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Luis Miguel Dominguín, de Greta a Lucia, de Ava a Romy... Jo, macho

· Culture

Lo que siguen son unas líneas publicadas por la revista ¡Hola! en 1983 y firmadas por el torero Luis Miguel Dominguín:

Peter Viertel, el marido de Deborah Kerr, me llamó al hotel en el que me hospedaba y me dijo:

-Está en casa Greta Garbo. Te quiere conocer.

-Tengo un compromiso para cenar esta misma noche. No puedo deshacerlo, me vendrán a buscar a una hora determinada.

Entonces, Peter me pidió que, por lo menos, fuese a tomar una copa con ellos.

-Greta Garbo está interesadísima en saber cómo es el hombre capaz de enfrentarse a un toro.

De pronto me vi ante La Divina. Era como una aparición. Cuando se ponía seria, su cara resultaba muy especial y representaba más años de los que en realidad tenía. En cambio, cuando se sonreía, aparentaba la edad de una muchacha de 20 años. Ella me observaba constantemente. No disimulaba su gran curiosidad. Al fin, fijándose en mí, un poco tímidamente, por cierto, me preguntó:

-¿Puedo?

Y, alargando una mano, me tocó el brazo derecho. Después palpó ambos brazos y las piernas. Volvió a decir:

-Con este brazo. ¿Se puede matar a un toro?

-Sí

-¿No hace falta tener mucha fuerza?

-Para torear, como para hacer el amor, no hace falta fuerza sino habilidad e imaginación- le respondí.

-¿Sólo eso?

-Bueno... Y otra cosa que no has tocado.

[...] Tuve que despedirme a pesar de que Peter insistía en que me quedara a cenar.

Llegados a este punto, el lector de las memorias breves de Luis Miguel Dominguín necesita un respiro. ¿O sea que estuvo Greta Garbo haciéndole cantos de sirena a Dominguín y este dijo al principio que "qué pereza, ¿no?" y después se despidió con un "chao, chao, lo siento, me esperan, encantado, eh"?

Me enamoré de un(a) español(a) se llama esta serie de textos que consiste, se supone, en explicar que el nombre de España fue, desde la Carmen de Bizet hasta la Melanie de Banderas, una invocación al enamoramiento y la pasión para miles de europeos y estadounidenses un poco inocentones. Luis Miguel Dominguín estaba apuntado en ese guion para explicar el papel del mito del torero como imán erótico, para especular con Eros y Tanathos, con la ambigüedad del traje de luces, de la coleta y de tantos atributos del torero que son masculinos y femeninos a la vez y para nombrar a Mario Cabré y a Rodolfo Valentino en Sangre y Arena. Ese tipo de cosas.

Pero es que la fuente histórica, esas memorias erráticamente transcritas en ¡Hola!, es tan abrumadora que las teorías sobran. Basta con la enumeración de los hechos narrados. Un resumen: la noche en la que Dominguín dejó Greta, conoció a una actriz mexicana llamada Miroslava Stern. "Estaba muy influida por mi fama de antimejicanista y se comportó muy secamente conmigo", escribe Dominguín. Ni idea de a qué fama se refiere pero no debió de ser para tanto porque al día siguiente se volvieron a ver. Después, Stern pasó por España pero lo que conoció fue "poco más que mi finca de Villa Paz". Le pidió dinero, le regaló media moneda de oro (la otra media se la quedó ella), se fue a Venecia, volvió a México y se suicidó. Y, entonces, llegó una transferencia a la cuenta bancaria del torero. Stern le devolvía el préstamo póstumamente. Lucía Bosé, que ya era la legítima de Luis Miguel, le hizo una broma: "Sólo te falta que se te suiciden las chicas". Dominguín se lo tomó mal. Hay dos descortesías que da pena en el texto de ¡Hola!: Uno, Dominguín dice que Stern había nacido yugoslava antes de criarse en México. Pues no, era checoslovaca. Y dos, en el reportaje aparecen dos fotos de Stern muerta, en la cama. .

Más: en el reportaje de ¡Hola! hay otra serie de fotos de Romy Schneider en una corrida de Dominguín. Parece que está en un parque de atracciones. Dominguín recuerda a Schneider como a una amante-odiante, alguien con quien yacer era como ir al ring. Schneider se había suicidado en 1982. Rita Hayworth y Lauren Bacall aparecen por ahí con papeles de poco brillo: son poco más que dos pesadas. Brigitte Bardot luce aún menos. Dominguín dice que olía regular y que se le plantó en el hotel cuando todavía no era famosa. Mientras, el torero deja caer citas indescifrables de Ortega: "Cada paso que damos, pisamos cien senderos distintos".

Y llega por fin a la secuencia Ava Gardner/Lucia Bosé. De nuevo, lo mejor es transcribir el texto original:

A comienzos de nuestra amistad vivimos una temporada en Villa Pa', mi finca de Cuenca. Nos avisaron porque Frank Sinatra acababa de llegar a Madrid y la buscaba. Se le dijo que ella estaba en casa de un amigo en común, Pedro Gandarías, y que volvería enseguida. Salimos urgentemente hacia Madrid. Disponíamos de muy poco tiempo para evitar el escándalo. Metimos las maletas por el balcón de su casa y yo me fui a dormir. Una hora después se presentó Sinatra con Ava. Me venían a invitar a cenar y después, a un flamenco. [...] En el clima más amable nos fuimos los tres al tablao La Capitana, de Pastora Imperio. Después de cantar 'Extraños en la noche', Frank se quiso retirar porque estaba cansado. Serían las cinco de la mañana cuando él se fue y Ava siguió escuchando flamenco. Los dos juntos fuimos a la casa de Lola Flores a desayunar. Llegó a su casa sobre las diez. No he vuelto a ver a Sinatra. Con Ava conviví dos años, en España, Estados Unidos e Italia. Una noche, estando en Roma, Ava me dijo que nos había invitado Walter Chiari para que fuésemos a cenar con él y con su novia.

-Es una chica muy guapa, comentó Ava.

-Bah, no será para tanto, le respondí.

[...]

-¿Sabes por qué me he negado a cenar con ellos? Porque la novia de Walter es la única mujer que yo nunca te presentaré en mi vida.

La novia era Lucia Bosé, claro. Lo que siguió fue un juego de depredador y víctima.

[Lucia] se puso colorada como un tomate. Se le notó enseguida, en su cara, que conocía sobre mí más de una leyenda negra. Que debía cuidarse de Dominguín en España. Que yo había estado con Ava Gardner en Roma, que era "un comemujeres". Me dio la mano, lánguidamente, como la dan las monjas, y precipitadamente, balbuceó:

-Ah, usted es el que torea estos bichitos con cuernos a los que llaman toros.

-Sí, y a los novios de las mujeres guapas como usted.

Sólo queda añadir dos palabras: joder, macho. Y un apunte: 1983, el año de la publicación de ¡Hola!, es el año de Made in Spain, el disco en el que Miguel Bosé aparecía retratado por Andy Warhol. La obsesión erótica por el hijo del torero se dirigía hacia su punto más alto.