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Uno de los finales más apretados de la historia de la Fórmula 1

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De la mayor diferencia de tiempo de este siglo en una clasificación en seco, pasamos a uno de los finales más apretados de la historia de la Fórmula 1. Aunque el Gran Premio de Italia de 1971 entre Peter Gethin y Ronnie Peterson se decidió por 0,010 segundos, muchos consideran la victoria de Barrichello sobre Michael Schumacher en Indianápolis 2002, 0,011segundos fue aún más ajustada porque los sistemas de medición eran mucho más precisos que los de los años 70. George Russell ganó en Bakú por 0.1 segundos, victoria que podría estar entre las 10 más apretadas de la historia.

Hubiese sido la puntilla para Russell que a duras penas se ha recuperado de la puñalada de Monza donde Kimi Antonelli le destrozó psicológicamente cuando logró adelantarle para ganar después de haber salido en parrilla desde la decimonovena posición. Hubiese sido igualmente doloroso, descubrir cómo sin hacer nada mal alguien que viene por detrás te roba la cartera. Verstappen había salido octavo en Bakú y Russell había mostrado un dominio absoluto, pero dos coches de seguridad compactaron el grupo y Russell se vio bailando al final con el rival más temible. Si la meta hubiese estado 20 metros más atrás hubiese perdido.

Así que, aún sin ganar, a Max le meto en el club de los ganadores del gran premio. Necesita muy poco para brillar y en una temporada en la que su coche es el cuarto del campeonato, logra cosas increíbles: seis podios en las últimas ocho carreras. Sigue sin ganar, algo normal con el coche que tiene, pero al mismo tiempo sorprendente. Max con buen o mal coche, siempre ha ganado al menos una carrera desde 2016. La única excepción fue su año de debut con Toro Rosso en 2015. En el fondo, todos lo saben: a Max nunca lo debes descartar.

No hubo muchas más caras alegres después de la carrera. Russell, Verstappen, Hadjar, quizá Antonelli, que minimizó daños y que volvió a tener la fortuna de su lado al salir ileso del strike de Colapinto después del coche de seguridad. Poco más. Ferrari se ahogó en las rectas, Mclaren no sumó puntos, Alpine se pegó un tiro en el pie...

Quizá Williams podría ser otro equipo sonriente con la introducción de su chasis B que les sitúa ya en el peso mínimo. Gracias a ello, Carlos Sainz logró clasificar uno de los coches azules en la Q3 y terminar la carrera en la 10ª posición. Un punto que no habría sido posible sin la nutrida nómina de abandonos en la carrera, pero que al fin y al cabo es un punto. Bakú es una carrera de supervivencia donde el objetivo es ver la bandera de cuadros y después descubrir quién más la ha visto y quién se ha quedado en el camino.

Y en el camino se volvieron a quedar los Aston Martin. 17 abandonos, sexto de Fernando Alonso y undécimo de Lance Stroll. Motor catastrófico, poca potencia, comportamiento imprevisible y sin visos de solución. El ADUO no ha servido para nada y la confianza en Honda se resquebraja por momentos. El problema ya no es qué pasará este año, lo realmente preocupantes es que muchos dudan de que los japoneses puedan resolver el problema para el próximo año.