Monólogos enfebrecidos, brotes de esquizofrenia dulces y humorísticos, suicidas kafkianos, reverendos bebedores, pandillas de adolescentes que son como manadas de lobos, demonios como de Bulgakov, paisajes distópicos como de Jodorowski y Moebius… De ese material están hechas las historias de László Krasznahorkai, el escritor húngaro que ha recibido este jueves el premio Nobel de Literatura 2025 que concede la Academia Sueca.
La candidatura al Nobel de László Krasznahorkai la presentó el escritor noruego Jon Fosse, ganador del premio en 2023. En conversación con EL MUNDO, Fosse se ha declarado «muy contento de que Krasznahorkai haya recibido el Nobel». «En realidad, solo he leído una de sus novelas, Y Seiobo descendió a la Tierra, pero esa novela me causó una gran impresión y es una de las mejores novelas que he leído en muchos años. Sin duda leeré más novelas suyas, ya lo tenía planeado, y ahora tengo aún más ganas de hacerlo. Es na elección realmente acertada de la Academia Sueca», ha dicho Fosse.
Por su parte, el fallo del jurado se ha referido a la «obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte», según declaró Mats Malm, secretario permanente de la Academia Sueca.
Algunos datos sobre Krasznahorkai. Nació en 1956, en el año de la invasión soviética sobre Hungría. Su primera novela, Tango Satánico (1985) sólo apareció en el crepúsculo de ese edad de plomo, pero su formación estuvo marcada por ella. Aquel debut era una política-ficción que jugaba con la idea de un estado socialista que se derumbaba y se convertía en una distopía delirante llena de borrachos llenos de ironía y de antiguos informantes paranoicos a los que visita el diablo, nada menos. Tango Satánico apenas tiene 300 páginas en su edición española (editada por Acantilado), pero se convirtió en una película en blanco y negro de siete horas dirigida por Béla Tarr que ha queddo para la historia como uno de los sietemiles del cine europeo
Krasznahorkai contó en 2018 en EL MUNDO que Tarr ya le presionaba para filmar su novela cuando aún no la había terminado y que él lo rehuía. «Al final, me convenció. O le convencí yo a él, más bien. Siempre acabábamos haciendo la película que yo quería, pero con las ideas que él no sabía que tenía», dijo entonces el nuevo Nobel. «Recibimos mucha presión del gobierno comunista para no llevar adelante un proyecto tan crítico. Para que Béla no se matase, seguí escribiendo novelas y prometiéndole que le ayudaría a llevarlas al cine»..
En 1987, en vísperas de la caída de Berlín, Krasznahorkai, se fue becado a Alemania y empezó una larga vida de escritor desterrado. Su siguiente novela, Melancolía de la resistencia (1989), amplió el territorio del escritor húngaro. Si Tango Satánico era un texto básicamente expresionista, Melancolía de la resistencia tenía más que ver con el surrealismo, con la cultura popular y las verbenas, con el humor dadaísta, con el realismo mágico y con la fascinación por la música barroca. El punto de partida era el mismo, un mundo de plomo y deshumanizado en el que el más fuerte impone su ley. Los ciudadanos de Krasznahorkai son como ratoncitos que pelean por escalar en la rueda del estatus del Partido, hasta que un circo llega a su pueblo y abre las grietas que desvelan lo absurdo de su vida.
De nuevo, Béla Tarr filmó a Krasznahorkai e hizo una película de culto. Las armonías Werckmeister, cuyo título alude a Andreas Werckmeister, un compositor y teórico del siglo XVII que aparece en el quicio de la novela como una obsesión sacada de la historia del arte.
El escritor húngaro sucede en el premio a la surcoreana Han Kang, que el año pasado fue la inesperada receptora del reconocimiento de literatura más importante del año, dotado con casi un millón de euros (11 millones de coronas suecas). Los anteriores ganadores fueron Jon Fosse (2023), Annie Ernaux (2022) y Abdulrazak Gurnah (2021).
Desde su creación, el Nobel de Literatura ha estado dominado por autores hombres occidentales. De los 121 galardonados con el Nobel de Literatura, solo 18 mujeres han obtenido el premio y una minoría de los autores premiados son de lenguas asiáticas o de Oriente Medio. Ninguna lengua africana está representada.
A lo largo de su historia, solo seis escritores españoles han ganado el Nobel: José Echegaray (en 1904), Jacinto Benavente (en 1922), Juan Ramón Jiménez (en 1956), Vicente Aleixandre (en 1977), Camilo José Cela (en 1989) y Mario Vargas Llosa, el autor peruano nacionalizado español en 1993, que logró el premio en 2010 y que ha sido el último Nobel de Literatura de habla hispana.
El país más premiado a lo largo de la trayectoria del Nobel de Literatura ha sido Francia, con 16 ganadores, seguido por Estados Unidos (13), Reino Unido (12), Alemania (8), Suecia (8), Italia (6), España (5), Polonia (5) y Rusia-URSS (5).
Entre los favoritos de este año figuraban, según las casas de apuestas, Gerald Murnane, Cristina Rivera Garza, Anne Carson, Mircea Cartarescu, Thomas Pynchon, Amitav Ghosh, Can Xue, Fleur Jaeggy, Michel Houellebecq, Alexis Wright, Haruki Murakami y el español Enrique Vila-Matas.
Es difícil conocer los motivos de las selecciones: las deliberaciones del jurado se mantienen en secreto durante 50 años.
La Academia Sueca otorga el premio tras revisar las propuestas de un pequeño grupo de literatos y académicos a través del comité Nobel. Este comité se vio sacudido por una enorme polémica en 2018, cuando un escándalo sexual llevó a la Academia a la peor crisis de su historia. El premio de aquel año se pospuso y el comité fue renovado.
Desde entonces, se está llevando a cabo un reequilibrio entre las mujeres y los hombres galardonados.
