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Vincent Lindon: "Tras cumplir el sueño de ser Jean Valjean, solo me queda el de trabajar con Pedro Almodóvar"

· Culture

Era cuestión de tiempo que Jean Valjean, el personaje más auténticamente francés que ha dado la literatura, y Vincent Lindon (Boulogne-Billancourt, 1959), el actor más exageradamente francés del cine reciente, coincidieran, se abrazaran, se confundieran incluso y hasta fueran uno y el mismo. «Recuerdo que cuando empezaba en esto de la interpretación y no sabía ni de lejos qué iba a ser de mí, un profesor me preguntó a bocajarro por mi sueño. Era una de esas preguntas trampa en las que respondas como respondas quedas mal. Lo pensé rápido y lo único que acerté a decir fue: "Llegar un día a ser Jean Valjean". No recuerdo los motivos por los que dije eso. Probablemente fue instintivo. O para quedar bien. Tampoco tengo claro que me refiriera a la actuación. Creo más bien que yo quería ser él. Ahora, que ya lo he seguido con este papel, lo tengo claro».

Es decir...
Él representa lo contrario de todo aquello que ahora mismo nos condena. Él es un hombre cuya vida entera se sostiene por una promesa; una simple de promesa. Eso es imposible hoy. Vivimos en un mundo en el que el miedo ocupa y determina todo. Miedo a perder el trabajo, miedo al cambio climático, miedo a no ser reconocido... Cualquier propósito de vida está por fuerza permanentemente amenazado...

El que habla, en efecto, es el protagonista de la última (y ya son) de las adaptaciones al cine del texto clásico de Víctor Hugo Los Miserables. La firma Fred Cavayé en sintonía con la última de las obsesiones del cine galo: reformular de la manera más espectacular posible los textos de siempre. Primero fue la doble entrega de Los tres mosqueteros (Martin Bourboulon, 2023), luego El Conde de Montecristo (Matthieu Delaporte y Alexandre de La Patellière, 2024) y ahora, la más grande de las historias jamás contada (o la segunda). Lindon continúa de este modo con su frenética carrera hacia no queda claro dónde. Desde que hace ya diez años ganara el premio a mejor actor en Cannes por La ley del mercado, su trabajo más que multiplicarse se ha desenfrenado a razón de dos o tres películas por año. Junto a ésta, dentro de poco se verá también en Un bon petit soldat, presentada en Venecia, con otra vez su inseparable Stéphane Brizé con el que ya lleva seis películas.

«Es curioso, porque todos los periodista me preguntáis por lo que hago y yo siempre tengo mucho más presente lo que no hago. En decir no, he encontrado mi libertad». ¿Y a qué y a quién dice no? «En primer lugar, nunca trabajo con marcas. Pierdo dinero, me dicen, pero me importa una mierda. También he dicho que no a Hollywood. Cada vez que me ofrecen un papel es para hacer de francés, de lo que ellos creen que es un francés. Me molesta bastante este tipo de ofertas. Pero también digo que no a que nadie me saque los billetes de avión, ni a tener guardaespaldas, ni chófer, ni a aceptar ningún tipo de regalo interesado... Soy consciente de que este tipo de renuncias tiene un coste, pero, siempre me digo, que lo que obtengo a cambio no tiene precio».

Lindon se muestra convencido de que mucho más importante que intentar ser original a toda costa, lo que importa ahora es ser capaz de recordar las historias de siempre, las historias que nos imaginaron mucho mejor de lo que somos ahora. «Hay una serie de ideas que mantienen en pie Los Miserables que no han envejecido en absoluto. Me gusta especialmente cómo razona Víctor Hugo que querer demasiado orden genera por fuerza el caos. Eso, y de forma mucho más genérica, que el paraíso de los ricos es el infierno de los pobres. Con esto último no estoy muy de acuerdo, pero es brillante», dice. Y le creemos.

¿Algún deseo por cumplir después de lo de Jean Valjean?
Trabajar algún día con Almodóvar. Tras cumplir el de ser Jean Valjean, solo me queda ése. Una vez hablé con Sorogoyen y me pareció genial. ¿Se dan cuenta los españoles de que están de modo y son los más envidiados de Europa?