Miguel Rellán: "El Gobierno no ha querido saber nada de la vivienda hasta que todo ha explotado. El PSOE no es izquierda, es centroderecha"
Miguel Rellán (Tetuán, 1943) es una leyenda, pero él se resiste porque los años le han aclarado las prioridades: "Lo único que merece la pena en esta vida es ser buena persona". Por eso, se ha convertido en embajador de Acción contra el Hambre de cara al Día Mundial de la Alimentación y, este viernes 16 de octubre, será el maestro de ceremonias de ‘Historias que nutren’, una función especial en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
- ¿En qué consiste el evento?
- El objetivo es acercar la realidad del hambre y del trabajo humanitario a través de historias reales contadas por sus propios protagonistas. Varios cooperantes subirán conmigo al escenario para contar sus experiencias en Gaza, Sudán, Malí o la Dana de Valencia. También habrá música en directo y afrontaremos de un modo menos académico una pregunta que me frustra: ¿cómo es posible que tantas personas sigan muriendo de hambre y cómo puede darle igual a tanta gente? El maravilloso hombre blanco ha esquilmado África, desde las minas de diamantes de Sudáfrica hasta las del Rif, y ¿ahora no queremos que vengan? ¿De verdad no podemos hacer más? ¿Cómo es posible que les llegue sin problemas un kaláshnikov y no así la comida?
- ¿Somos una sociedad cada vez menos solidaria?
- No sé cómo se puede medir, querido, pero yo soy optimista por genética aunque me lo ponen difícil en estos tiempos, y conozco mucha gente maravillosa y solidaria. Lo que pasa es que lo positivo hace muy poco ruido. Conozco un grupo de voluntarios que van a acompañar a niños terminales abandonados, senegaleses y marroquíes, para que no mueran solos y eso no sale en ningún sitio. Hay un montón de gente solidaria que no hace ruido y sería cuestión también de ver por qué, reflexionar sobre dónde decidimos centrar la mirada. Le pasa igual a este Gobierno del que dicen que es muy progresista, cosa con la que no estoy de acuerdo porque sostengo que el PSOE es de centroderecha, pero a veces hace cosas que están bien y no lo lucen.
- ¿Qué tipo de cosas?
- Cuando Pedro Sánchez se va a Europa y consigue, después de 48 horas peleando, la excepción ibérica para la luz, lo venden fatal, lo dicen poco y sin convencimiento. Coño, si estamos pagando la luz mucho más barata gracias a este señor, la gente debería tenerlo claro. Pues con las organizaciones solidarias y toda la gente que ayuda al prójimo desinteresadamente, sucede lo mismo: seguramente tengan que venderse mejor.
- Para cierta parte de la sociedad, las ONG están ahora bajo sospecha.
- Sí, que están politizadas, que son chiringuitos… Y en la inmensa mayoría de casos no es cierto, pero mucha gente se lo cree y ante eso no hay nada que hacer. El bulo, la falsa noticia o como quieras llamarlo ha venido para quedarse y vamos a tener que pelear mucho para que no lo ensucie y lo arrase todo. Bulos siempre ha habido, pero ahora, con las redes y empresas que se dedican directamente a fabricarlos, cada vez es más difícil para el ciudadano saber lo que es verdad y lo que es mentira. Ahí apelo a la responsabilidad individual, al contrastar y confirmar aunque dé pereza, porque estamos muertos si no.
- ¿Qué te empuja a seguir implicándote en cuestiones sociales?
- Como dice el topicazo, buena pregunta, me la tendría que hacer yo también [Rellán medita unos segundos]. Nos contesto a los dos. En primer lugar porque tengo dos alergias. Una es a la burocracia. No la entiendo. Mi amigo Beto Brandoni me dijo: "Es que ellos emplean una lógica que vos no empleás, necesitas tres". Cuando estudiaba Medicina me matriculaba siempre tarde porque me faltaba un papel, una instancia o paciencia. Y también soy alérgico a la injusticia por pequeña que sea. Me saca de quicio. No soy Superman y no soy violento, pero ya he podido dos veces con un tío más grande que yo porque estaba pegando a una mujer en el metro. Me vuelvo loco, me lo como, me transformo como Hulk y le pego una patada en los huevos. Por eso no puedo evitar implicarme. Por eso y porque, además, yo no sé hacer nada. No sé hacer este vaso ni estas gafas. Si puedo ver es porque alguien se ha molestado y ha trabajado en ello. Entonces creo que tengo la obligación de aportar algo a la sociedad y no ser un parásito.
- Bueno, no te hagas de menos. Hacer reír o emocionar a la gente es algo valioso.
- Yo empecé en el teatro independiente para cambiar el mundo y con el tiempo comprendí que el mundo no se cambia desde el teatro, pero el arte sí cambia personas… si quieren cambiar. No consiste en leer, consiste en lo que haces con lo que lees. Me jode mucho la gente que pasa por este mundo pensando: "Yo hago lo mío. Mi whiskicito, mi gambita, mi siesta y que le den por culo al mundo". No, muchacho, no. Algo tendrás que hacer. Por eso me gusta ver a tantos jóvenes acampados en Sol por la vivienda tras el desahucio de Maricarmen. Aparentemente, la gente está reaccionando. No sé si estarás de acuerdo, pero los españoles somos muy raros. Tragamos con carros y carretas y, de golpe, hay algo que nos enciende y se lia. Por ejemplo, el rey emérito que le ponía los cuernos a la reina todo el tiempo y nadie se escandalizaba, pero no sabemos por qué, con lo de Botsuana dijimos: "Hasta aquí hemos llegado". Con la vivienda ha pasado lo mismo. Hemos aguantado mucho una situación insoportable, que es el gran problema de este país y de Europa, y de golpe un día…
- ¿Crees que servirá de algo?
- Al menos, ha puesto el problema en el primer plano informativo. Desde el momento en que se permite la especulación con la vivienda, que es un bien necesario, apaga y vámonos. La especulación inmobiliaria ha movido este país los últimos 40 años y ahora lo pagamos caro. Creo que no tiene solución porque tendrían que ponerse de acuerdo Gobierno, oposición, sindicatos, constructores y ciudadanos y ni siquiera mi optimismo natural llega a tanto. Además, otra cosa que me fastidia es que nos hacen especuladores a todos porque si yo compro un piso con mi pareja, tengo dos hijos, se me queda pequeño y quiero mudarme, lo tengo que vender especulando porque, si no le saco un precio muy elevado, no me puedo comprar otro. Es una trampa perversa.
- Como hombre de izquierdas, ¿te ha decepcionado el Gobierno con este asunto?
- Claro. El famoso artículo 47 de la Constitución dice eso de que todo ciudadano tiene derecho a una vivienda digna, pero es que después continúa y explica que el Gobierno regulará para impedir la especulación. Ja, ja, ja. El Gobierno no ha querido saber nada hasta que esto ha explotado. ¿Por qué? Ya te lo dije antes, porque no es de izquierdas. ¿Ha puesto a la Iglesia en su sitio? No, no ha hecho nada. La mitad de Chamberí, donde yo vivo, es suya, y sigue sin pagar el IBI de casi nada. No se han atrevido. No me cabrees [risas].
- No es mi intención, pero no puedo prometértelo. Naciste y viviste hasta los 20 años en Marruecos, en Tetuán, ¿cómo valoras todo lo que está pasando en Ceuta?
- Se me escapa. Tengo muchas preguntas y pocas respuestas. Necesito que alguien me explique la actitud del Gobierno con Marruecos porque no la entiendo, como ya me pasó con Venezuela: "Maduro es un dictador, pero no os metáis mucho con él porque allí están Endesa, Iberdrola y medio IBEX". En Marruecos también están todos y piden lo mismo: "Por favor, con Mohamed VI llevaros bien que nos jugamos mucho dinero". Esto por un lado, por otro: ¿es verdad que, con la ayuda de su amigo Trump, Mohamed quiere hacer el Gran Magreb y quedarse con Mauritania y otros vecinos? El Sáhara ya se lo hemos dado, que es una vergüenza, y nadie ha dicho nada. ¿Por qué? ¿Cuál es la intrahistoria? Si nos lo explicaran y no nos tratasen como tontos…
- No parece inminente.
- No, no. Como no se entiende desde ninguna mirada el mes que estuvo sin hacer nada el Gobierno en Ceuta. ¿Cómo que no sabía la inteligencia española que se estaba preparando esa entrada masiva? Un poco más y lo sabía yo, sólo estando en las redes. Y en Marruecos no se mueven 80.000 personas sin que lo sepan sus autoridades. Es todo bastante incomprensible Y, luego, el problema se agrava porque no seremos racistas, pero lo disimulamos bien.
- ¿Por qué?
- Todo habría sido más rápido si el resto de España hubiera colaborado, pero nadie quiere acoger a estos inmigrantes concretos. Con la guerra de Ucrania, han aterrizado por aquí unos 60.000 ucranianos, pero son rubios; también casi 300.000 venezolanos, muchos de ellos gritando "Pedro Sánchez, hijo de puta", que a la derecha le parecen fenomenal, y al moro rico le abrimos la joyería de Puerto Banús a las tres de la mañana para que se compre lo que quiera. El problema es el pobre.
- ¿Cómo mantienes el optimismo con todo esto?
- Porque creo que ser pesimista es reaccionario. "No hay nada que hacer, el mundo es una mierda, vamos a pedir otro café". No, hombre, no. Vamos a hacer algo, intentarlo al menos. ¿Por qué? Porque la historia demuestra que a veces se logra. Voy siendo mayor y he visto que cuando se aprobó el divorcio se quería matar a Fernández Ordóñez, lloro de emoción cuando veo el Congreso lleno de mujeres; he formado parte de la Junta de Gobierno del Ateneo y durante dos siglos había habido dos mujeres, Clara Campoamor y Emilia Pardo Bazán, que era lesbiana y la llamaban de todo... Todo eso decían que era imposible y, al final, la mujer vota, se casan los homosexuales, la jornada laboral es de 8 horas y no pasa nada. Claro que es posible mejorar el mundo. Además, los ciudadanos somos muchos más que los políticos y, como nos pongamos y quememos el Palacio de Invierno, ya verás [risas].
- Igual te pilla liado porque sigues trabajando a un ritmo de locos.
- Sí, tengo mucha suerte y muchas ganas. Soy un loco de la música clásica y Daniel Barenboim decía: "No he trabajado en mi puta vida, me dedico a tocar el piano y me pagan". Lo suscribo en mi caso. Me dedico a jugar. Ahora voy a hacer una película con Álex de la Iglesia en la que me visten de canciller austrohúngaro y me puedo poner un monóculo. ¡Es fantástico!
- ¿No te agobia que se vaya acabando el tiempo?
- No, aunque últimamente paso etapas melancólicas que, como decía Baudelaire, triste puede estar cualquiera, pero melancólico es una categoría superior [risas]. No sé por qué, imagino que influye que va pasando el tiempo, pero me lo sigo pasando bien, tengo muchos proyectos y, ahora cito a Chaplin que vale para todo, en esta vida sólo da tiempo a ser amateur.
- ¿Te sientes la leyenda que eres?
- ¿Yo?
- Evidentemente
- No sé, los jóvenes me lo decís. Hago muchos cortos con gente que empieza y me dicen que están nerviosos por estar yo allí o que soy un referente, pero es como si hablaran de otra persona, en serio. El otro día, me dieron un homenaje, la Estrella de Madrid, y proyectaron imágenes de ‘Amanece, que no es poco’ y de 30 compañeros diciendo cosas bonitas sobre mí, que pensé: "Tengo cáncer y me estoy muriendo". Luego subí al escenario y se puso el teatro de pie. Se me hizo rarísimo porque yo estoy acostumbrado a estar ahí abajo y gritar "¡viva!" a alguien que para mí sí es leyenda. No me veo como una y me resulta muy raro que alguien pueda hacerlo.