España se proclama campeona del mundo sub-20 femenino y destrona a Corea del Norte en penaltis
El sábado, la selección masculina absoluta estrenaba su segunda estrella en Wembley y, apenas 24 horas después, la sub-20 femenina también se proclamaba bicampeona del mundo. Lo hizo ante Corea del Norte, las vigentes campeonas de la categoría, en una final que se decidió en los penaltis después de que España dominara el partido durante buena parte de los 120 minutos. Ahí apareció Laia López, la guardameta del Real Madrid, para convertirse en la gran protagonista al detener dos lanzamientos. Otra vez, España campeona del mundo. Otra vez, un grupo invicto en el campeonato y unido en el vestuario.
Los primeros minutos cayeron del lado de las españolas. Sin duda, las jugadoras de David Aznar salieron a dominar a las norcoreanas, haciendo correr a Pau Comendador por la banda derecha, donde la selección hizo mucho daño, pero sin conseguir abrir el marcador en los primeros 45 minutos. La primera gran ocasión llegó en el minuto 14, cuando Noe filtró un pase entre la defensa para Alba Cerrato, pero la delantera cordobesa se topó con la guardameta norcoreana, que cerró espacios rápido y taponó el tiro.
Salía bien España, acabando las jugadas y con un punto por encima físicamente de las norcoreanas, aunque las finales son muy largas y había que racionar los esfuerzos. Nada menos que contra las vigentes campeonas, las de Aznar funcionaban bien con y sin balón, presionando y dejando pocos espacios, aunque la calidad de las coreanas era apreciable.
Tanto, que cualquier error podía suponer un desastre, y justo pudo ocurrir en el momento más doloroso, antes del descanso. Fue tras un lío entre Silvia y Laia López. La delantera norcoreana aprovechó el despiste español e intentó el disparo, pero una mano providencial, de esas que salvan una Copa del Mundo —al estilo de Casillas contra Robben—, detuvo el tanto que podría haber abierto el marcador en el minuto 43.
España volvió al campo con garra, con hambre y con ganas de ser las primeras en anotar. Pudieron hacerlo nada más reanudarse el partido, pero Alba Cerrato no vio, o no quiso ver, a Pau Comendador, que se encontraba sola en el punto de penalti. Le faltaba quizás una acción individual a España, una estrella que diera profundidad, porque, aunque tenía el balón y creaba ocasiones, los partidos se ganan con goles. Cerca estuvo Corea de dar el susto tras una acción a balón parado y, justo después, más cerca aún estuvo Rosalía de dar la alegría, pero volvió a perdonar. Lo intentó Pau, lo intentó España y, sobre todo, lo evitó Pak Ju, la guardameta norcoreana.
Lo inevitable fue la prórroga. Ese tiempo extra sirvió para que España perdiera finura y Corea del Norte diera un paso adelante. Lo importante era no darlo en falso, porque en esos momentos precipitarse significa morir. Tuvo el gol, el partido, tuvo la victoria Marisa antes de la segunda mitad de la prórroga, mano a mano con la portera rival, pero, como había ocurrido durante todo el partido, Española erró en el uno contra uno.
Todo se tuvo que decidir en la tanda de penaltis, en esos segundos que se vuelven eternos y en los que las acciones individuales se convierten en la única baza posible. Fue Laia, la portera madridista y madrileña, la protagonista. Detuvo el segundo y el último lanzamiento de las norcoreanas y desató las lágrimas de alegría de sus compañeras y las de tristeza de sus rivales. Una vez más, España es campeona del mundo. Una vez más, España es de oro. ¡Qué verano, qué selección y qué locura de deporte!