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Libros, buitres y pizza mala: qué dice de nosotros el cierre de la librería más antigua de Madrid

· Culture

Aquello fue uno de esos milagros que le devuelven a una la fe en el género humano. Sobrevivió a la posguerra como una pequeña aldea gala cultural (y republicana) capeando la represión; sobrevivió a la Transición en un barrio absolutamente a la contra de su ideario fundacional; sobrevivió al tsunami horario con el que las grandes superficies arrasaron al pequeño comercio; sobrevivió al libro electrónico; sobrevivió a Amazon, eso sí, con su propia tienda online; sobrevivió a una pandemia que puso la puntilla a las tiendas de barrio: más de 7.000 echaron la persiana en la Comunidad de Madrid. La librería Pérgamo, la más antigua de la capital, estuvo a punto de jubilarse hace cuatro años, pero sobrevivió de manos de un mecenas anónimo movido por el amor. Hasta que la especulación inmobiliaria se la llevó por delante.

Esta semana sus propietarios han anunciado que cierran después de 80 años. No les renuevan el contrato de alquiler. Dice el dueño del local que no son «las personas más apropiadas» para continuar explotando un enclave privilegiado.

Ser librero en Madrid se ha convertido últimamente en profesión de riesgo, si es que algún día no lo fue. A principios de año, la emblemática Tipos Infames, punto de encuentro lector en el barrio de Malasaña, cesó su actividad: «Lamentablemente, la gentrificación nos ha podido», alegaban. Hace apenas unos días, otro histórico librero capitalino ponía fecha de fin a El Aleph, ese caótico rincón bibliófilo que nació con el cambio de siglo en Argüelles. El 80% de las librerías de Madrid están amenazadas de muerte, según datos del gremio.

«Hemos caído nosotros ahora, pero podrán caer otras, es muy frustrante», auguraba Pablo Cerezo, que junto a María Treviño rescató Pérgamo de convertirse en una pizzería en 2022. Raúl Serrano, represaliado por el franquismo, fundó la librería en los años más férreos de la censura después de que lo desposeyeran de su plaza como profesor de Lengua y Literatura en la Universidad Complutense. La librería ha cerrado todos los 14 de abril religiosamente desde entonces, a modo de homenaje.

Sus hijas Lourdes y Ana se rindieron a una jubilación tardía a sus 80 y 72 años, respectivamente, y al local le salieron muchos novios amantes de la comida rápida. Un cliente de toda la vida con posibles llegó entonces al rescate y puso al frente del negocio a gente joven que pudiera mantener vivo el legado de su fundador. Ah, pero la pela es la pela y el buitre no entiende de «oasis de la palabra impresa».

«Con el ánimo intacto de la vieja madera de sus estantes, Pérgamo es un bosque en el que se habla de libros», se presenta a sí misma una librería que ahora busca un nuevo enclave para dejar crecer sus hojas. Madrid se ha propuesto acabar con su propia historia, falta saber si habrá estómago para tanta pizza.