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El Madrid cambia el viento camino del clásico con una goleada ante el Leipzig pese al deprimido Vinicius

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Los males son menos males con Courtois, que es como ese abuelo que no dice nada, pero que cuando la discusión se desborda en la mesa, levanta la mano y todos calladitos. El Madrid se desborda menos de lo deseado en ataque, con un Vinicius depre, y más de lo que debería en defensa, momento en el que el abuelo levanta la mano y para la pelota para que todo vuelva a empezar. Dos veces lo hizo ante un Leipzig que creció en la indefinición ajena para darle pruebas de vida al Madrid, y al que venció por 4-1. Bernardo Silva aprovechó la segunda con un gol terapéutico para sí mismo y descompresivo para los suyos, el mismo que no encontró Vini, refugiado en los disparos a distancia, desconocido. Su depresión es la euforia de Güler, hiperactivo, y Diomande, un cañón, en un Madrid que no espera a nadie camino del clásico. La Champions ha cambiado la dirección del viento: llega al Camp Nou tras marcar cuatro goles ante un Barcelona que ha encajado cuatro.

La mano de Mourinho es, hoy, tan importante como la de su portero. Ante el Leipzig la movió fuerte, hizo cosas para agitar una alineación estancada. Los cambios no obedecían únicamente a rotaciones con el clásico a cuatro días. No. El entrenador busca lo que no ha encontrado, la horma de un Madrid con sentido colectivo, el que sea. Si frente al Sevilla ya se produjo algún retoque, contra el Leipzig hubo más. Bernardo Silva apareció junto a Camavinga en el eje del centro del campo, con Güler en la derecha. Vini dejaba en el banco a Diomande, el futbolista que más crece en el equipo, como demostró al salir, y Carreras sustituía a Cucurella. Lo que hay en las bandas importa, claro, pero no define el juego.

La manija de Bernardo Silva

La cuestión era observar el movimiento del Madrid con Bernardo Silva en los medios, donde también puede situarse el turco. Fue de menos a más. El portugués marcó, oportuno, pero necesita sentir más jerarquía. Güler, más dinámico unos metros más adelante, es consciente de que tiene una gran ocasión en este río revuelto. Mou lo sabe, como lo sabía Xabi Alonso y lo intuye el Bernabéu.

El Madrid empezó dominador, aunque con dificultades en el ataque estático frente a las dos líneas ordenadas por Demichelis, un tipo con oficio. Sabía que no tenía que dejar correr al Madrid y reagrupó a su equipo hacia adentro para eliminar los espacios. A Vini le faltaba profundidad en la banda, algo tibio, sin probar el regate, como si la confianza le hubiera abandonado. Cuando pudo correr, lo hizo y disparó duro, pero Vandevoordt respondió. Excelente portero el belga, al que en su país sitúan como el sucesor del propio Courtois.

El cambio de Vini

Mourinho ni siquera dejó el partido entero al brasileño, a pesar de no poder jugar en la Liga por su sanción. Cuando Vini vio aparecer a Diomande en la banda, bajó los brazos. Ni una mala cara, ni una protesta. La resignación, en su caso, es peor que la rebelión. La segunda se reconduce, algo que el Madrid no hizo equivocadamente con Xabi Alonso; la segunda es peor, necesita diván. Renovado a lo grande este verano, es un problema para el club, porque en el campo habla claro. Que se lo pregunten al tímido Diomande. Salió encendido y su gol, el cuarto, fue un trueno que se escuchó en Barcelona.

El juego se aceleraba por la derecha, la banda de Güler, cuyo lenguaje gestual es ya indicador de que se siente importante. Mbappé buscaba sitió en el área como quien lo hace en un bosque. Nada. Hasta el desenlace no lo encontró para poner su rúbrica con el tercer tanto.

La resistencia dio confianza al equipo alemán, que empezó a buscar el despliegue. Cada transición demostraba que el centro del campo blanco es, hoy, experimental. Tochuaméni le ha dado estabilidad defensiva aunque no le haya dado vuelo. Sin el francés, era como queso gruyere. Las elecciones para el Leipzig aumentaban, con transiciones que llegaban a las bandas, en especial a la izquierda. Nusa se convirtió en un tormento para Valverde, no siempre asistido por Bernardo Silva o Güler.

Al uruguayo le pide Mou que desde la banda progrese, en conducciones verticales y en diagonal, pero defensivamente precisa ayudas ante futbolistas con desborde. En una de sus maniobras en el área, lanzó un potente disparo que repelió el cuerpo de Rüdiger. Nunca puede decirse que no hubiera llegado Courtois, eso es pecado. Lo había hecho minutos antes tras un remapte de Romulo, en que tiró sus dos metros al piso como un águila que divisa una presa, y lo haría después a otro disparo de Nkunku. Cuando recogió un balón en su red, ya no importaba. Fueron las paradas suficientes para poner a salvo al Madrid a la espera del gol. En el Bernabéu es mucho más, es como un anuncio del gol. En el Camp Nou, adonde el Madrid acude ahora con viento de cola, nadie lo sabe.