España sigue aquí: estrena su título mundial con una victoria de prestigio en Wembley frente a Inglaterra
Estrenaba su condición de reina del mundo España ante una selección con el estómago vacío, que siempre corre más que quien lo tiene lleno. Estrenaba España su reinado además en Wembley, uno de esos lugares míticos que aumentan el brillo de todo lo que allí ocurre. Estrenaba su corona, en fin, España, por todo lo alto. Y el caso es que Inglaterra puso todo lo que tiene, que no es poco, para ganar a la campeona, pero no fue capaz. Y no lo fue porque España ha vuelto por el mismo camino por el que se marchó el 19 de julio con la Copa del Mundo en la mano. Es un equipo mayúsculo este de Luis de la Fuente, capaz de sacar un partido adelante, contra un gran equipo, fallando media docena de ocasiones clarísimas y pasando un mal rato por el empuje de un buen, estupendo, rival.
Al igual que ocurrió en Estados Unidos, la selección gana y luego pregunta. Ayer se puso por delante casi antes de empezar, luego se vio zarandeada de mala manera al final de la primera parte y a punto estuvo de perderlo todo en un inicio lamentable de la segunda. Pero Kane falló el penalti y despertó la número uno del mundo. Y claro, cuando despierta la número uno del mundo, todo ese mundo se pone firme. Señoras y señores, la campeona sigue aquí.
Se fue España al descanso perdiendo sin saber muy bien cómo. No es que fuera mucho mejor que el rival, tampoco es eso, y de hecho durante un cuarto de hora sucumbió ante el empuje corajudo de los ingleses, pero un vistazo frío a esa primera parte hace difícil la explicación a ese resultado. Al margen de ponerse por delante nada más empezar, se pueden contabilizar hasta cinco opciones bastante claras, especialmente dos de ellas. Ambas en las botas de Ferran, y ambas idénticas: un balón controlado, en carrera, solo contra el portero. Las dos falladas.
En un partido de este calibre, eso es definitivo. Luego se puede entrar en el análisis sobre si España se dejó llevar por la bravura del equipo de Tuchel, que se dejó llevar, sobre si puede ser, o no, que un córner a favor termine en gol del contrario o que un interior no siga a su lateral o un montón de cosas más. Pero en noches así, tener dos mano a mano como los que tuvo Ferran y desperdiciarlos es casi definitivo. El chico que marcó el gol en la final del Mundial volvió a demostrar ayer que es mucho más efectivo cuando no ha de pensar. Al primer toque, lo que quieras. Si tiene que elegir, mal.
Al margen de las de Ferran, Olmo tuvo otra, y Lamine, autor del gol tras un fallo imperdonable de Guéhi, otra, y también Fabián. España, en fin, la campeona del mundo, dispuso de varias ocasiones y apenas marcó una. Con mucho menos, Inglaterra hizo dos, yéndose al refrigerio por delante en una noche con noticias previas. Luis de la Fuente había hecho tres cambios respecto al once de la final del Mundial. En realidad cuatro. Dos obligatorios, uno que iba a ser Eric García por Marcos Llorente y otro que fue Pubill por el jugador del Barça, con molestias en la rodilla durante el calentamiento. Y luego dos ajustes. Nico por Baena, recuperando la filosofía inicial de este equipo, inaplicable durante el Mundial, y Ferran por Oyarzabal, movimiento este, a priori, bastante lógico visto el inicio de temporada de uno (Ferran, un avión) y otro (Oyarzabal, con dudas). Y, escrito está, todo se le puso de cara, pero luego se le torció.
Y pudo habérsele torcido mucho más porque en el inicio de la segunda parte, ahí sí, se vio arrollada por Inglaterra, que dispuso de un penalti (de Rodri a Bellingham). Por suerte para España, Kane lo falló. Y ahí resucitó España. Inglaterra es un equipo con un potencial terrible de centro del campo hacia adelante, pero flojísimo atrás. Si el gol de Lamine había nacido de una grosería de un central, el empate lo hizo de otra grosería, esta del lateral izquierdo, ambos, Guéhi y O'Reilly, del City. Fue Baena el ejecutor de ese gol que cambió la dinámica del partido, ya con Oyarzabal y el jugador del Atlético en el campo en lugar de Nico y Ferran. Por cierto, justo antes de ese empate Lamine había fallado otra clarísima, e iban ya media docena de fallos groseros.
Pero el giro en la orientación de la noche ya estaba hecho con ese empate. España se levantó del suelo, se ajustó las solapas, se quitó así un poco el polvo de los hombros y se puso a jugar al fútbol de la mano de Olmo y Baena, los mejores ayer. El futbolista del Atlético ha cogido la racha con la selección y no parece muy dispuesto a soltarla. Después de marcar el empate, recibió de Laporte en la frontal y dejó a Oyarzabal delante de Trafford. El jugador de la Real, con un toque exquisito, ponía por delante a la campeona, que ya apenas sufrió salvo por el coraje, conmovedor, de los locales.