Suspendido el encuentro entre el Rayo Vallecano y el Athletic Club tras el lanzamiento de objetos desde la grada
La afición venía avisando de lo que iba a suceder en Vallecas a modo de protesta por la gestión del club, y así fue. Los gritos de "Presa, escucha a la afición" o "Martín Presa, fuera de Vallecas" no cesaron en ningún momento. Pero todo estalló en el minuto 13, cuando la afición comenzó a lanzar aviones de papel sobre el césped. No solo procedían de ese "sector de la afición" que el presidente considera como el único descontento con su gestión, sino también de las otras dos gradas de Vallecas, lo que obligó a mantener el partido paralizado durante casi 10 minutos.
Una vez recogidos los objetos lanzados, el partido se reanudó, pero no dio tiempo más que a lanzar un córner, porque la protesta volvió a ponerse en marcha, acompañada de nuevos lanzamientos. Fue entonces cuando, sin dudarlo un segundo, Sánchez Martínez levantó los brazos y detuvo el encuentro entre el Rayo Vallecano y el Athletic Club, con la retirada de los jugadores del terreno de juego.
Tras más de 20 minutos desde el primer parón, el club madrileño informó por megafonía de la reanudación del encuentro, mientras Isi y Cárdenas intentaban dialogar con la afición situada en el fondo del Estadio de Vallecas. "Que las tres gradas sean una siguiendo las protestas", rezaba el comunicado que se repartió entre todos los asistentes al encuentro. Y así fue.
Se reanudó, pero la pelota no rodó ni un minuto y el fondo volvió a lanzar los aviones de papel que se habían repartido. De nuevo, el encuentro quedó paralizado, mientras el fondo de la grada seguía sin bajar los brazos, esta vez con cánticos de ánimo al equipo y al barrio, a los que el resto del estadio se unía tímidamente.
A las 14:52, se anunció por megafonía que el encuentro quedaba suspendido definitivamente. Ambas aficiones, unidas históricamente, se unieron también en la protesta y en el apoyo a un equipo y a una afición que ya no pueden más. Sonó la vida pirata, quizás como símbolo de que se había conseguido lo que los rayistas querían: paralizar un partido para denunciar una gestión que ya es insostenible.