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Quique Sánchez-Flores: "El banquillo ya no es un sufrimiento para mí"

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El 27 de agosto de 2010, Quique Sánchez-Flores (Madrid, 1965) tocó el cielo con el Atlético de Madrid en Mónaco. Conquistó la Supercopa de Europa frente al Inter de Milán en la cumbre de la carrera de este brillante entrenador. «En títulos, sí, pero a nivel de objetivos todos los que he conseguido son importantísimos. Entrar con el Valencia en Champions cada año, recuperar a un Espanyol en caída libre y meterlo en el top 10. Salvar a Getafe o Sevilla en situaciones extremas... Me parecen títulos. Relativizo mucho los grandes éxitos, porque creo que tampoco hay que anclarse en las cosas especiales», cuenta a EL MUNDO.

Por todo lo que ha enumerado, ¿se ve más bombero que entrenador?
Me he tomado mis pausas y cuando uno se toma sus descansos y se aleja del día a día tiene los riesgos de tener que bajar el nivel. Sé que estoy preparado para cualquier cosa, no tengo ninguna duda. Pero voy a los equipos que acuden a mí y en los que yo quiero intervenir. He estado mucho tiempo no queriendo intervenir en situaciones o equipos que no me apetecían. Coger atajos no me gusta, pero hacer crecer equipos sí. Es diferente.
Mejor, entonces, empezar temporada que entrar a la mitad.
Sí, sobre todo es gratificante cuando tienes la unidad de club que tenemos nosotros. Tenemos todos los departamentos y vestuario remando en la misma dirección. Se ha generado esa unidad que nos ayuda a ser mejores.
Empezaron como un tiro, pero luego han perdido fuelle.
Estamos en una Liga muy exigente. Podemos ganar y perder contra cualquiera. Somos capaces, competitivos, pero jugamos siempre ante rivales que tienen, como mínimo, nuestro nivel.
Fue clave la resurrección de Mariano, sólo usted lo ha logrado.
El secreto es ayudarle a darse cuenta de que tenía que aligerar equipaje, a liberarse del pasado más inmediato. Era un mochila que no le aportaba nada y tenía que enfocarse en lo que dependía de él. Tiene un reto muy bonito, también muchas condiciones, ha venido en forma, quiere mejorar y tenemos una gran suerte de tener en un equipo como el Alavés a un jugador de su nivel, al que normalmente no podríamos haber aspirado nunca en circunstancias normales.

Ahora le llega un reto bonito y sentimental para usted.
Juegas contra uno de los tres mejores equipos de la Liga española, la mejor junto a la Premier, que tiene un grandísimo entrenador y grandísimos jugadores. Hay una parte emocional que queda para siempre ahí. Será difícil adivinar cuál va a ser la alineación porque tienen 15 internacionales, pero todo lo que tiene de dificultad tener que armar eso tiene a la vez la ventaja de saber que son jugadores de un grandísimo nivel.
Si gana hoy y termina bien con el Alavés, le podría venir otro gran tren como el que le vino a Ancelotti, de hecho tienen la misma edad.
(Risas) Trabajo honestamente, relativizo más las cosas y me tomo la profesión con una filosofía más distendida. Pero intento transmitir que no soy un técnico tensionado, que va a llevar a sus jugadores a un nivel de tensión altísimo y puede empeorarlos. Yo quiero que lleguen felices, convencidos, seducidos y en plenitud. Pero a través de la intuición, la inspiración y la creatividad que es lo que trabajamos a diario.
O sea que el banquillo ya no es sufrimiento para usted.
Lo fue. Tuve esos momentos en los que no entendí bien la vida y si no lo haces tampoco entiendes bien tu profesión. Estoy en otro momento vital. Pero eso no quiere decir que trabaje menos horas, simplemente lo hago de otra forma.

Aquellos momentos que me comentaba, de las pausas, algunos como comentarista. ¿En que situación emocional le cogen?
Yo nunca he dejado de ver fútbol. Es una de mis pasiones, junto con la música, leer y hacer deporte, pero la primera es ver fútbol. Eso no cambia para nada lo que pasa, pero ha habido momentos en los que no estaba en el club que me podía enamorar o inquietar para salir de mi casa y cambiar mis rutinas como la de estar con mis hijos, ver a mis amigos o hacer deporte. Una vida totalmente diferente que el trabajo no te permite. De alguna forma, quise equilibrar mi vida deportiva con mi vida emocional. Y cuando he conseguido ese equilibrio, he ido saliendo a los equipos que he querido. Han sido entidades que han tenido más necesidades de coger atajos que de hacerlos crecer. Pero he llegado al punto en que, afortunadamente, hoy podemos crecer y lo queremos hacer con todas nuestras fuerzas.
En esas pausas se ahorró mudanzas porque antes pasó por Inglaterra, China, Emiratos...
Hemos hecho un esfuerzo muy grande para que los niños no nos perdieran nunca de vista a pesar de ir a muchos sitios del mundo, pero estoy superfeliz, porque me ha dado una vision de la vida enorme. Cada vez que me he incorporado de un sitio muy diferente, vuelvo con una cabeza más amplia y eso me da una una gran apertura de mente. Mis hijos se llevarán esa experiencia de vida y me recordarán como entrenador, pero que les disfrutó también como padre. Y ese es el cajón número uno del éxito en la vida.

Salir al extranjero

Si le vuelve la opción, ¿repetiría?
Depende, sí. Lo que pasa es que como competitivo que soy, me gusta estar en las mejores ligas y me gusta estar en los mejores equipos posibles. Obviamente, preferiría estar en la Liga española o en Inglaterra jugando Champions.
¿Qué es la Champions para Quique fuera del fútbol?
Buff... Disfruto de muchas cosas. Tengo hobbies que me harían no salir de casa nunca, luego salgo por ahí con la bicicleta, con mis amigos, a correr, a algún restaurante.