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Jesús de Miguel, 'Demi', obrero del fútbol y padre de familia: "Estamos todos destrozados"

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El fútbol se inventó para disfrutarlo, para entretenerse. Enseña a ganar, a perder, a divertirse y a sufrir, pero no enseña a afrontar algo como esto. La muerte de Jesús de Miguel (Madrid, 1996) supone un impacto emocional difícil de calcular.

Como cualquier niño que persigue el sueño de alcanzar el fútbol profesional, Demi, como era conocido en el vestuario, trabajó duro para conseguirlo. En Madrid, su casa, recorrió cada club que le dio una oportunidad, comenzando en las categorías inferiores del Lugo de Fuenlabrada primero y del Leganés después.

También pasó por el Unión Adarve, equipo del madrileño barrio del Pilar, o el Internacional de Madrid. Aunque, si algún club de la capital lo conoce bien, ese es el CDA Navalcarnero, donde llegó durante la campaña 2019-20 y anotó 12 goles en 29 partidos. Uno de esos tantos todavía se recuerda allí con especial cariño, porque fue el que le dio el ascenso a Segunda División B. "Estamos todos destrozados. Hemos suspendido todos los entrenamientos", confirman desde el Navalcarnero a este periódico.

Era delantero centro, zurdo, y, en Unionistas de Salamanca demostró su capacidad goleadora. Allí también coincidió con Alfredo Pedraza, compañero de equipo, durante un año y medio. "Será una persona recordada por su bondad, su sonrisa y su manera positiva de ver las cosas. Era una persona familiar, que te intentaba ayudar en todo lo que podía y que si tenías un mal momento, ahí estaba él", recuerda Pedraza a EL MUNDO.

Llegó la gran oportunidad justo después. El CD Castellón apostó por el madrileño en enero de 2023 y allí encontró continuidad durante dos años y medio, siendo clave en el ascenso del conjunto valenciano a Segunda División.

Continuidad y familia, porque durante su etapa en Castellón se convirtió en padre. Fue hace tan solo un año y medio junto a su pareja, María, que lo había acompañado en cada paso de su carrera. La pequeña se llama Carla y quienes lo conoce aseguran que debe recordar a "un padre con un corazón gigante":

Había picado piedra, había llevado al extremo la expresión "obrero del fútbol" y por fin llegó la recompensa. En julio de 2025 se trasladó hasta Canarias para formar parte del CD Tenerife, donde encontró el reconocimiento a una trayectoria silenciosa, pero persistente. No le importó bajar de Segunda, donde estaba el Castellón, a Primera RFEF, donde estaba el Tenerife. Delantero de referencia, de 1,90 metros, introvertido, pero muy querido por sus compañeros, fue fundamental también el año pasado en otro ascenso a Segunda División.

Hoy, la noticia es triste, injusta. Hoy, ese deporte que nació para divertir, para entretener, llora la pérdida de uno de los suyos, de uno de aquellos que lo intentó con fuerza, que trabajó con ganas hasta encontrar un hueco y que lo consiguió, pero que ahora deja un vacío y confirma que el fútbol no importa absolutamente cuando la vida real se interpone.