Sigue el escándalo en la F1 por los problemas del software: Carlos Sainz denuncia la mala gestión de la FIA
La FIA no sale de un escándalo y ya está metida en otro. Y esta vez, precisamente, porque los coches no han podido ni salir. Durante las vueltas de formación bajo la lluvia en el Gran Premio de Bahréin, varios coches de la parrilla, incluidos el Ferrari de Lewis Hamilton y el Red Bull de Max Verstappen, comenzaron a rodar lentamente, hasta quedarse incluso detenidos. Es difícil encontrar una imagen más bochornosa e increíble de lo que se supone que es la tecnología punta del deporte mundial.
La pregunta que se hacían todos los espectadores era cómo coches de diferentes escuderías, totalmente independientes entre sí, podían sufrir no solo el mismo problema, sino también la misma consecuencia. No fue un fallo de motor ni ningún problema particular de un monoplaza, sino algo común a todos ellos, relacionado con el nuevo reglamento, que tampoco estuvo exento de polémica desde su anuncio. El origen estaba en el software que comparten todos los F1. Este sistema activó la configuración de lluvia, que provocó que los coches se quedaran sin capacidad para acelerar, aunque los pilotos pisaran a fondo el acelerador.
¿Qué demuestra esto? Quizás que los pilotos no tienen todo el control sobre la entrega de potencia, ya que una parte depende de ese software impuesto por la FIA e independiente a las escuderías. Y lo ocurrido en Bahréin no ha sido un caso aislado. Este viernes, Carlos Sainz ha experimentado un problema relacionado con esta cuestión que lo ha relegado a la última posición en la clasificación sprint del Gran Premio de Singapur, tras sufrir problemas con la entrega de potencia eléctrica de su Williams. "Durante media vuelta he tenido problemas de software y me ha faltado tiempo", ha explicado el español.
El fin de semana anterior, en Bahréin (en realidad celebrado en Malasia por la guerra en Oriente Medio), la FIA solucionó el problema en cuestión de minutos y posteriormente emitió un comunicado en el que explicaba las causas de aquel espectáculo. "La revisión concluyó que algunos autos que rodaban a bajas revoluciones por minuto (RPM) del motor en ciertos sectores del circuito donde se aplicó una reducción de potencia de 250 kW experimentaron una pérdida de potencia mayor a la prevista originalmente, la cual no se pudo recuperar en dichos sectores" , comenzaba el organismo.
Sainz, descontento con esta justificación y, sobre todo, con las consecuencias que ha tenido que sufrir en la clasificación, también ha cargado contra la gestión de la FIA: "La FIA, como en Malasia, ha decidido tirar por la calle de en medio y no le ha importado que la mitad de los coches tuvieran más potencia. No sé por qué el deporte hace cosas diferentes según quién está fuera en la primera vuelta", ha denunciado.
Quizás este incidente, de una dimensión considerable, pone sobre la mesa varios problemas que la Fórmula 1 ya no puede esquivar: el margen de control real que conservan los pilotos sobre sus monoplazas, las limitaciones de una tecnología que debería garantizar el espectáculo y la seguridad, y la escasa capacidad de maniobra de las escuderías sobre ese software ya que viene impuesto por un reglamente que, al igual que sus coches, pierde cada vez más potencia.