España convence y la UE retrasa el enfrentamiento comercial con China
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llegó este jueves a la cumbre de Bruselas proponiendo que “Europa lo que necesita son amigos” ante las propuestas de un grupo de países encabezados por Francia para iniciar una guerra comercial con China. Tras horas de negociaciones que acabaron esta madrugada, los líderes europeos han acordado retrasar la confrontación comercial con el gigante asiático ante la división de opiniones dentro del bloque europeo.
En un comunicado escueto, los 27 países miembros de la UE han pactado que ante los “desequilibrios macroeconómicos globales requieren una respuesta europea basada en dos pilares: la unidad europea y el diálogo con nuestros principales socios económicos”.
Esta “respuesta europea” se va a construir “manteniendo un diálogo constructivo con nuestros principales socios económicos, con el fin de defender nuestros intereses económicos y de seguridad”, que es la posición que ha defendido España. Además, se ha acordado “desarrollar y, eventualmente, ampliar el conjunto de instrumentos en materia de defensa comercial y política industrial, para garantizar que la Unión Europea disponga de todas las herramientas necesarias para defender sus intereses y reducir riesgos”, que es la postura que mantiene Francia. Ahora bien, la UE inicia ahora un periodo de estudio y aprobación lo que puede suponer varios años de trámites burocráticos.
La clave del comunicado está en la parte de que “la UE debe seguir diversificando su comercio, reduciendo riesgos (), disminuyendo sus dependencias y reforzando su autonomía estratégica”. Con la fuerte dependencia de la industria europea de componentes y materias primas que controla China no es posible afrontar un conflicto comercial sin “consecuencias desastrosas”, como admitió un diplomático, para las empresas de la UE.
No había diferencias a la hora de analizar la situación: la sobreproducción de China y el déficit comercial de Europa no son sostenibles y amenazan a la industria de la UE. Los datos son elocuentes: El déficit comercial de la Unión Europea con China alcanzó los 360.000 millones de euros en 2025. En el primer trimestre de 2026, el déficit siguió ampliándose hasta casi los 95.000 millones, cuando en el mismo periodo del año anterior llegó a los 88.400 millones.
Sin embargo, hay muchas diferencias sobre cómo abordar este reto. De hecho, la Comisión Europea planteó la situación hablando de “desequilibrios macroeconómicos globales” sin mencionar al país asiático. China ya ha demostrado cuando la UE aprobó aranceles sobre los coches eléctricos y respondió con tasas sobre el vino o los productos del cerdo que tiene fuerza para hacer daño a las empresas europeas. También hay que recordar que con la avalancha de aranceles que propuso el presidente de EEUU, Donald Trump, China contraatacó con controles a la exportación de tierras raras que convulsionó a los fabricantes de todo el mundo. Entonces la industria europea del automóvil y otros fabricantes de productos electrónicos advirtieron que si se alargaba el frenazo a la distribución de minerales críticos tendrían que paralizar las fábricas.
Con este contexto, países como España y Grecia abogaban por mantener el diálogo con China y abandonar las posiciones más beligerantes. “Necesitamos amigos, necesitamos relaciones equilibradas, necesitamos ser pragmáticos y necesitamos tender puentes tanto con grandes economías, potenciales aliados como es China, o con tradicionales aliados como es el caso de Estados Unidos”, comentó Sánchez.
En el otro lado, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, Bélgica y Dinamarca querían una posición más dura y que la UE utilice más instrumentos de defensa comercial frente al país asiático. En una situación intermedia se ha quedado Alemania, que antes de la reunión apostó por una respuesta más dura, luego ha matizado su posición y se ha queda en el medio junto a Finlandia, Suecia o Irlanda.