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La diversidad también es misión de Estado: un Ejército en camuflaje y luchando por el arcoíris

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"Alguien en quien confiar", "no estás solo" o "somos si apoyamos" son los lemas de algunas unidades de las Fuerzas Armadas españolas, pero le vienen como anillo al dedo a Beldefrac, la Comunidad Arcoíris de Defensa Belga, una organización que desde hace diez años trata de hacer piña entre los militares LGTBIQ+, de guiarlos y acompañarlos en la resolución de problemas y de asesorar incluso a los políticos sobre orientación sexual, identidad y expresión de género. La divisa que mejor les sienta es esa que dice "desde las sombras a la verdad", porque su trabajo es luminoso. 

No se dedican a tramitar quejas en los Ejércitos oficiales o en el Ministerio de Defensa, porque para eso ya hay canales oficiales, que califican de positivos. No presionan ni hacen lobby, sino que están: escuchan, aconsejan, revelan, exponen. Con una premisa clara: si el Ejército es, como debe, un reflejo de su sociedad, tiene que atender a sus miembros, sean como sean, con todos sus derechos. El camuflaje y el arcoíris son absolutamente compatibles. 

La teniente Jesse Arents, responsable de comunicaciones de la organización, atiende a El HuffPost en La Dolores, un local que es una institución en la Bruselas libre y diversa. Acaba de tener precisamente uno de esos encuentros corporativos en los que Beldefrac trata de poner su grano de arena a la hora de abrir los ojos, de normalizar lo normal. A sus 50 años, esta veterana facilitadora de las Fuerzas Especiales que ha servido en misiones internacionales -de Libia a Afganistán, pasando por Níger- explica que ellos dan a conocer las regulaciones gubernamentales a quien todavía no sabe por dónde empezar. 

"Son bastante buenas", asume, "pero no siempre están actualizadas". Cita las normas para personas transgénero, como ella misma, que datan de 2018 "cuando las cosas han cambiado", o el limbo de las personas no binarias, que impiden "realmente ser abierto" si te obligan a elegir entre femenino y masculino o requieren cierto tipo de uniformidad. "Hoy en día, no sería posible identificarte como mujer y, por ejemplo, tener una gran barba", indica, cuando con los empleados civiles del mundo de la Defensa todo está claro. "Hay muchas dudas que los que hemos pasado por ahí podemos resolver, aportando también cotidianeidad y sin eludir lo duro que puede ser", expone. 

Parte de una base que sirve para toda la sociedad: "Si no encajas en el espacio de trabajo o en un entorno laboral, tampoco te quedarás mucho tiempo", entiende. No se puede consentir que sea el género, el sexo o la identidad lo que expulse de los cuarteles y bases a los ciudadanos. "La forma en la que explicamos la diversidad y la inclusión al mundo exterior y también a la dirección de Defensa es simplemente decir que no es que queramos imponernos en su visibilidad y estar ahí a la fuerza. Simplemente, queremos asegurarnos de que todos, cada soldado y civil en la Defensa belga, puedan ser ellos mismos, sin tener estrés y sin tener que esconderse", argumenta. "Lo contrario, es una sociedad más restrictiva", afirma. 

Las ventajas de esa claridad "son enormes", además. "No sólo las personas pueden ser ellas mismas, sin esconderse, sino que tienen más energía para trabajar, más salud mental", algo esencial en una materia tan sensible. 

A la militar no le gusta hablar de qué consejos, así, en genérico, dan en su entidad cuando alguien pide ayuda. "Cada caso es distinto", justifica. Pero, sobre todo, insiste en la necesidad de ver el camino completo para conocer sus retos, sus obstáculos y sus salidas. Concienzuda, explica que sobre todo se encuentran con dos casuísticas diferentes: la de gente muy joven y la de su quinta, la generación X. En medio hay gente "demasiado ocupada construyendo su vida, que tienen hijos, pagan casa y no tienen ni tiempo para sentirse a sí mismos", expone. 

Sobre todo a los más jóvenes, siempre les pide que no vayan demasiado rápido, aunque tengan prisa. "Puede traer muchos arrepentimientos después", avisa, centrándose en la transexualidad. Hay una diferencia entre la realidad y el ideal. "No te estás haciendo la vida más fácil", avisa. "A todos los enviamos a las personas adecuadas, ese no es el problema porque conocemos las vías correctas, pero hay que tener prudencia cuando también se pone en pausa o alteración tu carrera, más aún con los condicionantes que tiene la nuestra". Los más mayores suelen ser personas "asentadas" en sus carreras, que lo tienen todo "bastante bien pensado" y "no tienden a tener remordimientos después". 

Le da muchas vueltas al efecto profesional que tiene salir del armario, que no debería, pero es. "Siempre digo: piénsalo con total honestidad, porque hoy en día todavía influye. Si eres joven y tienes que demostrar lo que vales y tienes que construir tu red de contactos, cuando todo el mundo necesita una red en la vida... Cuando eres joven y tu red es relativamente pequeña, no es tan fácil. Esa red tiene que ser fuerte y radiante para el cambio, para encontrar el camino de nuevo", defiende. Las ideas claras y una base sólida ayudan mucho y, también, "construir una especie de concha para no permitir que te penetre demasiado lo que la gente piensa de ti". 

El mensaje a transmitir es que "no hay que tener miedo a decir que no todo es magia y rayos de sol, no todo es un cuento de hadas" y a recordar que vivimos en comunidad -y pocas comunidades tan compactas como una unidad, una agrupación, una tripulación- y que también esa comunidad tiene que adaptarse a lo que conoce de sus compañeros y a cómo son. En su caso, a unos soldados de pronto el jefe se les trocaba en jefa. No hay fórmulas infalibles, pero sí una orientación general: "Para que las cosas tengan éxito, las personas tienen que acercarse unas a las otras", resume. 

'Machos alfa'

La teniente flamenca explica que entre el 80 y el 85% de las Fuerzas Armadas belgas están compuestas por hombres. Eso hace que para la minoría femenina no sea sencillo hacer valer sus derechos aunque, afina, las lesbianas han tenido algo más fácil el encaje que los gays, históricamente. La idea del macho alfa sigue pensando, afirma con pesar. 

Pone su propio ejemplo. Salió del armario -"rompí mi caparazón", en sus palabras- hace cinco años, por lo que durante 25 años sirvió en el Ejército como un hombre. En ese tiempo, se comportó con ese perfil recio, que dice que se repite en las personas trans en el oficio, que "se esconden ahí". "Mis padres sabían que yo era una persona de tipo trans, pero en ese entonces intentaron una terapia de reconversión. ¿Y cuál era la solución, entonces? Sí, tienes que ser más expresivo aún como hombre. Sobrecompensar más, eso era lo que buscaba. Me hacía sentir bien. Estaba en el Ejército y no tenía que pensar demasiado al principio. Era soldado, todo lo hacen por ti, sólo tienes que escuchar y ejecutar. Y cuando eres joven, eres capaz de hacer eso.  Entonces tenía menos certezas sobre mi feminidad y me fue bastante bien. Pero ese sentimiento no desapareció y con el paso de los años y al hacer operaciones en el extranjero... se despertó algo de nuevo en mí", declara.

Casado y con tres hijos, en 2021 leyó el testimonio de un soldado transgénero en la intranet de su trabajo. Desde Níger, llamó a su esposa y le dijo que quería ser mujer. Ella, nada sorprendida, empezó a ayudarle con el proceso; fue la que le fue diciendo "calma, frena a los caballos". Hoy siguen juntos, toda la familia. "Tengo una esposa de oro", repite varias veces a lo largo de la entrevista. Para sus críos fue más sencillo, porque aprendieron que "lo importante es la persona". También habló con sus jefes y le dijeron que no había problema alguno. La orientaron al servicio psicológico que es protocolario en estos casos, y al que agradece ahora su labor. 

Y ahí estaban ya los cimientos puestos por Freddy Van Eeckhout, hoy al frente de Open@work, y de Beldefrac, presidida hoy por Bart Dewulf, para asistirla en el proceso. "Sabían lo que había que hacer de la A a la Z, porque las primeras normas transgénero en la Defensa belga partieron de Beldefrac. Había un plan que seguir y me lo explicaron. Fue decisivo no sólo con los superiores, porque yo soy un mando intermedio y tenía como a 30 personas a mi cargo a las que también debía informar del cambio. Funcionó bien, no perfectamente, porque hay personas que se opusieron al principio, pero mis expectativas eran que el 90% de la sociedad y del personal se pondría en mi contra, y no, fue al revés", resalta. Y con un 10% en contra, sonríe, ya se puede vivir. "No tengas miedo de las pocas personas a las que no les vas a gustar", aconseja.

Para un militar, como para un carnicero o un ingeniero o un desempleado, desembarazarse de un disfraz es liberador. Más aún si se viene de ejercer el papel de varón poderoso porque así lo manda el cliché, porque hay que demostrar por encima de la media. A Arents se le transforma el rostro al afirmar: "Hoy soy mucho mejor madre que antes, cuando era un hombre emocionalmente ausente, pese a que eso no está en mi naturaleza". Habla de "marcar la diferencia", de querer ser un casco azul influida por guerras como la de Kosovo, de intentar "no volver a tiempos como los que tuvimos con Alemania en la Segunda Guerra Mundial", tan dañina para Bélgica en particular. Todo eso le pesaba para comportarse así. 

Ahora... "A veces mis hijos se molestan porque soy demasiado cariñosa, pero es que antes no lo era. Yo era quien llevaba el dinero a casa, siempre estaba en una misión, iba y volvía", rememora. Sin ataduras, no sólo es mejor en casa, sino en el trabajo. "Si antes no estaba muy segura de mí misma, ahora soy muy abierta y por eso quería ayudar a la gente, por eso entré en esta organización", dice. 

La meta es "hacer del mundo un lugar mejor" para todos, por lo que Beldefrac se suma a causas como la feminista o la antirracista, como dejan claras sus redes sociales. "Cada uno de nosotros es una pequeña piedra", resume la teniente, "podemos ayudar todos un poco, empezando por ayudarnos a nosotras mismas". "Creo que el mundo será realmente grandioso, quizá no en 10 o 20 años, pero sí en 100 o 200", confía. Una de las apuestas de su entidad va en esa línea holística, defendiendo la interseccionalidad, cómo las distintas facetas de la identidad de una persona (como el género, la raza, la clase social, la orientación sexual y la capacidad) interactúan y se superponen. En eso trabajan ahora con Defensa.

"Hoy siento que tenemos un gran apoyo en la Defensa belga", remarca la oficial. Lo tuvieron con la anterior ministra, Ludivine Dedonder, socialista, y lo tienen ahora con Theo Francken, del N-VA, nacionalista y conservador. Arents confiesa que con el actual responsable se llevó "la mayor sorpresa" porque pensó que con su derechismo las cosas podrían retroceder, pero no es el caso, enfatiza. "No lo grita a los cuatro vientos, pero es comprensivo, porque sí se comunica al respecto, pero más discreto", explica. En Bélgica hay más microagresiones que delitos de odio, como ataques físicos -por más que existan-, y no hay "miedo" a caminar siendo homosexual, lesbiana o transexual. Esa apuesta social por la convivencia, entiende, aún se mantiene en los lugares de poder. 

Abierta, defiende incluso "que hay que darle a la gente la oportunidad de cometer errores" cuando cargan contra la comunidad LGTBIQ+. "Deberíamos ser más educativos que represivos. Cuando yo estaba en unidades de combate o en fuerzas especiales, me reía con la gente que se reía de los homosexuales. No me enorgullece, pero pasaba. Aunque fuera en tono de broma, sabía que no debía hacerlo, pero era un mecanismo de protección. Tenemos que aprender, respetar y mirarnos a nuestro propio espejo", insiste. Lo mismo que entiende que una mujer "pueda no sentirse segura con otra mujer en periodo de transición" y se pueda, mientras, buscar soluciones intermedias en baños o duchas, ejemplos que han causado ciertas polémicas en todo el continente. 

Cuando se le pregunta por la oleada reaccionaria, ultraderechista, que recorre Europa, reconoce que está "vigilante". En su entidad, precisamente, están trabajando "muy activamente" en cuestiones éticas, en valores irrenunciables. "Estamos de pie para, como poco, conservar lo que tenemos y no retroceder. En mi opinión, la única manera en que podemos hacer eso ahora mismo es no asomar demasiado la cabeza por encima del cultivo de trigo. ¿Conoces el dicho? Porque es bueno estar en las barricadas y gritar alto y con orgullo. Muy bueno si estás realmente enfadado. Todo el mundo te ve y te oye. Pero el efecto en este momento está jugando en tu contra. Y ahora sobre todo tienes que crear redes de contactos, que hablar juntos".

"Sed fuertes en la guerra", reza otro de los lemas militares españoles. En Beldefrac saben cuál es la batalla que vale la pena dar.