Larga vida a la vida y a Robbie Williams en la segunda jornada del Bilbao BBK Live
Los autobuses van llegando cargados de asistentes y los que siguen en el camping habilitado ya se desperezan para volver a subir la última cuesta del Kobetamendi. Unos cuantos pasos más y... Todo sigue igual en esta vigésima edición del festival. Los estands ya están equipados, las guitarras ya suenan a través de los altavoces y los escenarios siguen intactos después del día anterior. Bienvenidos a la segunda jornada del Bilbao BBK Live.
Con un cartel de 80 invitados, rodeados de montañas y con una asistencia llena al completo, el festival vuelve a superarse con esta vigésima edición de la cita, que se alargará hasta la madrugada del próximo 12 de julio. Son las 22:30 horas y el escenario Nagusia, uno de los cuatro habilitados en el recinto, se va llenando progresivamente. Es el espacio principal -o, al menos, está es la traducción literal desde el euskera-. Y tiene sentido. Las grandes cabezas de un cartel han montado su espectáculo en este rincón del festival. Después de FKA Twigs y Calvin Harris, es el turno de Robbie "jodidamente" Williams. "El fenomenal", añade. Y Robbie es mucho Robbie.
Está en plena gira tras su último disco BRITPOP y lleva alrededor de 10 conciertos solo en este año. El orden de sus canciones no varía demasiado. Tampoco lo necesita. Sabe lo que funciona y lo explota al máximo. Por eso abre con 'Let me entertain you', una de sus primeras canciones después de salir de Take That, y una premonición de lo que está por llegar.
Con un repertorio kilométrico, varios medleys y covers entre medias y nuevas incorporaciones musicales, el artista británico tiene la mente ocupada durante la hora y pico que dura su actuación.
La de Belle & Sebastian ha sido una muestra de delicadeza, de sencillez, de calma. El espectáculo de Robbie es solo una prueba más de su vitalidad, una que no cambia a pesar de su 52 años. "Esta es mi carta de amor al entretenimiento", dice. Canalla, divertido y feliz de estar vivo, tal y como repite una y otra vez en los versos de 'Love my Life'. Confeti, luces, bailarinas y un show digno de un cabeza de cartel como ningún otro. "Dicen que entretener es hacer sentir algo a los demás. ¿Todavía lo tengo en mí?", pregunta antes de lanzarse de lleno a otro de sus temas más esperados, Rock DJ. Qué descaro, qué chulería y qué talento.
Con esa intensidad vocal, hacer descansos se vuelve fundamental. Unos interludios que aprovecha para charlar de todo y nada, para reírse de sí mismo por el camino. Menciona su película: Better Man (2024), habla de su mujer, sus hijos. A estas alturas, su historia ya no es ningún misterio. No tiene tapujos al rememorar una época oscura que hoy traduce al idioma de la clave de sol.
Con notas musicales, y un carisma para nada impostado, ese artista que cayó en picado y volvió a subir como si de una montaña rusa se tratase, ahora conquista a un público de decenas de miles de asistentes. Una y otra y otra vez. Se oyen gritos, vítores, y hasta sollozos. Y en medio de todo ese mogollón de personas y emociones, una risa sobresale entre todas las demás. Es la de Williams, que ya convierte esa hospitalidad escénica en su identidad musical.
Relight My Fire -"¿esa canción no es de Take That?"- suena enfurecida por los altavoces del Nagusia. Después Something beautiful y Kids. El concierto llega a su ecuador con la promesa de solo mejorar con el tiempo. Williams agradece una y otra vez. En inglés, en castellano. Ríe, salta, conversa. Intercala fragmentos de 'New York, New York', 'Pesonal Jesus' y 'Another Bites the Dust'.
Robbie Williams monta una fiesta como nadie. Y cuando todas las manos están en el aire, con una sonrisa y sin preocupaciones, resulta imposible no emocionarse junto al artista. Por su pasado, por su presente y por su largo futuro. El final se va acercando. El de la actuación, no el de su carrera, porque para ese aún parecen quedarle muchos años. Canta Come Undone, 'She's The One', y regresa con su tema más icónico: Angel. Emotivo, pasional y, en definitiva, mágico.
El británico es honesto, natural. Un tipo carismático, sin duda. Pero también es un talento sin precedentes y el rey de la música para muchos. Llega al BBK Live y lo sacude de pies a cabeza. Cuando el reloj marca la medianoche, está claro que sí, que todavía lo tiene dentro. Él es el rey del entretenimiento.