Nueva York ha empezado el año bajo tierra. Literalmente. A medianoche, momento en el que la ley fija oficialmente el inicio del mandato del alcalde, Zohran Mamdani ha jurado el cargo en la antigua estación de City Hall, un espacio centenario cerrado desde 1945 y al que se accede en contadas ocasiones. No ha habido multitudes ni prensa, solo su familia y la fiscal general neoyorquina, Letitia James, en un andén en curva que está cubierto por las bóvedas de azulejos del ingeniero español Rafael Guastavino. Un juramento realizado sobre el ‘Corán’, el libro sagrado musulmán, en un acto que ha marcado, de forma sobria y deliberada, el inicio de una nueva era en la ciudad más poblada de Estados Unidos.
La elección del lugar no ha sido un capricho. Mamdani ha querido empezar en la estación para fijar un marco simbólico de lo que será su primer mandato, tras ganar las elecciones locales en noviembre: “Cuando se inauguró esta estación, en 1904, era un monumento a una ciudad que se atrevía a hacer cosas bellas y grandiosas para transformar la vida de la gente trabajadora. Esa ambición no puede quedar relegada a un recuerdo ni aislada en los túneles que están bajo el Ayuntamiento: será el horizonte de la administración que servirá a los neoyorquinos desde el edificio de encima», ha señalado en un discurso posterior.
Horas después, ya en la superficie, el escenario cambiaba por completo. En la escalinata de acceso al Ayuntamiento, Mamdani se ha presentado ante una multitud que, a pesar de las temperaturas bajo cero y del viento gélido, no ha querido perderse una ceremonia de investidura donde el primer alcalde musulmán de Nueva York no ha mostrado intención alguna de rebajar las expectativas que rodean su llegada al cargo, sobre todo en lo que se refiere a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, especialmente la clase trabajadora que lo ha encumbrado en política. “Me han dicho que este es el momento de rebajar expectativas, de pedir poco y de esperar aún menos. Yo no haré eso”, ha afirmado.
El nuevo alcalde no ha esquivado su identidad política. “Fui elegido como demócrata socialista y gobernaré como un demócrata socialista”, ha proclamado, reivindicando un programa centrado en congelar los alquileres, implantar el transporte gratuito en autobús y garantizar el acceso universal a escuelas infantiles hasta los cinco años. “Responderemos a todos los neoyorquinos, no a ningún multimillonario u oligarca que crea que puede comprar nuestra democracia”, ha insistido, contraponiendo “la calidez del colectivismo” a “la frialdad del individualismo agreste”.
El clima del acto ha acompañado ese mensaje. Cuando Bernie Sanders, una de las principales referencias políticas de Mamdani, ha defendido desde el atril que garantizar vivienda asequible “no es radical, sino lo correcto y decente”, la multitud ha respondido con un cántico que ha resonado como declaración de intenciones: “tax the rich”. Junto a él, Alexandria Ocasio-Cortez ha subrayado el carácter histórico de la jornada, recordando que Mamdani es el primer alcalde musulmán de la ciudad, el primero inmigrante en casi un siglo y el más joven en varias generaciones.
La biografía del nuevo alcalde también ha formado parte del relato. Mamdani ha jurado el cargo sobre coranes históricos —uno perteneciente al intelectual puertorriqueño Arturo Schomburg y otro de su familia— sostenidos por su esposa, la artista Rama Duwaji, de 28 años. A su lado ha estado su madre, la cineasta Mira Nair. Hasta ahora vivía en un apartamento de un dormitorio en Astoria, protegido por la regulación de alquileres. Desde hoy, su residencia oficial será Gracie Mansion, en el acomodado Upper East Side. El contraste no se disimula: forma parte del mensaje político que lo ha llevado hasta aquí.
En la ceremonia también han tomado posesión otros cargos electos clave, como el Defensor del Pueblo, Jumaane Williams, y el contralor Mark Levine, ambos demócratas. Levine ha aludido directamente a la crisis de vivienda y ha anunciado que usará sus competencias para impulsar la construcción de nuevos edificios asequibles incluso “pese a la oposición de circunscripciones atrincheradas”. El tono ha sido unitario; el papel de control llegará con la gestión.
El antagonista no ha subido al escenario, pero ha estado presente desde el inicio. Mamdani ha construido buena parte de su perfil político en oposición al presidente Donald Trump, especialmente en materia migratoria. Las redadas del ICE y la defensa del estatus de “ciudad santuario” planean sobre su mandato desde el primer día. No ha sorprendido que, pocas horas después de la investidura, los republicanos lo hayan retratado como un “socialista radical” y lo hayan convertido en un objetivo político nacional de cara a las elecciones legislativas de 2026.
La atención que despierta su llegada al poder también se explica por la velocidad de su ascenso. En apenas un año, Mamdani ha pasado de ser un legislador estatal prácticamente desconocido a convertirse en alcalde de Nueva York, tras movilizar a más de dos millones de votantes y lograr el 50% de los votos. Su equipo ha recaudado 2,6 millones de dólares para la transición y las celebraciones, una cifra récord en este siglo para una investidura municipal. Mientras, parte del mundo financiero, inicialmente inquieto, ha empezado a explorar cómo convivir con un alcalde que promete subir impuestos a los más ricos sin pedir disculpas.
La investidura, bautizada por su equipo como la “Inauguración de una nueva etapa”, incluía música y poesía y estaba pensada para desembocar en una gran fiesta callejera. El frío la ha desactivado antes de tiempo. La multitud se ha ido dispersando, los focos se han apagado y la ciudad ha retomado su pulso invernal.
Mamdani ha dejado clara la frase que sobrevuela su primer día como alcalde: “El trabajo acaba de empezar”. Empieza bajo tierra, continúa en la superficie y abre una etapa en la que la ambición ya no funciona como símbolo arquitectónico, sino como expectativa política. En Nueva York, esta vez, nadie ha pedido poco.
