Nasira, 19 años, dirige a 450 mujeres tejiendo alfombras en Afganistán tras la prohibición de estudiar del Talibán: "La licencia del negocio está a mi nombre"
Las mujeres afganas se enfrentan día a día a las restricciones más estrictas del mundo contemporáneo. Con el objetivo de evitar el colapso económico y el aislamiento, el Gobierno talibán ha permitido recientemente que las mujeres inicien sus propios negocios en el país. Eso sí, tienen que cumplir con una cascada de estrictas normas.
Según informa The New York Times, más de 10.000 mujeres afganas tienen licencias comerciales: un aumento de diez puntos en los últimos cinco años. Con otras 120.000 personas trabajando sin licencia, las pequeñas empresas son las mayores empleadoras de mujeres afganas, según el Banco Mundial. Sin embargo, pese a este aparente halo de esperanza se esconden los sueños de miles de mujeres que quisieron algún día ser abogadas, ingenieras o profesoras universitarios.
Pero estos datos optimistas no quitan que la mayoría de las mujeres afganas no trabajen fuera de casa: solo el 7% de ese país. Además, las que se atreven a hacerlo se enfrentan a obstáculos recientes día sí y día también.
Además, la lista de negocios que una mujer puede coordinar en Afganistán es breve: no pueden gestionar salones de belleza, estudiar matronería o enfermería, ni hablar con clientes masculinos, proveedores o funcionarios bancarios.
Una jefa de 19 años
Nasira Azizi, de 19 años, tan solo tenía 14 años cuando los talibanes regresaron al poder en 2021 y más tarde prohibieron a millones de chicas como ella más allá del sexto curso. "Caí en depresión", asegura la propietaria y coordinadora del almacén Mazar-i-Sharif, en el norte de Afganistán. Por el momento, cuenta con unas 450 trabajadoras en dos talleres y en casa.
"Aquí, al menos hay más temas que tratar, más motivación para hacer el trabajo", explica la empresaria afgana en sus declaraciones al diario estadounidense. Tal y como cuenta, lanzó su negocio con apoyo financiero al Programa de Desarrollo de la ONU, incluyendo una subvención para crear empleo para mujeres afganas que han sido expulsadas de los países vecinos de Irán y Pakistán en los últimos años.
Pero, como mujeres, hay algunas actividades que no pueden realizar por ley. Por ello, sus dos hermanos se encargan del diseño de las alfombras y del marketing. Su padre dirige uno de los talleres, donde empleados varones limpian las alfombras antes de venderlas.