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Julián Álvarez, atrapado en su propia fuga: una salida a regañadientes que no se concreta o gestos de perdón en tres partidos lejos del Metropolitano

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otApenas se han cumplido dos meses de la noche en que Julián Álvarez indignó al Atlético y no hay un futuro claro para el jugador. El argentino tensó la cuerda forzando su salida al Barça, «para cumplir su sueño» y Miguel Ángel Gil Marín la cortó de una cuchillada... sin tener otra opción de salida para un futbolista que ya no quería vestir de rojiblanco. Lo hizo algo más de media hora ante el Villarreal, pero con la mirada perdida bajo un abucheo constante. En el pulso que le echó al club no va a salir ganador, pero el equipo tampoco. La Araña no va a dejar de ser un dolor de cabeza, al menos, hasta que se cierre el mercado. Y es que no hay salida que contente a las partes.

Con el Barça apartado de la operación -aunque a la expectativa-, Julián Álvarez sólo tiene sobre la mesa el interés del Arsenal, que se sentaría a negociar el precio de 150 millones en que lo ha tasado el Atlético. Los clubes ingleses hinchan las cifras de sus fichajes entre ellos, pero racanean cuando las estrellas están en otros campeonatos y el coste del argentino lo convertiría en uno de los más altos de la escuadra gunner. El problema es que el jugador no quiere volver a la Premier. Su fijación era el Barça, por su estilo de juego y la ascendencia de Messi. Hace cinco meses que comenzó a lanzar inputs de que quería poner fin a su etapa como rojiblanco. El estilo de juego y la sequía goleadora durante parte de la temporada acrecentaron la sensación de infelicidad que tenía el futbolista. El cariño que recibió no fue suficiente, ni siquiera el que Simeone le transmitió durante el Mundial, avisando de que construiría un equipo en torno a él. Para entonces, su pensamiento ya estaba en otra parte. La sorpresa para el club fue que lo hiciera público de la forma en que lo hizo y que, además, su entorno apuntara al Barça. Eso soliviantó a la cúpula rojiblanca, que se cerró en banda.

Ahora ninguno tiene salida. Sin más ofertas que se acerquen a la cifra, o incluyan los «delanteros importantes» -como Viktor Gyökeres en el caso del Arsenal- que reclama Simeone, el Atlético se queda en la plantilla con un futbolista que no quiere estar, pero que tampoco acepta cualquier salida. A Julián Álvarez el regreso a Inglaterra, aunque sea a Londres, no le seduce. Su familia está asentada en España, con libertad de movimientos y sin necesidad de los visados y permisos que exige el Gobierno británico. La fiscalidad de su contrato tampoco le beneficiaría.

Sin embargo, sabe que, con el precio que ha puesto el Atlético, pocos clubes que no sean los ingleses pueden lanzarse a un traspaso. En ese dilema vive la última semana, mostrando una cara taciturna, con poco contacto con sus compañeros, que tratan de arroparle. Públicamente, «a muerte con él mientras esté en el equipo», pero muchos de ellos esperaban que tuviera un gesto con la afición tratando de cerrar una herida que se traduce en presión para todo el grupo: jugaron ante el Villarreal con una tensión extra, bajo las protestas de la grada, y sin '9'.

¿Puede quedarse en el Atlético? En público nadie reconoce que no. Ésa es la postura que transmite públicamente el CEO Mateu Alemany y que reivindica Simeone: «Para ganar títulos hay que tener delanteros importantes. Nosotros lo tenemos y hay que cuidarlo», dijo el domingo. El directivo mantiene la idea firme mientras sigue a la espera de propuestas que encajen al club y al jugador. El entrenador lanza el mensaje de que necesita un goleador de la talla de Julián Álvarez en la plantilla. Prefiere reconducir al argentino a perderlo sin que llegue un sustituto de ese mismo perfil.

Todos saben que borrar la indignación que mostró la grada por lo que considera una traición es complicado, muy difícil. Tanto que evitaron que el jugador se acercara a la grada junto al resto de sus compañeros tras el empate con el Villarreal. Sólo juega a su favor que, hasta el cierre del mercado el próximo martes 1 de septiembre, el Atlético no volverá a jugar en el Metropolitano. El sábado visita al Sevilla en el Sánchez Pizjuán y, en las dos jornadas siguientes, cuando el culebrón debe haber terminado, viajará a Bilbao para medirse al Athletic y a San Sebastián para enfrentarse a la Real Sociedad. No será hasta la jornada intersemanal del 16 de septiembre cuando regrese a casa para recibir a Osasuna. Si Julián se queda, tiene esas tres oportunidades para reclamar el perdón, que debería llegar antes de que el Real Madrid llegue al Metropolitano el 20 de septiembre.