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Los terremotos, una prueba de fuego para la gestión y el apoyo mundial de Delcy Rodríguez

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24 de junio de 2026. La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, pasaba revista a las tropas, de gala, para festejar el 205º aniversario de la batalla que selló la independencia nacional, la de Carabobo. Estaba radiante en su máximo papel institucional. Unas horas más tarde, la tarde le tenía preparados dos terremotos, de 7,2 y 7,5 grados de magnitud, y la catástrofe natural se convertía en el mayor reto de gestión de su corta carrera, que pone a prueba, de paso, su legitimación internacional. Por ahora los muertos suman 164 y los heridos se acercan al millar. Los daños materiales son aún imposibles de cuantificar ni de forma provisional. "Llamo a la calma y la unidad", dice la mandataria. 

La chavista era la vicepresidenta del país caribeño hasta que, el 3 de enero pasado, Estados Unidos lanzó una operación militar y de inteligencia con la que se llevó detenido al mandatario de entonces, Nicolás Maduro, y a su esposa, la abogada Cilia Flores. Ambos están ahora procesados por narcoterrorismo en una cárcel de máxima seguridad de Manhattan. La operación, que desató el pánico inicial entre la élite venezolana, dio paso a una intervención directa de la Casa Blanca. Nadie suponía en las primeras horas que la número dos iba a amansarse, a encajar el golpe y a cooperar con el Gobierno de Donald Trump, que hoy la llama "amiga" y le ofrece su ayuda ante la catástrofe. Desde el Despacho Oval nadie ha vuelto a decir que su mando es "ilegítimo". Es la presidenta y ya.

Horas después del ataque, Trump anunció públicamente que trabajaría con ella y, con los días, le ha dado palmadas en la espalda: dice que lo hace "muy bien". Días más tarde, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) venezolano avaló su mandato, interpretando la jurisprudencia para eximirla de convocar elecciones inmediatas, abriendo la puerta a que permanezca en el cargo hasta el fin del periodo constitucional en enero de 2031. Como destaca Michael Shifter, analista del Inter-American Dialogue (Diálogo Interamericano), "Rodríguez ha acabado por ser más hábil de lo que muchos observadores esperaban para consolidar su posición como presidenta en funciones de Venezuela". Lo afirmó en un análisis de su tanque de pensamiento, con sede en Washington, publicado el pasado día 12, a varias voces, que irán apareciendo a lo largo de este artículo. 

En estos meses, Rodríguez ha defendido la libertad de Maduro, pero sin generar conflicto con su carcelero. En un movimiento sibilino y de suma inteligencia, se ha sabido garantizar un círculo cercano leal, eliminando a posibles críticos y modificando estructuras de poder para adaptarlas a la nueva era. También se ha acercado al Ejército, garante de la seguridad, que tampoco se le ha desmandado, que se mantiene fiel. 

Hasta ha logrado que Trump cree un cortafuegos que la protege del azote de la oposición antochavista: no hay elecciones a la vista, nadie sabe cuándo las habrá, pero las voces críticas han tenido que contentarse con confiar en la promesa de EEUU de que se celebrarán un siglo de estos y con reclamar que las cosas se aligeren. Por ejemplo, la liberación de presos políticos arrancada por Washington a Caracas: la organización de derechos humanos Foro Penal ha contabilizado más de 800 recluros que han salido hasta junio, pero quedan al menos 1.100 más entre rejas. 

Rodríguez tiene a Trump de su lado, recibe a sus diplomáticos y hasta a personal de inteligencia y se plantean acuerdos petroleros conjuntos (muy jugosos para EEUU) y reformas a las infraestructuras del sector para extraer hasta la última gota de petróleo con calidad. Eso hizo que, apenas cinco días atrás, el republicano afirmase: "Venezuela es un país feliz". Qué lejos de la realidad de entonces y qué lejos de lo que vive ahora.

Apertura económica, pero con tutor

Para complacer a Washington y estabilizar una economía asfixiada, Rodríguez ha impulsado reformas de calado en el país. Entre ellas, destaca la modificación de la Ley Orgánica de Hidrocarburos por parte de la Asamblea Nacional, controlada por el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). La nueva legislación ofrece mayor autonomía a las multinacionales occidentales y flexibiliza el régimen fiscal, lo que ha permitido elevar la producción petrolera a niveles de 2018.

A cambio, el Departamento del Tesoro de norteamericano emitió licencias generales que levantan restricciones operativas a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), aunque bajo una estricta condición: los fondos de las ventas de crudo son depositados en cuentas supervisadas por Washington. 

Rodríguez también ha cedido a las presiones norteamericanas permitiendo gestos de soberanía estadounidense que han incomodado a los sectores más radicales, como el aterrizaje de aeronaves militares Osprey en la embajada estadounidense en Caracas o la extradición a EEUU del empresario Alex Saab, aliado clave de Maduro, su testaferro y, parecía, hombre intocable. 

Ante esta situación, algunos analistas ven el mandato de la presidenta supeditado al exterior. Julia Buxton, profesora de la Universidad Liverpool John Moores (Reino Unido), lo afirma de manera tajante: "El nivel de apoyo para Delcy Rodríguez, ya sea público, militar o de las élites, es irrelevante. La presidenta es mantenida en el poder por EEUU". 

El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, ha definido la estrategia estadounidense en el país caribeño bajo un esquema de tres fases bien delimitadas: la de estabilización (para evitar el colapso del orden interno mediante el control de los ingresos petroleros), la de recuperación económica (con la apertura total a la inversión privada de empresas occidentales) y la de transición política (un proceso final de reconciliación nacional). 

Pese a los llamamientos occidentales a un proceso democratizador pleno, Rodríguez ya ha dejado claro que evitará la celebración de elecciones, en los términos justos y competitivos que ya no puede soslayar. Se escuda en los tiempos del cambio de era. Sólo lo hará realmente si la reactivación económica mejora las expectativas electorales del PSUV, su partido. El panorama a largo plazo sigue siendo incierto: "Sin la inclusión de todas las partes interesadas, incluyendo a las masas, la sociedad civil y la oposición, la condición del Estado venezolano sigue siendo precaria", recuerda la profesora Jennapher Lunde Seefeldt, de la Augustana University (Dakota del Sur, EEUU).

Mientras tanto, continúa buscando socios internacionales alternativos para diversificar apoyos, emprendiendo giras de inversión hacia países como la India y Turquía, estas últimas semanas. Liberada de las sanciones estadounidenses, Delcy Rodríguez, la elegida por Trump, ha estado viajando por el mundo y ahora se presenta la necesidad de ayuda internacional por los terremotos. Los países la están ofreciendo en masa, de los vecinos americanos a los grandes estados europeos (España entre ellos), dejando aparcadas las diferencias sobre la legitimidad del Ejecutivo o los colores políticos. 

EEUU ha sido de los primeros en tender la mano. "He instruido a todas las agencias de nuestro gobierno para que se preparen y actúen con rapidez. Estaremos allí para nuestros nuevos y grandes amigos. ¡Los primeros informes no son buenos!", escribió Trump en sus redes sociales, en términos claramente elogiosos con el Palacio de Miraflores. Hasta hace medio año, no había cooperación entre los dos Ejecutivos. 

A nadie se le escapa que ahora Washinton no quiere, precisamente, que se hunda en la miseria un país del que está sacando petróleo, literalmente. Pero es que la ayuda tomará forma de medios, de desplazamientos, de alojamientos, de despliegues, de inversiones, de movimientos bancarios y diplomáticos, hasta militares. Parece que las reticencias al chavismo que la presidenta representa se han ido diluyendo por arte de magia trumpista, pero está por ver, más allá de la solidaridad, en qué grado se coopera con Caracas. 

Ella no puede, por su parte, hacer ascos a nada: sobre su crisis prolongada, con inseguridad alimentaria, un sistema de salud debilitado y más de 7,7 millones de personas que han emigrado en la última década, no parte más que de carencias que limitan su capacidad de respuesta ante este desastre de gran magnitud.

El frente interno: el chavismo...

Esta pragmática inclinación de la mandataria hacia el libre mercado y la coordinación con la Administración Trump es vista por la vieja guardia del aparato bolivariano como una traición. La profesora Seefeldt subraya que la postura de Rodríguez "deja a muchos partidarios sintiéndose traicionados y vendidos como garantía para un estado administrativo neoextractivista estadounidense". La purga apartar a figuras desleales y coloca a sus aliados en puestos clave. Por ahora no se ha dado una rebelión interna tal que ponga en peligro su reinado. 

El principal desafío interno para la presidenta proviene de alguien que tiene muy cerca aún, el actual ministro del Interior, Diosdado Cabello, quien retiene una vasta influencia sobre el aparato de seguridad del Estado y los grupos civiles armados proGobierno, y cuyos sectores perciben el acercamiento a Washington como una amenaza directa a su supervivencia. Y, aún así, sigue dentro. 

Los analistas coinciden en varias conclusiones sobre este comportamiento: una es que no quiere entrar en una lista negra con consecuencias, no ya de Caracas (que es de por sí peligroso, como saben los presos políticos, los desaparecidos y los exiliados), sino de EEUU; otra, que siempre es mejor estar dentro del poder para saber, mirar y tomar el pulso. La última, que de cerca se dan mejor las puñaladas, si tercia. 

A pesar del malestar en las bases y del recelo militar, la coalición chavista no se ha quebrado debido al temor compartido de perder el poder por completo y a la continua fragmentación de la oposición, también. Una cosa es haber acudido juntos a las elecciones, las de junio de 2024 las últimas, bajo unas mismas siglas y un mismo candidato como Edmundo González Urrutia (supliendo a María Corina Machado, a la que el oficialismo no dejó presentarse) y, otra, pensar y sentir igual ante el proceso de transición que ahora se aborda. 

La líder opositora, en redes sociales, ha pedido "la fortaleza, la serenidad y la solidaridad prevalezcan" ante este "difícil momento", tras los seísmos. "Que Dios proteja a cada venezolano, a nuestras familias y a nuestros hogares. Hoy, más unidos que nunca", escribió, en un sucinto mensaje. 

... y el descontento

Como decíamos, Trump se felicitó la semana pasada de que Venezuela "se ha convertido en un país feliz" gracias a los ingresos provenientes del nuevo comercio con EEUU. Según el banco central de Venezuela, en los primeros cinco meses de este año ingresaron a la economía venezolana alrededor de 5.500 millones de dólares, un aumento del 44% con respecto al mismo período del año anterior. 

Pero tras este relato, y más allá del chavismo, está la gente, la calle, los venezolanos, que no lo acaban de sentir. El Gobierno "tiene crecientes dificultades para satisfacer las expectativas contrapuestas del pueblo venezolano, los inversionistas extranjeros y los funcionarios estadounidenses", como resume el New York Times en un artículo que vio la luz apenas horas antes de que la tierra temblase en el norte del país.

El reportaje, viralizado aún antes de la tragedia y cuyo alcance se ha multiplicado desde entonces, dice que estas tensiones "ponen de manifiesto el desafío fundamental del plan autoritario de Washington para crear un protectorado rico en recursos en Venezuela" tras la captura de Maduro. Cita, por ejemplo, la "corrupción crónica", que parece que Washington va a empezar a revisar, pero también el descontento de unos civiles que no llegan a fin de mes. 

Un informe de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) sostiene que el 68,5% de las familias venezolanas viven en la pobreza, mientras que el 31,7% se encuentra en situación de pobreza extrema, con ingresos "insuficientes incluso para garantizar el acceso regular a los alimentos". La inflación anual, aunque en descenso, se mantiene como la más alta del mundo, con un 524%. Los salarios han aumentado (ya estaba pasando lentamente al final del tiempo de Maduro), pero siguen siendo míseros, insuficientes. 

La moneda venezolana, el bolívar, ha continuado su depreciación desde que Rodríguez asumió el poder, pero es que el bolívar ha sufrido tres eliminaciones de ceros (en 2008, 2018 y 2021), acumulando una pérdida de confianza histórica que ha derivado en una dolarización transaccional de facto. Difícil losa que levantar. "Que vengan aquí tres meses sin guardaespaldas y luego vayan a un supermercado a ver si esto ha mejorado", resume al diario norteamericano un señor llamado Álvaro Espinoza, de 56 años, joyero de Los Teques, refiriéndose a los funcionarios estadounidenses. "Todo es una mentira", concluye.

El lento ritmo de la recuperación económica está poniendo a prueba la paciencia de los venezolanos con su presidenta y eso hace que su índice de popular sera del 25% (según el dato más reciente, de mayo). Ha bajado tres veces consecutivas desde que juró el cargo, sostiene la encuestadora brasileña AtlasIntel en un sondeo para Bloomberg News. EEUU trata de calmar los ánimos, con declaraciones al más alto nivel, como el secretario de Estado, Marco Rubio, dijo en una entrevista con Fox News: "Estamos tratando de normalizar la situación (...). Por primera vez en más de una década, la riqueza del país está beneficiando realmente al pueblo venezolano, pero aún queda mucho por hacer". Su defensa es que hace falta tiempo. 

Se aferran, por ejemplo, al dato de la inflación, que se mantiene en niveles sumamente elevados, pero empieza a frenarse: acumula una tasa interanual que oscila entre el 524% y el 676% hasta mayo de 2026, dependiendo de las fuentes, pero altísima en cualquier caso. Tras un fuerte repunte que cerró el año 2025 con una inflación oficial del 475% (la más alta del mundo en ese periodo), los meses más recientes muestran una ligera ralentización en el ritmo de incremento de los precios. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el año pasado Venezuela registró el alza de precios más alta del mundo.

Trump ha levantado las sanciones personales contra Rodríguez, pero ha mantenido en gran medida las sanciones económicas generales contra Venezuela. En su lugar, ha otorgado exenciones especiales a las empresas interesadas en hacer negocios allí. Los inversores, en este ten con ten, van informándose de la nueva ola. Varias grandes corporaciones han firmado acuerdos de inversión preliminares, pero ninguna empresa se ha comprometido públicamente a invertir capital significativo en Venezuela, por ahora. 

Los esfuerzos de la presidenta por aumentar la producción petrolera también están ejerciendo presión sobre la deficiente red eléctrica del país. El Gobierno debe elegir entre destinar recursos escasos para mantener el suministro eléctrico en sus yacimientos petrolíferos o en los hogares venezolanos. Los terremotos van a complicar muchísimo las cosas si no llega ayuda externa. Y habrá que ver con qué servidumbres llegan esas ayudas. Las calles pueden no soportar más los cortes de luz, que han empeorado en estos meses. Se unen dos problemas: el mayor gasto del sector petrolero y la sequía. El resultado es que falla un servicio esencial, clave también para la salud pública, por ejemplo, por la potabilización de aguas. 

También pesa la sensación permanente de que son otros, y no los venezolanos de a pie, los que se llevan la riqueza de su tierra. Bajo Maduro, su riqueza petrolera se repartía entre un grupo de oligarcas aliados, familiares y generales. Hoy, en una nueva red más formal de grandes bancos y sus clientes corporativos. Mismo perro, distinto collar, al final es un grupo de privilegiados con los que no mejora el bienestar general. 

Aunque no tienen el nivel de las protestas de la disidencia cubana del pasado, en estos meses también hay protestas contra el régimen. Durante los primeros cinco meses de este año (o sea, los cinco primeros meses de Rodríguez al mando), se registraron cerca de 20 protestas diarias, aproximadamente el triple que en los primeros cinco meses de 2025, según el Observatorio Venezolano de Conflictos Sociales, una ONG que monitorea la situación.

Los problemas de Venezuela persisten sin Maduro. Con este nuevo golpe de la naturaleza, han empeorado. De la respuesta de emergencia que den Rodríguez y su equipo y del apoyo que reciban dependerá su estabilidad inmediata.