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Sergio Peris-Mencheta:"Estamos en manos de gente que está absolutamente disociada en el peor de los sentidos"

· Culture

El drama se alimenta del conflicto, y el conflicto da de comer al morbo. En un momento de SerYo -el documental firmado a seis manos por Marta Solaz, Sergio Peris-Mencheta y Verónica Díaz Pérez, y recién presentado en el Festival de Valladolid- el que es su protagonista explica en toda su crudeza la naturaleza extraña de una película que para que salga bien conviene que algo malo pase, pero cuyo resultado depende enteramente de que acabe bien. «Obviamente no me alegro de una mala noticia, pero, en el fondo, un poco sí: le viene bien a la película», se le escucha decir al borde mismo de toda sensatez. Suena laberíntico y es la mecánica del propio cine: tiene que haber conflicto, pero no tanto para que cunda el morbo.

Para situarnos, SerYo relata sin intermediarios ni excusas, a pecho descubierto y con una claridad que asusta tanto como enamora el proceso de recuperación de Peris-Mencheta de su leucemia antes y después de un trasplante de médula procedente de su hermano. El documental acompaña al protagonista y a su familia durante la operación y la convalecencia que afrontó en Los Ángeles mientras, a más de 9.000 kilómetros de distancia, se empeñaba en dirigir en Madrid los ensayos de 14.4, la obra teatral escrita por Juan Diego Botto e inspirada en la historia real del inmigrante Ahmed Younoussi.

«Cuando empezamos», relata el propio Peris-Mencheta, «decidimos que el argumento no era el proceso curativo, sino el proceso creativo y cómo lo creativo ayuda a lo curativo». Pausa. «En el momento de escribir el último capítulo del guion, dijimos: "Y Sergio toca la campana". Yo dije que, cuidado, podía pasar lo contrario. Fue Marta la que me corrigió: "No, el documental que estamos rodando es un documental en el que tú tocas la campana. No hay plan B. Tú vas a tocar la campana"... Si no hubiera ocurrido de ese modo... No sé, quizá sería un documental más para Sundance», bromea.

Sea como sea, lo que emerge de la pantalla es solo importante. Mucho. Brutal por la enorme dimensión de su importancia. Todo queda a la vista en un ejercicio de pudoroso vaciamiento, de arrogante y muy humilde a la vez sinceridad. Tan dramáticamente contradictorio, si se quiere, como pleno. «El motor de la cinta es el amor en todos sus sentidos; el amor de unos con otros; el amor entre nosotros; el amor al teatro; el cuidado como una versión de ese mismo amor», explica Sergio Peris-Mencheta con los ojos tan abiertos que hasta le duelen las articulaciones.

Y, como quiera que toda obra relevante es también metáfora y escuela de vida, SerYo alcanza a ser también un auténtico tratado de pasión, de pasión pura. De repente, las prioridades se reordenan y lo que hasta ayer se antojaba incuestionable y duro adquiere el tacto de lo discutible y suave. Se diría que pocas películas se parecen tanto al único libro de instrucciones homologable para la vida en todas sus esquinas. «Lo primero es entender que el cuidado del otro pasa antes por el cuidado de uno mismo. Hay que aprender a ponerse la mascarilla antes de colocársela al de al lado. Y eso es aplicable a la sociedad en su conjunto. Hay que mirarse antes dónde está uno mismo... Tengo la sensación de que estamos en manos de gente que está absolutamente disociada en el peor de los sentidos. Hablo de la clase política solo preocupada de pasar por encima del otro, de ofrecer el titular ocurrente». Otra pausa. «Estamos en manos de gente que está funcionando desde un avatar que no son ellos. De lo contrario, es imposible. No me puedo creer que un ser humano no sea consciente de lo importante que es la sanidad pública, de lo necesario que es cuidar a los enfermeros, a los médicos, a los científicos, a nuestros profesores, a nuestros maestros de la educación pública... a todos aquellos que nos cuidan». Queda claro.

Cuenta que después de pasar por lo que ha pasado, se siente menos impostor y en absoluto pendiente de lo que diga nadie. Cuenta que cada día tiene una opinión un poquito diferente de lo que supone tener leucemia. Cuenta que cuando le viene el fantasma de la recaída, se da por satisfecho «con haber tenido este ratito de disfrutar de la vida desde otro lugar». Y cuenta que ahora mismo le ocupa la urgencia de dedicar todos sus esfuerzos a, precisamente, el «teatro urgente». «He escrito una obra sobre la historia de tres chicas marroquíes varadas en Ceuta... Se habla de invasión y, en verdad, son nosotros y vienen de lugares que nosotros hemos expoliado antes». Peris-Mencheta toca la campana.