Una solución para Julián Álvarez, alejado por el Atlético de la cólera del Metropolitano: "Necesitamos tener delanteros importantes"
Serio, muy serio. En el banquillo y también cuando saltó al campo en el minuto 66. Julián Álvarez pareció ausente ante el Villarreal, con la mente en otro lugar y el firme en el deseo que expresó hace casi dos meses en las tripas del estadio AT&T de Dallas: se quiere ir al Barça. No a cualquier equipo. No vale el Arsenal. Quiere "cumplir el sueño" de vestir de azulgrana y trata de estirar la cuerda para hacerlo por mucho que ayer pasara un mal trago en el Metropolitano.
La pitada de los 60.000 aficionados atléticos fue unánime, y a ella se sumaron insultos desde algún fondo, carteles en su contra y un grito cuando Simeone lo mandó al campo: "Que se vaya, dile que se vaya". La relación, después de dos años, está tan rota que ni el entrenador ha podido convencerle, como dijo durante el Mundial, de que el proyecto girará en torno a él. Parece que sólo falta ver quién cede: si el club aceptando negociar con el Barça o el jugador asimilando que tendrá que vestir otra camiseta antes.
El Atlético sabe que tiene una bomba de relojería. Tanto que, cuando acabó el duelo ante el Villarreal, la Araña se iba a encaminar junto a sus compañeros hacia el fondo del estadio para agradecer a la afición y el argentino no lo hizo. Paró en seco tras hablar con un empleado del club y se fue, solo, al túnel de vestuarios bajo otra pitada. "El club decidió que no se acercara a la gente", desveló Simeone en la rueda de prensa.
Parece el técnico consciente de que no hay reconciliación posible y, por eso, pidió a sus jugadores en el vestuario que, ante la que se le venía encima, apoyaran a quien es su compañero "mientras esté en el equipo". "A muerte con él", advirtió. "Mientras esté con nosotros, lo vamos a apoyar. No es una situación cómoda para nadie", reconoció Oblak.
En público, Julián ha mantenido las distancias con todos sus compañeros en las últimas semanas, evidenciando su malestar. Algunos de ellos han desistido de pedirle que haga un gesto de perdón que acabe con este clima que, por momentos, perjudica al equipo. Pero nadie cede. Al menos de momento.
El Atlético sigue defendiendo que quiere al delantero en la plantilla. "Que esté en la convocatoria lo dice todo. Eso pone a todo el mundo en su sitio", advertía el CEO Mateu Alemany. Sin embargo, Simeone dejó más incógnitas tras el partido en un mensaje interpretable claramente dirigido al club: "Para ganar títulos tenemos que estar juntos y tener delanteros, delanteros importantes". Volvió a insistir en esa idea varias veces en rueda de prensa. "Necesitamos delanteros importantes. Nosotros lo tenemos, y lo tenemos que cuidar", añadió para suavizar.
El temor a que haya un acuerdo de última hora para la salida de Julián que deje al equipo sin margen de maniobra es una posibilidad que preocupa a Simeone, que también reconoció que su apuesta por Lookman en punta fue un recurso forzado que no dio resultado. Con Sorloth en la grada por lesión y con Julián en el punto de mira, no tenía más opción.
Los movimientos por Nicolas Jackson en los últimos días apuntaban a ese refuerzo que reclama el entrenador, pero las complicaciones para incorporar al senegalés del Chelsea han aumentado las dudas del argentino, que ayer comprobó cómo la continuidad de Julián Álvarez puede ser un arma de doble filo.