Hay jugadores que son lienzos de una época. Entre todas las leyendas de aquel baloncesto ochentero español en el que había humo en los pabellones y los americanos eran dioses con nombres, mates, estadísticas (e historias fuera de la cancha), estratosféricas, nadie puede olvidar a Brad Branson, aquel pívot (2,08 metros) atildado, rápido, ligado para siempre su imagen a sus inseparables muñequeras, que jugó en el Real Madrid dos temporadas (22,2 puntos y 9,5 rebotes en la primera) y seis más en el Valencia Basket. Uno de los mitos de esa época que es nostalgia y que este miércoles ha fallecido a los 67 años.
Lolo Sainz fichó a Branson en el verano del 86. La tarea no era sencilla: hacer olvidar a Fernando Martín, que acababa de dar su histórico salto a la NBA con los Blazers. Audie Norris ocupaba el primer puesto en la lista del técnico, pero acabó llegando el máximo taponador de la Lega italiana. Branson jugaría dos temporadas de blanco, bajando algo su rendimiento en la segunda en la que ya coincidió con el eterno 10.
No fue una época boyante en cuanto a títulos, apenas la Copa Korac de 1988, aunque en ella se derrotara a la Cibona de Drazen Petrovic, aquel demonio que había atormentado a los blancos tanto tiempo y que, poco después, acabaría fichando por el Real Madrid. Branson, que formaba pareja de americanos con Wendell Alexis (en la primera lo hizo con Larry Springs), fue el máximo anotador en la ida (102-89) junto a Romay. Ese mismo año, Branson estuvo presente en la mítica final de Copa de Valladolid, donde un triple sobre la bocina de Nacho Solozábal dio el título a los azulgrana.
Tras su paso por la capital, Branson se convirtió en parte de la historia del Valencia, un club que acababa de ascender a la ACB y en el que pasó seis temporadas, hasta la 1993-94, cuando anunció su retirada. Sigue siendo el jugador estadounidense que más campañas ha disputado con el club, en el que jugó durante 230 partidos. También hizo de la capital del Turia su hogar. Casado con una valenciana, su hija Natalia, que llegó a ser fallera mayor, sigue trabajando en el club taronja (Directora Área Contenido Roig Arena).
Entre los dos equipos acumuló 280 encuentros y 9.106 minutos de juego en la ACB. Quizá su actuación más destacada fue en un partido contra el Estudiantes de su amigo John Pinone, con el que compartía batallas en la pintura y cenas en la capital después: acumuló 44 puntos de valoración (35 puntos, 18 rebotes). Su tope de anotación fue con la camiseta del conjunto valenciano, contra el Fórum Valladolid (37 puntos).
Branson empezó a jugar tarde a baloncesto. En una entrevista en Jot Down, confesó que su altura estaba en los genes de su padre biológico, Lou Scott, campeón de la NCAA con la Universidad de Indiana en 1954. Nacido en Harvey (Chicago), Brad se crio, sin embargo, en Florida. Allí jugó en High School, donde ya empezó a destacar. Después, pasó por las Universidades de Edison State y SMU (Southern Methodist University). Fue drafteado por los Pistons, aunque su primera temporada profesional la pasó en Rimini (Italia).
Después regresaría para tener un breve paso por la NBA, 10 partidos con los Cavaliers y 62 con los Pacers. En 1983 regresó a Italia, donde se enroló en el Brescia. Allí coincidiría con un joven entrenador asistente llamado Sergio Scariolo. Hasta que el Real Madrid y España llamaron a su puerta.
