó que el Ejército no podía transformarse como debía debido a la marcha de tantos pesos pesados. Entonces, el magnate "expresó su preocupación por los drásticos recortes en la cúpula del Ejército". Driscoll ya le dijo que, dadas las circunstancias, se marcharía. Hoy lo ha formalizado.
"Énfasis en la preparación y letalidad"
A pesar de la evidente fractura interna y de las durísimas críticas subyacentes que han motivado esta dimisión, la respuesta pública de la Casa Blanca ha buscado mantener un tono de estricta diplomacia y de reconocimiento institucional hacia la figura del dimisionario. Anna Kelly, actuando como portavoz del Ejecutivo, se dirigió a los medios de comunicación para poner en valor el legado del funcionario saliente, tratando de suavizar el impacto del cisma. En sus declaraciones oficiales, Kelly destacó de manera específica el trabajo desempeñado por Dan Driscoll en lo que calificó textualmente como "operaciones militares históricas".
Asimismo, la portavoz gubernamental quiso subrayar ante la prensa el constante "énfasis en la preparación y letalidad" que caracterizó el mandato de Driscoll al frente del Ejército, revelando además como un mérito destacado su importante papel y su participación directa en las delicadas negociaciones mantenidas entre Rusia y Ucrania.
Se pierde, pues, a una pieza importante para las entretelas de un conflicto viejo de cinco años casi, estancado y que afronta un nuevo otoño de ataques rusos a infraestructuras esenciales ucranianas. Además, por supuesto, sigue de fondo el conflicto con Irán, retomado por el fracaso de las negociaciones de paz, y se multiplican las informaciones sobre la falta de armamento norteamericano, que ha quemado misiles por encima de sus posibilidades.
Sin embargo, la crisis institucional no parece limitarse a una única salida en solitario, sino que amenaza con convertirse en un éxodo de talento y liderazgo directivo en áreas críticas de la Defensa estadounidense. El propio Journal indicó en su minucioso reporte que el Pentágono sufrirá una segunda baja de muy alto perfil esta misma semana. Se trata de Dave Fitzgerald, quien hasta el momento se ha venido desempeñando como vicesecretario interino del Ejército. La partida de Fitzgerald supone un duro revés paralelo para los planes estratégicos de la agencia, ya que su labor principal estaba estrechamente enfocada en una misión vital para el futuro del país: la atracción y gestión de inversiones privadas destinadas a modernizar la tecnología del área de Defensa.
Mientras la noticia de este cisma genera réplicas y debates en los pasillos políticos de Washington, persisten varias incógnitas fundamentales que mantienen en vilo al estamento militar. Hasta la publicación de estos informes, no ha quedado en absoluto claro si la Casa Blanca ya ha procedido a aceptar formalmente la carta de dimisión presentada por Driscoll, un trámite indispensable para oficializar su salida.
La administración no ha ofrecido todavía ningún tipo de indicio, pista o nombre sobre quién podría ser la persona elegida para reemplazarlo y asumir el colosal reto de liderar un Ejército que, en estos momentos, navega por aguas de profunda división interna.