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Hugh Jackman: «No supe qué decir cuando me llamaron para tantearme como James Bond. No podía asumir ese compromiso, estaba con X-Men»

¿Qué haría un actor como Hugh Jackman si no se hubiera convertido en Lobezno en la saga de los X-Men o en el héroe del musical Los Miserables, que le valió un Globo de Oro y una nominación al Oscar? Responde sin dudarlo: «Seguiría actuando, quizá en pequeños teatros de provincias. De niño, lo hacía con otros estudiantes, y solo a los 26 años se convirtió en un trabajo. Habría continuado como afición, como miles de artistas con menos suerte que yo». Hablamos de esto porque ahora interpreta a uno de ellos en Song Sung Blue: Canción para dos, de Craig Brewer, inspirada en la historia real de Mike Sardina y que se acaba de estrenar en cines.

Es curioso verlo con la melena de un veterano de Vietnam que trabaja como mecánico de día y canta pop y rock de noche, sin separarse de su guitarra ni de una mujer llamada Claire -Kate Hudson, nominada al Globo de Oro por su actuación-. ¿Una vida que podría haber sido la suya? No hay hombre más alejado, al menos superficialmente, del australiano de 57 años que se convirtió en celebridad con éxitos de taquilla, musicales y títulos de cine independiente (Scoop, de Woody Allen, o El truco final , de Christopher Nolan). Mike, por su parte, está en un ascenso meteórico en los bares de Milwaukee, Wisconsin. Es a mediados de los 80 cuando conoce a Claire: una madre soltera, peluquera y con idénticos talento musical y cicatrices emocionales.

Juntos, renacen y se convierten en Lightning & Thunder, una banda tributo a Neil Diamond con la que interpretan sus éxitos de los años 60 y 70, desde I’m a Believer hasta Sweet Caroline y, por supuesto, Song Sung Blue. Enamorados, en sintonía, tiernos, alegres. Se casan, forman una familia extensa con sus hijas y se convierten en leyendas locales hasta que la vida los pone a prueba. El director Craig Brewer se inspiró en un documental de 2008 de Gregory Kohs: «Me impactó profundamente esta pareja de clase trabajadora que afrontaba dificultades y tragedias sin precedentes», explica. «Más que superhéroes, necesitamos ver a personas reales triunfando sobre la adversidad. Apoyamos a los desfavorecidos porque su lucha es nuestra canción. Y espero que el sueño americano no se desvanezca con lo que está sucediendo en Estados Unidos».

Hugh Jackman vivió inesperadamente su «sueño americano» cuando dejó Australia. El actor es el quinto hijo de una pareja inglesa que emigró a Sídney en los 60 y se separó cuando tenía ocho años. «Mi madre regresó a Gran Bretaña y fue mi padre quien nos crio, inculcándonos sus valores: trabajar duro, ser amable y cumplir con la palabra. La riqueza y la fama no eran prioridades». Tras el instituto y un año sabático en Inglaterra con su madre, donde trabajó como instructor deportivo en un pueblo al norte de Birmingham, Jackman regresó a Sídney y se matriculó en la Facultad de Comunicación. «Soñaba con ser periodista de radio, con viajar por el mundo haciendo entrevistas. Pero en el tercer año, durante una clase de teatro, me di cuenta de que me apasionaba mucho más encarnar una historia que contarla frente a un micrófono. Pusimos El Memorándum de Václav Havel, y en ese grupo me sentí como en casa, como nunca antes en un aula».

Así que decidió matricularse en la Academia de Artes Escénicas de Perth, pagando la matrícula con la herencia de su abuela. «Mi padre me dijo: ‘No se me ocurre una mejor manera de gastar ese dinero, pero tengo una preocupación: ¿no eres demasiado sensible para ser actor?‘. En inglés, usamos la expresión tener la piel fina. Al fin y al cabo, también es señal de sensibilidad». De hecho, Jackman evitaba leer a los críticos y confesaba su inseguridad cada vez que hablaba de sus experiencias en el escenario. «Todos mis compañeros de la Academia me parecían mucho mejores que yo».

Con el personaje de Lobezno y los X-Men fue como se convirtió en una estrella de Hollywood. «Para mí fue un reto: había poco diálogo, tenía que expresarme con mi cuerpo y mis garras». Luego fue uno de los actores considerados para el James Bond que se quedaría Daniel Craig. «Me llamaron para tantear el terreno, y no supe qué decir: ya estaba en la saga de los X-Men, no podía asumir otro compromiso tan importante», recuerda. A pesar de contar con más de 30 películas en su haber, en 2012 tampoco se sentía preparado para interpretar a Jean Valjean en Los Miserables, por el que ganó un Globo de Oro: «Tenía miedo. Pero en lugar de evitarlo, decidí vencer el miedo con compromiso».

En Song Sung Blue, Jackman muestra su talento: canta y toca la guitarra solo y también, a dúo con Kate Hudson. Sus trajes de lentejuelas y la tenacidad con la que persigue su sueño le hacen sonreír y se conmueve cuando su historia de amor atraviesa una profunda crisis. «Todos ocultamos una parte de nosotros mismos, y mi trabajo es intentar descubrir cuál. Normalmente, es lo que más nos duele. Para Mike, es su adolescencia, la guerra de Vietnam y su lucha interna contra la adicción al alcohol. Por otro lado, sin embargo, está el talento y el deseo de expresarlo, el deseo irreprimible de entretener a la gente. Cuando toca fondo, debido a las desgracias que aquejan a la pareja, son el amor y la música los que lo levantan. Recuerdo un momento en el set que hizo llorar a algunos miembros del equipo», afirma el actor. Esa escena es cuando cree que no puede con Claire y rompe a llorar mientras ella lo abraza por detrás.

«Mi padre pensaba que yo tenía la piel demasiado fina para ser actor»

«Todos los hombres con los que he hablado saben cuánto nos esforzamos por no mostrarnos entre lágrimas, y esa escena, que revela su vulnerabilidad, es en cambio uno de los momentos más conmovedores: cuando dos personas están dispuestas a abrirse, a apoyarse mutuamente, a preguntarse cualquier cosa. Porque incluso Kate, quien creó esa escena conmigo, sabe lo que siente un hombre cuando se siente roto pero no quiere perder su dignidad delante de su esposa». Este -y ciertamente, no las miradas ni los besos- es el toque más profundo de la película.

Durante años, se consideró a Jackman un referente del matrimonio en un Hollywood donde los divorcios son habituales. Conoció a su pareja, Deborra-Lee Furness, en el rodaje de la serie Correlli, se casaron al año siguiente y tienen dos hijos adoptados de 25 y 20 años. Pero es difícil compatibilizar dos carreras en el show business. Cada vez que uno se iba, el otro cuidaba los niños intentando mantener la normalidad. Finalmente se separaron hace dos años, tras 28 juntos.

El actor ahora tiene por compañera de vida y escenario a la actriz, cantante y bailarina Sutton Lenore Foster, con quien protagonizó en Broadway The Music Man. Quizás ese papel le hizo empatizar con el protagonista de Song Sung Blue. «Me identifico con Mike porque durante años viví una vida similar a la suya, y no lo hice para perseguir la fama a toda costa. Esta película es una carta de amor a los artistas callejeros y al talento que los impulsa a actuar. Lo hacen por pura alegría».