La celebración al ralentí en el vestuario de España: pocos bailes, un vino de 2.000 euros para Ferran y el puro de Lamine
"Señores, tenemos una cita con la Historia. Vamos a llegar los primeros". Luis de la Fuente vistió de gala la final de la Copa del Mundo, como no puede ser de otra manera, y España entera gritó con el alma el gol de Ferran como su plantilla, que alzó el trofeo al cielo de Nueva York y poco más. Mientras el país no dormía, esta selección fue arrancando la celebración como la campeona del mundo al ralentí. Algunos saltos en el césped, gritos de 'campeones, campeones', una cervecita en el vestuario y un bailecito con Laporte como Dj mientras el trofeo iba de mano en mano, de foto en foto. Y eso que todos tuvieron una réplica que les entregó el propio Infantino.
"Todavía lo estamos asimilando. No tenía ningún tipo de emoción cuando ha pitado el árbitro. Era como ¿qué hemos conseguido?, no me lo creía. Cuando lleguemos a España nos daremos cuenta de la locura que hemos hecho", dijo Unai Simón, guante de Oro del Mundial, con un solo gol en contra, el portero que tocó más pelota con los pies que con los guantes.
La gesta mayúscula que ha convertido en eterna a esta generación apenas se notó en las tripas del Metlife de Nueva York. Se posó con la Copa, se cortó la red de la portería donde marcó Ferran, y se vivieron escenas cotidianas de las victorias en este torneo inolvidable. Rodrigo buscó a su pareja en la grada después de acabar un año difícil y ser, como vaticinó Guardiola, el MVP del Mundial. "Hacedle caso a Guardiola, que sabe mucho", gritaba en la zona mixta mientras salía camino del autobús con el trofeo a cuestas. Cubarsí y Lamine se gastaban bromas de adolescentes y amigos. Gavi iba levantando los ánimos de todo el mundo, sin acordarse de la trifulca con Paredes. Hasta Merino bromeaba poniéndose una cerveza en la mejilla con la que sacó el balón a Messi y que lo dejó noqueado.
En el vestuario fiesta, claro, pero comedida. Ducha en champán con una botella gigante que agitó Joan Garcia, fotos con las medallas y más fotos, porque lo que querían todos los jugadores era volver a España en un avión que cogieron casi inmediato. Antes, una cena rápida. Lamine posando encendiéndose un puro -después de marcarse unos pasos a lo Michael Jackson con Nico jaleándole- y Marcos Llorente abriendo una botella de vino de más de 2.000 euros para celebrar el gol de su amigo Ferran. Con Pubill han formado un trío casi inseparable. Todo en una intimidad que rompió Borja Iglesias -que además lo contará casi todo en un documental- cuando a las 21.45 horas salió camino del autobús con un altavoz gigante que movió el jaleo que llevó a, en el autobús, cantar a Bad Bunny y su NUEVAYol.
Todos iban cargados con una réplica en una especial parecida a la que abrió Carlos Alcaraz antes del partido para desvelar la copa original, y también una de Lego. El anillo que la FIFA dará, por primera vez, a los campeones del mundo no lo recibieron todos, pero les llegará en las próximas semanas. De momento, salieron cargados con bolsas con camisetas, pantalones, botas... todo lo que podría acabar en un museo. Quizá no tanto las gafas enormes que llevaba Jeremy Pino, o las de Lamine, que acompañó con los brillantes collares de su cumpleaños y que le copió Nico. Eso sí, la medalla, para su madre, que no se pierda.
Tampoco pasó desapercibido Cucurella, quien más promete en las celebraciones madrileñas, que fue campeón del Mundial de Clubes hace un año en este mismo estadio y que tiene una deuda pendiente: tatuarse la cara de Luis de la Fuente. "Ahora en el avión pediré consejo sobre dónde, porque tiene que ser un lugar visible para que se vea", bromeó el lateral, al que el Real Madrid rápidamente felicitó en sus redes sociales. Su fichaje ha supuesto tener un campeón del mundo. Como el primero que tendrá Extremadura. Pedro Porro recordó ayer, ya con la camiseta puesta con dos estrellas, que pudo cumplir el deseo de su abuelo: "Me dijo 'tráemela a casa, hijo', y estoy deseando de llamarle porque estará muy feliz".
Mientras el desfile de jugadores iba camino del autobús entre cámaras y micrófonos, por una puerta lateral iba saliendo todo el cuerpo técnico y Luis de la Fuente, con una amplia sonrisa por el trabajo bien hecho pero con la misma prudencia. Dijo estar "orgulloso" de "acompañar" a una generación increíble a la que sabe entender y elogiar, como dijo con Ferran. "A quien trabaja cada día, le salen las cosas", reconoció el seleccionador.
"El míster es un fenómeno. Ha sabido manejar los sentimientos de todos, los que más juegan y los que menos", reconoció Unai Simón. El partido, que a veces domina las voluntades de los entrenadores, se le dio para que dos futbolistas como Martín Zubimendi y Éric García no fueran del Mundial sin debutar. Los únicos que se quedaron sin minutos fueron Víctor Muñoz, Grimaldo y los porteros Raya y Joan García. A todos les llegará su momento en una selección voraz que, como dice el seleccionador, siempre quiere más.
Tanto que, según desveló Luis de la Fuente, hubo un veterano que le preguntó al final del partido qué les quedaba por ganar. "Pues el partido de septiembre", le contestó el seleccionador. Será ante Inglaterra, en Wembley, pero antes, fiesta.