Voice of Freedom Повна версія

En manos del “buen casero”, presión turística en Cádiz y otras cartas de los lectores

· Business

Desde que el desahucio de Maricarmen, la acampada de Sol, los decretos y la convocatoria de elecciones pusieron la vivienda en primera línea de la actualidad, ha crecido mucho la comunidad de este boletín y me escribís cada vez más lectores. La muerte de Maricarmen puso un manto trágico a esta historia y dejó muy claro que los responsables de nuestro sufrimiento, incluso de nuestra muerte, son, en muchas ocasiones, las empresas, los caseros y el poder político que les permite abusar mientras su policía aporrea a estudiantes sin ningún sentido.

Yo os agradezco un montón los correos, porque una de las cosas que uno siempre se pregunta en estos tiempos de máxima interacción en redes es “¿quién hay al otro lado?”, “¿qué piensa el lector?”. Las respuestas te hacen sentir más acompañado en tu trabajo. Y en momentos sombríos, aun con briznas de luz como la acampada de Sol, eso reconforta más.

En los pocos meses que llevo en elDiario.es, un medio que rehúye del fatalismo tras la cantinela muy de periodista de “es que ya nadie lee los medios”, compruebo como nunca el impacto que tienen las investigaciones de mis compañeras y los textos que escribimos.

Entre los mensajes de respuesta al boletín, hay algunos de enhorabuena que reconocen mi trabajo y luego hay otros que comparten su historia mostrando cómo el problema de la vivienda nos atraviesa a todos. Hoy voy a repasar algunos de ellos y voy a inventar algunos nombres porque no he podido preguntar uno por uno si querían o no anonimato.

Mayteé Ortiz, que ella sí me ha dado permiso para usar su nombre, escribió dos correos en tonos totalmente diferentes sobre la situación en Cádiz. En uno contaba que las exigencias en la ciudad para tan solo visitar un piso de alquiler se elevan al absurdo: avales, exponer situación fiscal, etc. Creo que es algo que pasa en todas las ciudades.

“¿Cuándo se normalizó que para cruzar una puerta haya que abrir antes la intimidad económica de toda una familia?”, se preguntaba.

Y señalaba a dos propietarios con nombres y apellidos, que no voy a mencionar porque no he hecho la tarea de comprobarlo, que cierran puertas a inquilinos interesados que no presentan toda la documentación antes de la visita.

El otro correo de Mayteé era pura prosa poética sobre las sombras de Cádiz y su modelo residencial. Y lo voy a compartir entero:

Otro correo muy interesante que muestra cómo los tentáculos de la vivienda también afectan a personas de mayores rentas era de una persona que trabajaba de directiva en una fundación, con un sueldo de 2.300 euros al mes. Se vio obligada a convivir con su pareja una vez separados y consiguió al fin un bajo con humedades para mudarse con su hijo en un pequeño pueblo por 925 euros. Explica que tuvo “la suerte” de competir en el alquiler con una familia afgana. Su sueldo entero se va en vivienda, salud, comida y gasolina. “No hay vacaciones, ni restaurantes, ni planes culturales como los de antes, ni ropa: la de mi hijo es toda regalada y la mía es la misma desde hace años. He vendido la moto y todo lo que no era imprescindible, y ahora vendo en Wallapop sudaderas de mi hijo a 5 euros”, contaba. Y después reconocía ser “consciente” de sus “privilegios”.

Entre los correos he recibido también algo que, en este tono más personal y menos periodístico que permite el boletín, creo que es importante señalar. Un agente inmobiliario, que es casero e inquilino, apoya gran parte de las medidas de los decretos y otras las cuestiona por los impactos que pueda tener en la población, no por cómo pueden perjudicar a un casero o al sector. Lo hace además sin ningún tipo de acritud ni con el tono alarmista de la patronal. Él teme que los contratos indefinidos serán contraproducentes porque los propietarios sacarán la vivienda del mercado. Y yo creo que es algo que tiene sentido (y que de hecho tiene que ir acompañado de la construcción de vivienda asequible y la compra de vivienda usada para tal fin) y que hay que plantearse, pero que a la larga tener un ingreso fijo que aumenta toda tu vida al ritmo de la inflación es una garantía estable como para estar conforme y satisfecho. Y es una sensación de hogar necesaria para el inquilino.

Otra persona, vecina de Málaga, explica que tiene un piso que heredó de 120 metros cuadrados alquilado por 400 euros a una persona que viene de una situación dura en su país de origen. “Y es ahí donde debería haber una respuesta de los particulares, que no necesitan ese dinero del alquiler para sobrevivir, y demostrar que la ciudadanía puede y debe apoyar a la ciudadanía”, cuenta. En otro correo, otro propietario que alquilaba su vivienda de 90 metros cuadrados por 1.000 euros en Madrid, por Puerta de Toledo, antes de venderla, contaba que era fácil encontrarse a gente, incluso de izquierdas, que le afeaban que “era tonto” por no poner el precio al límite del mercado.

Es importante detenerse aquí sobre quiénes son los objetivos y los responsables de la situación y matizar la “culpa del casero”. ¿Cuántos inquilinos no se convertirán un día en caseros abusivos si les sonríe una herencia? Seguramente bastantes, no todos, seguro, pero la experiencia nos enseña que no necesariamente aquel que ha sufrido una situación se vuelve luego más empático cuando se giran las tornas. Y a más de uno nos vienen ejemplos gráficos a la cabeza. Creo que los caseros abusivos, que son muchos, lo son porque hay una cultura del “sálvese quien pueda” arraigada en la sociedad. El poder y la propiedad tal vez no te hacen peor persona, pero sí que te dan más capacidad de dañar a quienes están peor que tú y, por tanto, hacen más evidente la falta de ética. Por eso existen leyes que intentan regular y limitar esos abusos de poder. Si estos llegan a límites que llega a sorprender que sean legales pero lo siguen siendo, es la ley quien falla.

Por eso no creo que alguien que sea propietario y tenga un piso en alquiler deba sentirse necesariamente cómplice de la situación. Alquilar una segunda propiedad es algo razonable y hacerlo como esta lectora de Málaga, a un precio inferior al mercado, es algo que incluso ayuda a tener una sociedad más justa y mejor. Porque la idea no es que todos seamos propietarios, sino poder elegir alquilar sin asfixiarse.

Pero mientras la cultura del sálvese quien pueda siga imperando, mientras la cooperación y la comunidad quedan apartadas, mientras la vida asfixie, los sueldos sean bajos y ganar dinero sea un objetivo, estaremos en manos del “buen casero”. Son muchas las personas que, en la protesta del 26s previa a la acampada y en otros contextos, al preguntarles por si situación de vivienda responden: “Yo tengo suerte, porque...”, y, generalmente, después viene una explicación sobre un casero benévolo, que en muchas ocasiones es conocido o familiar, o simplemente buena gente.

Me gusta ver también ese otro lado: si no fuera por esos caseros empáticos, aún estaríamos peor, porque aún queda algo de sentimiento de comunidad y de camaradería. Pero vistos los precios, la buena fe tiene un peso muy pequeñito en el mercado, aunque la mayoría de caseros sean particulares y no fondos ni empresas. Por eso las leyes deben cambiar y garantizar la sensación de hogar a un inquilino y unos precios que no te conviertan en pobre de una tacada.

El dato

De las personas que viven de alquiler a precio de mercado están en riesgo de pobreza o exclusión social, según un estudio de la European Anti Poverty Network (EAPN).

Poder público

Repito el resumen del decreto de vivienda que pasé en el anterior boletín, que debe ser convalidado pronto en la Diputación Permanente y estará en vigor, al menos, hasta que acabe la legislatura. Podéis leer sobre él aquí, pero os resumo algunas medidas por si aún no lo habéis podido mirar antes:

Ayudas a la compra de vivienda: Hasta 50.000 euros de ayuda para pagar la entrada de la primera vivienda. Se devuelve cuando se acaba de pagar la hipoteca, o sea que en vez de una entrada, es una salida, y además se paga sin intereses en un máximo de hasta 10 años. Sale a poco más de 400 euros al mes si pides el importe máximo y lo devuelves en 10 años.

Poder privado

Publicaba estos días Sandra Vicente, compañera de Barcelona, que una finca de Barcelona inicia una huelga de alquiler para evitar que la propiedad convierta sus casas en colivings. El bloc Papallona, con fachada modernista en el barrio del Eixample, se planta ante la empres New Amsterdam Developers, que quería vaciar la finca para convertir los pisos en alquiler de habitaciones. Los vecinos denunciaron “presión psicológica” para echar a los inquilinos que ya se fueron.

Por otro lado, Facua ha denunciado a Idealista, Pisos.com, Fotocasa, Yaencontre y Milanuncios por no cumplir con el nuevo decreto de vivienda y no publicitar en sus anuncios el límite de precios en las viviendas de alquiler en zonas tensionadas ni si el propietario es o no gran tenedor.

En las redes

El lector denuncia (o consulta)

Cuéntame tu movida con el alquiler o la compra en vivienda@eldiario.es

Buen fin de semana.