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La última ronda en Venecia: Borrachos y derrotados (***)

· Culture

"Enfermo afectado por un fuerte ataque de desdichas". Cuentan que así describió el médico el estado con el que encontró a Malcolm Lowry poco antes de su muerte. En verdad, el autor de Bajo el volcán murió con el hígado reventado por alcoholismo, pero a todos los efectos, le pudo la tristeza. Con los personajes de La última ronda en Venecia sucede algo parecido. Uno diría que el origen de la insatisfacción que les habita es su estupidez, su debilidad, su inmadurez, y, de la mano de todo ello, su irrefrenable afición a beber. Y, sin embargo y en verdad, la causa es ella misma la consecuencia. A los dos tipos, dos desastres con patas, les puede la propia derrota y, por ello, se muestran estúpidos, débiles, inmaduros y muy borrachos. Sin remedio.

Francesco Sossai, autor previamente de la desconcertante y muy atrevida Altri Cannibali, propone una nueva fábula sobre la amistad masculina. Se cuenta la historia de dos viejos amigos que un buen día se tropiezan con un joven estudiante de arquitectura en principio muy lejos de su mundo y de sus interminables borracheras. Justo en ese momento, los tres iniciarán un viaje compartido por las llanuras venecianas que también es un trayecto a través de todas y cada una de las insatisfacciones de todos ellos, el joven y tercero en discordia incluido.

A medio camino entre la vocación para la perplejidad de Kaurismaki y la sinceridad siempre herida de Nanni Moretti, Sossai se las arregla para componer un afinado y grave retrato del desasosiego que también lo es de los callejones sin salida. Divertida y muy triste a la vez, La última ronda en Venecia acierta a describir los accidentes de una masculinidad acosada víctima de cada uno de sus privilegios e incapaz de asimilar lo estrafalario de su autoindulgencia. La película crece cuando replica y contradice los tópicos de un argumento quizá demasiado manoseado, y duda y pierde el pie cuando se deja llevar por las convenciones de un género que gusta de esa gran cretinez de los borrachos lúcidos. Sea como sea, queda la claridad de la desdicha. Y de la derrota.

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Director: Francesco Sossai. Intérpretes: Filippo Scotti, Sergio Romano, Pierpaolo Capovilla. Duración: 98 minutos. Nacionalidad: Italia.