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Mourinho profana el Camp Nou con un plan que da la victoria al Madrid y pone en ascuas la Liga

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El 5-0 es historia. La primera visita al Camp Nou de José Mourinho en su segunda etapa no fue lo mismo. Ya no es el seductor Chico Martini, como le llamaban en su etapa azulgrana, pero las canas, bien interpretadas, son sabiduría. Este nuevo Mou cambia la historia, al menos su principio, con una victoria que tiene aroma de profanación, porque no gana un entrenador cualquiera en el Camp Nou, gana un anticristo.

El triunfo del Madrid, que reduce su desventaja en la Liga a tres puntos y mete el torneo en la hoguera, fue fruto de su planteamiento, atrevido, muy distinto a los ejercicios de resistencia ante el Barça en el pasado, otro Barça ciertamente. Pero eso es historia, decíamos. Mbappé puso la rúbrica, por dos veces, al plan del Madrid, en sendas jugadas de contrataque que eran puro Madrid, pero el de un Madrid organizado que empieza de nuevo la Liga, otra Liga.

La influencia de Bernardo

La presencia de Bernardo Silva junto a Tchoauméni, más Güler en el costado derecho, daba al Madrid cosas que no ha tenido. Con Valverde como lateral en la banda del turco, era el Madrid más ofensivo posible, y eso es mucho si hablamos de Mou. El compatriota del entrenador llegó para estas cosas, pero algo había pasado hasta ahora para que hubiera aparecido de forma fugaz. Hablar la misma lengua no significa siempre entenderse. Como en la familia.

Bernardo Silva podía darle al Madrid la visión ofensiva que no tiene con Tchouaméni, y lo hizo en el inicio de la acción que llevó al primer gol. La incógnita es si podía darle a su propio entrenador lo que quiere en esa posición, el trabajo estajanovista y las persecuciones, porque durante muchas fases, en el inicio de la presión, buscó el Madrid emparejamientos individuales, hombre a hombre. Justo lo que hizo Luis Enrique en la victoria del PSG sobre los azulgrana, aunque no están los blancos para eso con semejante intensidad y eficacia, como se puso de manifiesto en la segunda mitad. Al menos, no todavía.

Cucurella anula a Lamine

Bellingham perseguía a Rodri, Bernardo Silva a Fermín y, por supuesto, Cucurella a Lamine Yamal, en uno de los duelos del partido. El conocimiento de su compañero de selección y la inteligencia e intensidad de Cucu, siempre al límite, desquiciaron a Lamine. El madridista se posicionaba de costado y le daba metros para evitar el desborde y reducirle el espacio. Fue uno de los hombres del partido.

En poco tiempo, el encuentro estaba convertido en un choque de duelos en lugar de un encuentro coral. Justo lo que quería el Madrid, justo lo que había planificado su entrenador. Estaba lejos el Barcelona de las largas posesiones que le hacen dominador y dominador hasta encontrar la oportunidad. Tiene jugadores para batirse en el intercambio de golpes, pero mientras el Madrid sufre ante el control ajeno, se siente de igual a igual en la pegada. Raphinha lo probaba a distancia, de la misma forma que Güler o Mbappé. A Lamine le costaba un mundo encontrarse de cara ante puerta. Cuando un error defensivo rival le dio la oportunidad, falló lo que jamás falla.

El Madrid, muy cerrado en defensa por dentro, basculaba de una banda a otra para descargar el juego y obligar al Barça a girarse, con varias opciones en la transición ofensiva: la visión de Bernardo Silva o Güler, las conducciones de Diomande, el lanzamiento a Mbappé, siempre en el friso del fuera de juego, o la búsqueda de Bellingham para que protegiera el balón y pivotara a la espera de sus compañeros. El inglés hizo un despliegue físico titánico y fuera o no por ello se equivocó en una contra en la que no encontró el momento de pasar a Mbappé.

El gol llegó como consecuencia de una combinación, al lanzar Bernardo Silva para Cucurella y buscar el catalán a Diomande. El marfileño fue hacia adentro y su centro fue despejado de forma inocente por Gerard Martín con la mala fortuna de que rebotó en Mbappé, lanzado hacia puerta. Diomande, cazado por Cancelo en una polémica acción que no revisó el VAR, mantuvo el buen tono creciente mostrado en las últimas jornadas.

Lunin, seguro

Con ventaja en el marcador, el Madrid tuvo llegadas para hacer un agujero mucho antes en el Camp Nou, con Bellingham o Güler. El Barça necesitaba igualar la intensidad y más velocidad de balón para voltear no sólo el marcador, sino el juego y las sensaciones. A ello se empleó tras el descanso y consiguió inicialmente meter al Madrid en su área. Frente a un ataque como el azulgrana, significa peligro constante. Cuando Pedri piso el balcón del área, cedió a Raphinha y el goleador no falló.

La estirada de Lunin no dio lo suficiente. Preguntarse qué habría hecho Courtois es inútil, porque Courtois, en Madrid con una gripe, hace cosas que no son mortales. Lunin hizo lo que se espera de un buen portero, con una mano soberbia ante Gordon y una parada decisiva a remate de Gerard Martín. Cuando parecía que tendría que hacer mucho más, Mourinho llamó a Camavinga, otra decisión clave. La carrera del francés inclinó el Camp Nou antes de pasar a Mbappé y culminar la profanación.