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Un equipo de barrio que se pregunta "¿Y por qué no?": el Sporting de Hortaleza espera al Sevilla para jugar el partido de sus vidas

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Sabes que vas a ver fútbol de barro, de barrio, cuando, al entrar en las instalaciones del estadio, huele a brasas. Es ese olor que sale de la cantina que hay a la entrada, con mesas de propaganda y una carpa de plástico para cuando cae un chaparrón, pero los entrenamientos no se paralizan. Eso ocurre al cruzar la puerta de las instalaciones del Sporting de Hortaleza, un club que representa los valores del barrio de Hortaleza, al nordeste de Madrid. "Va todo unido, barrio y club", comentan quienes acuden allí todas las tardes-noches a cenar ese bocadillo envuelto en papel de plata. Es como su parque, su recreo, el lugar donde se reúnen con su gente cada día al terminar con sus obligaciones habituales.

La diferencia ahora es que ese equipo humilde se va a convertir, por un día, en el centro de las miradas del fútbol nacional. Ya lo fue hace unas semanas, aunque por una mala noticia. En el último partido clasificatorio para esta primera ronda eliminatoria de la Copa del Rey, frente al Atlético Unión Güímar, el autobús en el que viajaban los jugadores madrileños fue recibido a pedradas. Los incidentes también continuaron dentro del campo de su rival, lo que obligó a suspender el partido y reanudarlo días después a puerta cerrada.

Pero ahora es por todo lo contrario. Consiguieron el pase a esta ronda y, de regalo, les espera el Sevilla FC como rival este jueves en el Estadio Municipal El Val, en Alcalá de Henares. En los días previos al partido de sus vidas, allí no solo se respira el aroma a brasas, sino también el de los nervios. O, como dice Fonsi, jugador del Hortaleza, "las ganas, porque un partido así es, al fin y al cabo, lo que sueñas desde pequeño".

Fonsi tiene 20 años y juega en el Sporting desde hace tres. Es joven y nunca se ha visto en una situación así, recibiendo a los medios y explicando ante un micrófono lo que siente. Al fin y al cabo, milita en un equipo de Primera Aficionado, pero parece estar totalmente acostumbrado a ello. "Soy peón en un taller, soldando", responde a EL MUNDO. Pero, por un día, va a sentirse como siempre quiso de pequeño: futbolista profesional.

Su pasión siempre ha sido el fútbol y, por ello, recorre cada día los 50 minutos de trayecto que separan su casa, en Carabanchel, de Hortaleza para entrenar. Podría buscar un club más cerca, en su barrio, pero dice haber encontrado en este una familia. "No he dudado en ningún momento en quedarme en el Sporting, porque lo que siento aquí no lo he sentido en ningún otro equipo. La gente me dice: "¿Cómo te pegas esas palizas?". Y yo les digo que es porque es lo que me gusta", confiesa.

"Piensan que soy entrenador profesional"

Lo mismo le ocurre a Jorge Mendoza, el entrenador del club, quien, aunque dice no estar nervioso, queda delatado por sus ojos brillantes y su semblante serio. Él también tiene que buscarse la vida trabajando en otro sitio. En su caso, estudió magisterio infantil y ejerce como profesor de educación física en un colegio de Madrid. Y, claro, sus alumnos, niños de unos cuatro años, saben que su profe va a competir contra el Sevilla.

"Los alumnos piensan que soy entrenador profesional. Yo intento tomármelo de la forma más profesional posible, pero creo que también les sirve de ejemplo de superación. Sé que a ellos les encanta tener un profesor que les dice que el jueves va a jugar contra un equipo de Primera División. Para ellos es una película", explica mientras sonríe, una expresión que solo aparece cuando habla de sus alumnos.

Porque vuelve a mostrarse serio cuando se le pregunta por el partido, por una posible victoria o por el encuentro con Luis García Plaza, que asegura haber imaginado, pero ojo, tampoco quiere parecer un aficionado. Es su rival. "Somos personas con diferentes recursos, pero, a nivel de conocimientos y demás, voy a intentar tratarles con respeto y de tú a tú", responde el técnico del Sporting.

Fue el propio Mendoza quien prohibió a sus jugadores hablar de este encuentro hasta el pasado lunes. Una prohibición terminante en el vestuario para que no descuidaran la Liga. "El míster no nos dejaba hablar del partido hasta el lunes. La Copa es un premio que, al fin y al cabo, se va a acabar en algún momento. No podíamos dejar de lado la Liga y teníamos que centrarnos en el día a día, partido a partido, como dice el Cholo Simeone", explica Fonsi, que, por si no había quedado claro con esta frase, es del Atlético de Madrid.

Pero, desde el lunes, hay una frase que no deja de repetirse entre los chicos, en las instalaciones y en todo el barrio: "¿Y por qué no?". Fonsi se atreve a explicar el origen de esta pregunta. "Como decía Rodri con España: "¿Por qué no?". Es el lema que tenemos. Toda la semana llevamos diciendo. ¿Y por qué no?", cuenta el de Carabanchel.

El míster, por su parte, solo dejó caer la pregunta. Quizá sin darse cuenta o quizá para reforzar esa idea que lleva desde el lunes resonando en Hortaleza. "En el fútbol pasan cosas muy raras, cosas diferentes de lo habitual. ¿Por qué no? Si se junta la suerte, haces un buen trabajo y confías en el equipo, puede darse. ¿Por qué no?".