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El germen del éxito Noval y del nuevo ciclismo: quedadas en resorts, cazatalentos, don genético y puertos cerrados para practicar

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El germen del éxito de la nueva generación del ciclismo base español brotó en un resort cuatro estrellas de Mutxamel (Alicante). En noviembre de 2019, una concentración de 33 ciclistas júniors y sub-23 en el Secortel Bonalda lo cambió todo. «Si hay que buscar la raíz de los triunfos de los chicos de ahora, habría que acudir a aquellas quedadas invernales que hacíamos con corredores captados por nuestros cazatalentos», asegura Pascual Momparler, seleccionador español élite desde 2019 a 2025.

Momparler, que también ejerció como seleccionador júnior, sub-23 y ciclocrós, sostiene que el programa de formación diseñado hace siete años por la Federación Española (RFEC) creó el cultivo perfecto para la extraordinaria cosecha de este otoño: 10 medallas (siete oros, dos platas y un bronce) en el Mundial de Montreal y el Europeo de Liubliana. El júnior Benjamín Noval cumplió este miércoles 18 años y lo celebró con el oro en contrarreloj, en el Mundial de Montreal fue campeón en ruta y crono. Héctor Álvarez (19) sumó bronce y plata en el Mundial sub-23 y en el Europeo, oro en ambas especialidades. La júnior Alejandra Neira (18), oros en ruta Mundial y en crono continental. Aitor Martínez (17), plata en Liubliana. El pasado año, Paula Ostiz (18) consiguió oro y plata en el Mundial júnior de Kigali y oro en el Europeo; Paula Blasi (22), bronce en el Mundial sub'23 y oro en el Europeo, y Héctor Álvarez, bronce en el Europeo.

A finales de 2019, el organismo presidido por José Luis López Cerrón y el CSD impulsaron el Plan Estratégico de Tecnificación y Alto Rendimiento que fortaleció al ciclismo masculino y femenino de categorías inferiores de carretera, pista, mountain bike, XCO y adaptado. «El abanico de actividades era amplio. Nos juntábamos corredores, técnicos, fisios, preparadores, nutricionistas, médicos... Hablábamos de proyectos y necesidades, hacíamos pruebas de esfuerzo, tests psicológicos, exámenes físicos, etc. Teníamos un sistema para detectar futuras lesiones debido a las maneras de pedalear. También se ayudaba a los corredores y a los equipos que disponían de menos medios con la prestación de servicios de psicológos, fisios o preparadores. A las chicas se les enseñaba técnicas de descenso, hasta se cerraban puertos para que practicaran. Se pulía la técnica», explica Momparler.

Aquel programa se repitió con éxito durante varios años. «Me acuerdo de, que tras la desescalada por la pandemia de covid, nos reuníamos durante 15 días en el hotel Cap Negret de Altea. El dinero que no se podía invertir en las competiciones debido al confinamiento se destinaba a aquellas actividades. Allí estaba Alejandro Valverde enseñando a chavales. Años después, esas quedadas las hicimos en otros lugares de Alicante, como San Vicente de Raspeig, con gente como Juan Ayuso, Carlos Rodríguez, Igor Arrieta, David Valero, Felipe Orts, Mavi García... Aquello sirvió para que mejorasen las prestaciones de los equipos de los que luego salieron Noval, Héctor Álvarez o Paula Ostiz», añade.

Ese plan de la RFEC, que desapareció hace un par de años, incluía una plataforma con seguimiento de entrenamientos, pruebas de antropometría, evaluaciones de masa muscular, test de rendimiento cardiorrespiratorio, perfeccionamientos aerodinámicos y de contrarreloj.

Félix García Casas, actual director técnico de la RFEC, reconoce el valor de aquella iniciativa, pero también apunta otros caminos: «Detrás de este éxito hay muchos factores, como el trabajo de clubes y federaciones autonómicas y la decidida apuesta económica de la directiva de la Federación, presidida por José Vicioso. Hemos ido a los Mundiales de Kigali y Montreal para cubrir todas las plazas disponibles, con la idea de dar lo máximo, de no ser comparsas. Eso incentiva a los corredores, que salen a por las medallas... Se ha profesionalizado a un grupo de trabajo [compuesto por media docena de técnicos, como Eleuterio Anguita, José Luis de Santos o Pascual Orengo], con contratos de exclusividad». Al último Mundial se desplazaron 64 personas, entre ellas psicólogos, médicos, fisios y cocineros.

Los resultados

García Casas, padre de dos ciclistas profesionales Carlos y Raúl (acudió al Mundial de Montreal), que ha convivido con Noval, Héctor Álvarez y el resto de medallistas en los dos últimos campeonatos, afirma que la Federación apuesta por un sólido proyecto deportivo: «Con los mismos recursos económicos de etapas anteriores, se ha priorizado el ámbito deportivo. Italia, Alemania, Gran Bretaña y Francia nos triplican en presupuesto y los resultados están ahí».

García Casas, que acumula una larga experiencia en los equipos de cantera y que trabajó en la academia de Alberto Contador, también reconoce la paradoja de que estos buenos réditos van paralelos a una crisis presupuestaria de las escuadras nodrizas, que sufren para encontrar el respaldo de patrocinadores. «Nosotros hemos creado un Plan Nacional para impulsar el ciclismo en todas las modalidades. Una comisión dedicada a los equipos de base trabaja coordinadamente con las federaciones autonómicas. Reunimos a todos los actores para buscar soluciones y lanzar proyectos».

García Casas entiende que será complicado repetir los resultados de las generaciones de Indurain, Valverde o Contador, pero aclara que ahora viene asomando una quinta extraordinaria. «Los chicos nuevos están muy preparados física, nutricional y psicológicamente. Se comportan como profesionales de élite», señala.

- ¿Benjamín Noval es tan bueno como decimos?

-Mucho más. Es un corredor tocado con una varita mágica. Es adulto, tranquilo. Está formado y domina todas las situaciones. Lo que hizo en el Mundial de Montreal sólo lo había hecho Remco Evenepoel. Benjamín no es una promesa, es una realidad».

García Casas, además, apunta la clave del componente genético: «Ahí están los casos de Noval, Héctor Álvarez, Beloki, Arrieta, Freire... El entorno familiar y la educación recibida resultan fundamentales. El ciclismo ha cambiado y ahora con 19 años ya son estrellas del UCI World Tour».

Momparler también apela al factor ADN: «Son buenos por naturaleza, tenemos la suerte de que han sido paridos por padres especiales. Pero hay que tener paciencia con ellos. Ahora recuerdo el caso de Miguel Morrás, que se quedó en el camino o del mismo Carlos Rodríguez, que siempre apuntó mucho, pero ha frenado su paso por asuntos familiares y lesiones. Las cosas se lían y la piragua no se endereza».

Cuestión de ADN

El ex ciclista Eduardo Chozas comparte opinión: «Una de las claves tiene que ver con la genética. Los chicos que ahora están destacando tienen la peculiaridad de que son hijos o tienen familiares relacionados con el ciclismo. Ahora disponen de mejores métodos de entrenamiento, pero algunos cuentan con ese componente en el organismo que les permite manejarse en el ciclismo con más facilidad. Han nacido con un don».

El ex ciclista madrileño incide en que es necesario crear un entorno adecuado para seguir creciendo: «No les podemos presionar diciendo que son los nuevos Pogacar. Si estamos muy encima de ellos, les hacemos más daño que beneficio. El próximo año, con 18, saltarán a profesionales y habrá que ver cómo se adaptan. Antes no se daba el salto hasta los 23. Hay que darles tiempo, no presionarles. Noval tiene un padre que sabe lo que es el ciclismo de alta competición. El padre de Héctor Álvarez estuvo cerca de ser profesional, ha dirigido equipos de base en la zona de Alicante. Tienen mentalidad ganadora, no se conformar con ganar en juveniles. Quieren superar retos».

Chozas también reclama más ayuda para los grupos de categorías inferiores: «Apenas hay equipos, los justitos para cumplir un calendario. Los sponsors, a diferencia de anteriores años, ahora cuentan con importantes desgravaciones fiscales.

Un éxito inesperado nacido de la imaginación y la necesidad.