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El comisario asesor de Cospedal declara como acusado en Kitchen: “Intentar medrar no es delito”

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El comisario Andrés Gómez Gordo, suspendido de sus funciones por el procesamiento en el caso Kitchen, ha cerrado este miércoles su declaración con una frase que resume su carrera como policía: “Intentar medrar no es delito”. El agente no ha aludido a que para progresar haya tenido necesariamente que delinquir, pero se da la circunstancia de que se sienta en el banquillo de los acusados por la presunta comisión de los delitos de encubrimiento, malversación y dos delitos contra la intimidad.

Gómez Gordo, además, tiene antecedentes por haber utilizado su posición de funcionario público, en concreto de policía, para propulsarse a otros destinos y ya en instalado en ellos delinquir: está condenado por la Audiencia de Madrid a tres años y medio por prevaricación en concurso con malversación por el caso Ciudad de la Justicia, proyecto fallido del PP madrileño para el que fue elegido jefe de seguridad a razón de 6.000 euros mensuales y 100.000 de indemnización. En Kitchen es defendido por el despacho de abogados que defiende a Víctor de Aldama y Julio Iglesias.

La afirmación “intentar medrar no es delito” fue pronunciada por Andrés Gómez Gordo cuando su abogada le preguntó por los intercambios de mensajes con el secretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez, impropios de un jefe de Vigilancias de la UDEF, con un número dos de Interior. Gómez Gordo negó que la información que intercambió con el secretario de Estado sobre la operación Kitchen demostraran su implicación en el operativo ilegal y que respondían a esa intención de “medrar” con el político.

Los miembros de la brigada política del PP fueron recompensados con destinos 'dorados' y medallas pensionadas. El caso de Gómez Gordo es paradigmático. Estuvo cuatro años fuera de la Policía, trabajando para María Dolores de Cospedal en la Presidencia de Castilla-La Mancha. No habían pasado seis meses de su reincorporación a la Policía en 2015 cuando fue condecorado con la Medalla Roja al Mérito –destinada a quien ha puesto su vida en peligro– y que lleva un aumento de por vida del 10% en la mensualidad. Él ha dicho hoy que con esa condecoración le recompensaban toda su trayectoria en la Policía.

La versión del acusado es que el chófer de los Bárcenas –que también ha declarado este miércoles– se puso en contacto con él porque se conocían de la anterior etapa de Gómez Gordo medrando fuera de la Policía, concretamente a las órdenes procesado por corrupción Francisco Granados cuando este era consejero de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid. A Sergio Ríos, el chófer, le habían intentado captar “de forma brusca” Enrique García Castaño, alias 'El Gordo', y el conductor pensó en consultar a su antiguo amigo Andrés Gómez Gordo.

La versión de la acusación es que la magnitud del confidente, que tenía en sus manos recuperar el material que incriminaba a Mariano Rajoy y la cúpula del PP en el caso de la caja B, provocó el inmediato regreso de Gómez Gordo de Toledo a Madrid, con la bendición de su jefa allí, María Dolores de Cospedal. Él, sin embargo, ha contado que estaba harto de viajar con la presidenta autonómica y que habló con sus colegas en la policía para que le buscaran un puesto. Dio la casualidad que la jefatura de vigilancias de la UDEF estaba libre. Luego iría en “atribución especial de funciones” durante tres meses a la Dirección Adjunta Operativa (DAO), el nido de la brigada política del PP.

Gómez Gordo tuvo que encargarse de conseguir la cooperación del chófer de los Bárcenas, siempre por orden de sus superiores, y en lo que creyó siempre que era una operación legal contra “el delincuente número uno” en ese momento, Luis Bárcenas. “A mí el señor Ignacio López del Hierro jamás me dijo nada”. Esta es la vez que más cerca ha estado de mencionar el nombre de María Dolores de Cospedal, contra quien no se dirige la investigación gracias al empeño del juez instructor Manuel García Castellón por despreciar los indicios contra ella.

Villarejo, que llamaba 'Andy' a Gómez Gordo, escribió en sus agendas que este iba a aprovechar el verano para “copiar lo que le quitaron a LB (Luis Bárcenas)” y que se alojaba en un despacho de la DAO. Este miércoles, Gómez Gordo ha dicho que Villarejo escribiría eso porque “a lo mejor estaba cabreado” por la “guerra de comisarios” que se vivía entonces. El jefe de Asuntos Internos que ha investigado Kitchen dio total credibilidad a las agendas del comisario durante su declaración en el juicio: “Villarejo no se engañaba a sí mismo”.

Gómez Gordo fue protagonista del intento de 'blanquear' la operación Kitchen como una investigación para intentar descubrir dinero y testaferros ocultos de Bárcenas. Se trata de la tesis mayoritaria en las defensas para, ante las evidencias de seguimientos y robo de documentación, alegar que se trataba de una operación legal que, sin embargo, no conocían el juez ni los policías que de verdad investigaban a Bárcenas. El modo fue incluir en una base de datos los seguimientos para simular que los compartían con los auténticos investigadores.

“Lo único que he hecho es presentar al conductor porque me lo han ordenado, subir la nota a Gati [base de datos] porque me lo han ordenado, y hacer los pagos [de fondos reservados al chófer] porque me lo han ordenado. Me dediqué a cumplir las órdenes, ni siquiera fui a la DAO por decisión mía”, ha declarado Gómez Gordo.

Un arcón de Rosalía con doble fondo

Tras él ha sido el turno de Sergio Ríos Esgueva, el chófer de los Bárcenas que actuó como topo de la brigada política y al que Villarejo apodó 'El Cocinero' o 'Coci'. Policía suspendido en la actualidad, Sergio Ríos ha negado todos los hechos delictivos que se le atribuyen: no facilitó la clave del local de Rosalía Iglesias a la brigada política, tampoco le entregó tres dispositivos móviles en el Vips de Velázquez para ser clonados, ni robó papeles de la mujer de Luis Bárcenas para los comisarios acusados.

Ha explicado que él pensaba que estaba colaborando “con la Policía” y que Villarejo le dijo que él era “responsable de un grupo de inteligencia de la Dirección” del Cuerpo. También ha rechazado que además de los 2.000 euros mensuales como confidente fijo hubiera sido recompensado con el ingreso en la Policía a los 42 años y que el mérito fue solo de él. Villarejo comentó la idea de que ingresara en el Cuerpo al número dos de Interior para tenerle atado y que no desvelara la operación en el futuro. “Acaba de entrar una compañera de 53 años y otro de 51”, ha dicho Ríos ante el tribunal como argumento.

El chófer de la familia Bárcenas ha asegurado también que cuando llevaba a Rosalía Iglesias, la mujer de Bárcenas, sufrieron seguimientos que, por su experiencia, no correspondían a policías ni a periodistas. La afirmación se ha producido durante las preguntas del fiscal Anticorrupción, pero por una aclaración que ha solicitado la presidenta del tribunal, Teresa Palacios, quien ha apelado a su experiencia en seguridad para que diese su opinión sobre quiénes podían seguirles. “Algún centro de inteligencia o alguna persona enemistada con el señor Bárcenas, que manifestó que tenía enemigos, más dentro del partido”.

Ríos Esgueva ha desvelado una característica del supuesto escondite de las grabaciones de Bárcenas a Rajoy que buscaba el operativo Kitchen que no había surgido hasta ahora en el juicio. El arcón –“cajonera”, le ha llamado él– tenía dentro dos cajones que al moverlos abrían un doble fondo, según le contó la propia Rosalía. Bárcenas dijo en su declaración que ahí guardó una copia de los audios con Rajoy pero que al salir de la cárcel ya no estaban. El comisario García Castaño afirmó en fase de instrucción que cuando allanó el local dentro del arcón no había nada.

“*medrar: intr. Dicho de una persona: Mejorar de fortuna aumentando sus bienes, reputación, etc., especialmente cuando lo hace con artimañas o aprovechándose de las circunstancias” (rae.es)