Las trampas del City complican el legado de Guardiola
Así que el Manchester City hacía trampas. ¡Quién lo hubiera imaginado! Siempre caen los que más fiables parecen. Si el capitán Renault deja de perseguir con denuedo las apuestas en Casablanca, puede pasarse al fútbol. ¡Qué escándalo! ¡Aquí se juega! A falta de conocer si las sanciones son serias o cosméticas, la confirmación de lo obvio con el nuevo rico mancusiano (el viejo aristócrata de la ciudad, el que viste de rojo, despilfarra para perder, que es mucho más entrañable) amenaza dos cuestiones gigantes. Primero, que los Gallagher no lo soporten y me coma las entradas de Oasis para Barcelona. Lo segundo, el legado de Pep Guardiola.
Guardiola es el entrenador más importante del siglo XXI y uno de los más influyentes de la historia. Pero. Toda su carrera ha transcurrido con el viento a favor y, ahora lo sabemos, algunas de esas corrientes de aire no eran naturales. Su obra magna sigue siendo el Barça, donde convirtió un equipo decadente en uno legendario tomando decisiones que hoy son obvias (Busquets, Pedro, Piqué, Ronaldinho, Eto'o), pero entonces parecían locuras de novato iluminado. Eran genialidades. Pero. Negreira ensombrece y, sobre todo, tenía al mejor de la historia. Esa era del Barça es de Messi, no de Pep.
Permítanme que dé el mérito justo a ganar Bundesligas con el Bayern: lo difícil es no hacerlo. Y al City lo subió de nivel, por supuesto, pero cogió un proyecto que ya sudaba billetes y había ganado la Premier con Mancini y Pellegrini, dos buenos entrenadores, pero no Cruyff y Sacchi. ¿Una Champions en 10 años con semejantes medios es suficiente? Por supuesto, pero no es material de leyendas.
Lo cierto es que Guardiola siempre ha ganado siendo favorito, más rico, teniendo al mejor de la historia o todo a la vez. Recurriendo a sus contemporáneos, no ha creado un Oporto de Mou, un Dortmund de Klopp o un Atleti de Simeone, ese equipo de puro autor que logra mucho más de lo que prometen sus mimbres, y ahora su éxito en Manchester queda enturbiado. La caída en desgracia del City coloca un peso que no existía sobre su siguiente paso profesional. Cuando su legado parecía escrito en tinta indeleble, necesita un nuevo capítulo para limpiar manchas. La capacidad es indiscutible, ¿pero le quedan ganas? Esto debería dárselas.