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Tras el batacazo republicano en las 'midterms', la gran prioridad de Trump es... blindar la decoración dorada del Despacho Oval

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Si pensabas que una paliza electoral histórica del 3N haría que Donald Trump se replanteara su estrategia, piénsalo de nuevo. Tras los comicios legislativos de mitad de mandato (las midterms), en las que el Partido Republicano ha perdido el control del Senado y de la Cámara de Representantes ante una ola demócrata, el presidente ha reaparecido en público. ¿El motivo ha sido quizá hacer autocrítica? ¿Lanzar un mensaje de unidad? Frío, frío. Su prioridad absoluta es proteger la decoración de su oficina. Tachán. 

En su primera acción oficial tras el descalabro del supermartes, Trump ha firmado una proclamación ejecutiva para declarar el Despacho Oval y la Sala del Gabinete como "Monumento Nacional". Quiere evitar por todos los medios que futuras administraciones puedan deshacer las controvertidas reformas estéticas (cargadas de apliques y toques dorados) que ha implementado durante su mandato.

Durante su reaparición, el mandatario ha centrado su agenda no en la economía -una de las claves de su derrota- o en la sangría de votos en las urnas, sino en las obras arquitectónicas de Washington, llegando a dar un discurso enfocado puramente en la conclusión de un proyecto de renovación en el estanque reflectante del Monumento a Lincoln.

Mientras los demócratas celebran una victoria arrasadora -consiguiendo superar los 250 escaños en la Cámara de Representantes y dándole la vuelta al Senado en estados profundamente rojos-, Trump prefiere hablar de molduras y pan de oro. De hecho, firmó la declaración de Monumento Nacional sentado en su escritorio, flanqueado por su renovada estética, y con una llamativa gorra roja sobre la mesa que rezaba, en letras blancas, una sola palabra: "VETO". 

Un aviso a navegantes de su intención de bloquear cualquier iniciativa demócrata en el nuevo Congreso, recordando que la oposición necesitará una mayoría de dos tercios para sortear su bolígrafo.

La culpa, para los demás

Pero, ¿qué hay de la histórica derrota republicana? Fiel a su estilo, Trump ha sacado el paraguas para evitar que le salpique el desastre. Lejos de asumir responsabilidades por la caída de los candidatos a los que él mismo respaldó, el presidente ha optado por echar balones fuera apuntando a los suyos.

El mandatario ha llegado a quejarse de que muchos políticos republicanos "no entendían o no les importaba" lo suficiente la situación. Mientras tanto, en las filas conservadoras ya han empezado a volar los cuchillos intentando buscar una explicación al desastre: su vicepresidente, JD Vance, ha culpado a la guerra en Irán de los malos resultados, mientras que el gobernador de Florida, Ron DeSantis, ha criticado que los mensajes de campaña de su partido no conectaron con las verdaderas preocupaciones de los votantes.

Un legado a prueba de mudanzas

La decisión de utilizar la presidencia para blindar legalmente el interiorismo es, cuanto menos, insólita. Mientras el país y su propio partido digieren el nuevo mapa político que acaba de teñir de azul el Capitolio, la mayor angustia de Trump parece ser que un futuro inquilino con gustos menos ostentosos decida arrancar sus acabados dorados.

Aprovechó, de paso, para mostrar a la prensa los avances de las obras del salón de baile que construye en la Casa Blanca. Durante el acto, que no figuraba en su agenda, Trump agradeció la labor de los trabajadores y aseguró que el nuevo espacio será "no solo el más grande, sino el salón de baile más bonito". La oposición ha criticado reiteradamente al presidente durante la campaña por centrarse más en sus reformas en Washington que en las preocupaciones reales de los ciudadanos.

"Me critican y me dicen que por qué estoy reformando la Casa Blanca. Pues porque la Casa Blanca es el símbolo de Estados Unidos y tiene que estar perfecta", dijo el magnate, que hizo parte de su fortuna (y también la perdió) en negocios inmobiliarios. 

Al final, ha dejado muy claro su mensaje post-electoral: puede que haya perdido el control del Congreso, pero nadie le va a tocar las cortinas.