El eclipse de Lamine ante Cucurella y la asfixia del Barça: "Fuimos lentos y tuvimos pérdidas tontas"
No tiene el Barça dependencia de Lamine Yamal pero sí es el jugador que marca, como un termómetro, el estado de salud del equipo. Cuando aparece, hace diabluras, brilla y se siente feliz, el equipo de Hansi Flick se convierte en un cohete capaz de apabullar rivales y endosarles una goleada antes de que puedan adivinar cómo plantarles cara. En el Clásico, a 24 horas de la entrega del Balón de Oro, Lamine Yamal tenía el escenario perfecto para acaparar los titulares. No pudo hacerlo hace unos días en París, bien sujetado por Lucas Hernández, hasta los minutos finales del duelo, del que se marchó con un gol que sirvió de poco. Ante el Real Madrid, en un partido en el que caldeó la grada desde el inicio, se topó con un elemento que lo eclipsó: Marc Cucurrella.
Fue un duelo que ganó el madridista a base de conocer sus movimientos y de castigarle con faltas que sacaron del quicio a la estrella blaugrana, que no encontraba la manera de liársela a su compañero de selección. Tuvo que esperar al filo del descanso para encontrar su mejor ocasión... y la falló. Un remate con el interior que llevaba su sello y que ajustó al poste de Lunin, pero por fuera.
Para entonces, Lamine ya había visto a Mbappé celebrar cómo de chiripa había convertido un despeje de Gerard Martín en el primer gol del Clásico. No sólo Lamine, sino todo el Barça estaba desnaturalizado, desconocido hasta para un visiblemente contrariado Flick. «Nos ha faltado frescura», resumió el alemán.
A Mourinho le pudo dar pistas el PSG de cómo hacer sufrir a los azulgrana, acostumbrados en este arranque de temporada a ser una máquina suiza en ataque, pero cuando tiene tiempo para sobar el balón, cuando Pedri tiene esos segundos para engrasar al equipo. Ni en París ni en el Clásico se los dieron y el Barcelona se bloqueó. «No hemos hecho un gran partido, no hemos sido nosotros. Fuimos lentos, con pérdidas tontas que, ante este equipo se pagan. En la segunda parte hemos empatado y luego ha llegado su gol en una transición, algo que sabíamos que era peligroso. Pero, bueno, son tres puntos y esto es muy largo», se consolaba al canario.
Incapaz fue el Barça de sorprender en ataque ante el laberinto defensivo que los blancos pusieron al borde del área y también de presionar alto para asfixiar al rival cuando, como le ocurrió al canario, pierde el balón. Güler le encontró las cosquillas y le obligó a reaccionar. Bernardo Silva también lo llevó al límite.
Sin la dirección cómoda de Pedri hasta la segunda mitad, a Gordon le costó aparecer en la orilla izquierda, a Raphinha y Fermín sorprender. No estaban finos en ataque y, al tiempo, les costaba sujetarse en una defensa remendada que aún tuvo que sortear un contratiempo más: la lesión de Xavi Espart a la media hora de juego. Cancelo tuvo que convertirse en el freno del eléctrico Diomandé y Balde volvió a la izquierda para vigilar a Mbappé, que ya había puesto a prueba a Cubarsí en alguna endiablada carrera. Ante la velocidad de los dos estiletes buscando la espalda de la zaga culé, a Joan Garcia le tocó jugar casi como hombre libre y salir al cruce de cualquier balón que Güler o Bernardo lanzara al espacio con un toque de arrebato.
Reaccionó el conjunto azulgrana en la segunda mitad, cercando la portería de Lunin, forzando córners y viendo cómo Hujsen, Cucurella y el meta ucraniano iban salvando ocasiones. Pedri había tomado el mando, con Bernardo Silva agotado, e hizo magia cuando recibió en la frontal tras un saque de esquina, se perfiló para disparar, pero asistió a Raphinha en el pico del área pequeña para que marcara su octavo gol en los últimos ocho clásicos en los que ha participado.
Sigue siendo el brasileño el sostén del ataque. Fueron atrevidos los blaugranas buscando la victoria, que evitó Lunin sacando una 'mano Courtois' para salvar el testarazo de Gerard Martín. Los riesgos los pagaron con una pérdida de Gabriel Jesus que cazó Camavinga y se lo llevó hasta la línea de fondo para servir el segundo de los goles blancos a Mbappé, que sí que brilló, aunque fuera sólo en faceta goleadora, en el Clásico.