«Después de seis años de streamings en exclusiva con Twitch, hoy hago el primer directo de mi vida en YouTube». Cualquier cosa que diga Ibai Llanos se convierte inmediatamente en noticia, pero algunas provocan auténticos cataclismos. No era su primera cita con la plataforma del play rojo, ya un año atrás había avanzado el bilbaíno sus intenciones de desembarcar en el ecosistema que creó el oficio del que es rey indiscutible: «Esas 900 horas que estaba invirtiendo en Twitch las voy a invertir en YouTube. Es menos exigente. Quiero estar más con mi familia, cuidarme y trabajar en proyectos que realmente me motiven», dijo entonces. Pero el pasado 17 de enero llegó el anuncio definitivo, el que ponía cara y ojos a una corriente que sonaba cada vez más fuerte y que podría resumirse en un postulado tan repetido que podríamos denominarlo viral sin temor a equivocarnos: «Vuelvo a YouTube».
«Los creadores de contenido están regresando a YouTube, efectivamente. Era fácil escuchar hace cuatro o cinco años que la plataforma se había quedado mayor, pero se ha producido un movimiento pendular que la ha devuelto a la posición de liderazgo», confirma Luis Calvo, director de contenidos de la española You First, una de las mayores agencias de representación y gestión de talento del sur de Europa.
Para Calvo, dos ventajas técnicas impulsan este regreso: una monetización muy transparente y consistente en el tiempo frente al algoritmo cambiante de plataformas como Twitch, que dificultan la previsión de ingresos, y un sistema de protección de derechos de propiedad intelectual muy sólido y adaptable por territorios, que permite, por ejemplo, maximizar los derechos deportivos. «Eso para los grandes propietarios de contenido es una oportunidad única, y explica por qué los Premios Oscar acaban de firmar una cesión de los derechos globales de emisión de su gala a YouTube a partir de 2029», explica.
Este último postulado encierra, en realidad, el quid de la cuestión en la revancha de una plataforma que durante unos años pareció haberse quedado en opción B para quienes un día se llamaron youtubers y se rebautizaron, con el cambio de década, como creadores de contenido. «YouTube es capaz de competir con todos», expone el experto. «Sus shorts ya son un reto para TikTok e Instagram, sus directos miran de tú a tú a Twitch, su apuesta por los pódcast y la música es una amenaza directa a Spotify, pero su principal competidor es hoy, sin duda, Netflix».
YouTube es una red social, sí, pero cada vez más es también, y fundamentalmente, una plataforma de vídeo bajo demanda. «Somos la nueva televisión porque los creadores son el nuevo prime time», lanzaba hace unos días Neal Mohan, CEO de la división de vídeo de Google, en su carta de prioridades para el nuevo año. Y los datos corroboran su aserción: YouTube es ya la tercera plataforma de streaming más vista en los televisores españoles, con 12,1 millones de espectadores únicos y sólo por detrás de Netflix y Prime Video, según el último estudio de la consultora Barlovento. Calvo sube la apuesta: «Si YouTube fuera un canal de televisión, sería el más consumido por los jóvenes españoles», dice, y tras un silencio cargado de intención, añade, y se le nota la sonrisa al otro lado del teléfono: «Por los jóvenes españoles de menos de 54 años».
Fuera de nuestras fronteras, el éxito es aún más arrollador: en Estados Unidos YouTube ya ha conseguido el reinado absoluto y la BBC anunció hace unos días que va a empezar a producir contenido exclusivo para la plataforma de vídeo de Google, un desembarco que arrancará este mismo mes con los Juegos Olímpicos de Invierno.
Sin embargo, para llegar hasta eso, para comprender el verdadero desafío que supone hoy YouTube para la industria creativa a nivel mundial, hay que remontarse a cómo empezó todo.
«Vuelvo a YouTube después de 6 años», acompañaba con un emoticono congelado su publicación en InstagramCarmen Vallejo el pasado 11 de enero, mientras levantaba las persianas del salón y mostraba la nieve sobre los tejados de Madrid. «Hola, wonders, bienvenidos a mi canal», saludaba de nuevo, efectivamente, a los 186.000 suscriptores de Carmen Wonderland, durmiente desde aquel lejano 26 de febrero de 2020, cuando el Covid era todavía una amenaza lejana.
«Sí, me fui y, además, me fui mal, con una sensación de frustración enorme. Me costaba aceptar que una plataforma que había funcionado tan bien durante años dejara de ser ese bum constante que parecía que tenía que durar para siempre», explica por email. «A la vez, me apetecía probar algo más dinámico, más inmediato, como lo que ofrecían Instagram y TikTok. Así que hice un traslado casi natural: me adapté a lo que esas plataformas pedían, me transformé con ellas y, en ese proceso, me olvidé de YouTube por completo».
«YouTube es capaz de competir con todas las redes sociales y plataformas de audio, pero su principal rival es ya Netflix»
Luis Calvo, director de contenidos de You First
El mismo camino de salida que emprendió Carmen lo transitaron por las mismas fechas cientos de jóvenes cuyas personalidades online habían nacido y crecido casi a la par que la plataforma, pero habían evolucionado en direcciones distintas. Trazan la cronología del desengaño Julen Hernández y Joaquín Reixa, una pareja personal y profesional cuyos respectivos canales, Hola Julen (129.000 suscriptores) y Omglobalnews (152.000 suscriptores), han permanecido en silencio los últimos cuatro años.
«Cuando empecé, en 2012, sólo estábamos los raritos que nos quedábamos los sábados por la noche en casa grabándonos en lugar de salir por ahí con los amigos», recuerda Hernández en una videollamada a tres. «Poco a poco, fuimos encontrándonos y creando un gran sentimiento de comunidad. En torno a 2015, de repente, se unió gente súper popular, como Laura Escanes o Dulceida, y dieron el impulso definitivo a algo que ya era un hecho: estar en YouTube era cool». El crecimiento exponencial de suscriptores era imparable. Había nacido un nuevo firmamento de estrellas que ni siquiera había tenido que salir de casa para triunfar.
«No concebíamos nada fuera del entorno televisivo, de los platós, de la gente guapísima, y, de repente, la generación más joven tenía acceso a contenido que creaba gente de su edad desde su habitación. Todo era mucho más auténtico, más de verdad, te lo contaba una chavala cualquiera», rememora Bely Basarte, una de las primeras cantautoras nacidas en internet, que se hizo popular subiendo covers cada viernes a las tres de la tarde. Creó su canal en 2009, y en 2016 llenaba salas de conciertos de fans que coreaban sus canciones y que habían agotado las entradas en minutos. «El crecimiento era brutal, los números de todos subían y subían, teníamos cientos de miles de reproducciones, una locura».
Pero todo aquel despegue fue tan rápido, tan explosivo, tan novedoso y tan sonado que en un momento dado, la burbuja estalló. Y se llevó con ella a una generación de pioneros. «A finales de los 2010 el contenido era cada vez más excéntrico, más fuerte, más rápido, más súper editado, y de repente, se produjo una saturación entre quienes no éramos capaces de mantener esos niveles de activación. Es que la exposición desgasta muchísimo», toma la palabra el fundador de Omglobalnews. A la vez, dice, acusaron un cambio importante en su relación con la empresa. «Al principio, cada uno teníamos asociado una especie de mánager que nos ayudaba a optimizar nuestro contenido, y organizaban eventos y campañas, la compañía se implicaba muchísimo. Había un trabajo muy mano a mano y tú eras siempre un orgulloso youtuber aunque también hicieras contenido en otras plataformas», describe.
«La diferencia fundamental radica en elegir lo que uno ve. Hay cierto compromiso detrás de ese clic en ‘Reproducir’ en un vídeo de largo formato»
Enrique Álex, influencer de viajes
La crisis que desató el vídeo humillante de una de sus estrellas virales , ReSet, dando de comer galletas Oreo con pasta de dientes a un mendigo, y que terminó con el joven condenado por el Tribunal Supremo, lo cambió todo. Corría el año 2017.
«Se diluyó por completo esa sensación de comunidad. Los creadores dejamos de ser la prioridad de la plataforma, que se centró en los medios tradicionales, que traían muchas más visitas, y en los anunciantes. Empezamos a sentirnos más desprotegidos a la vez que el algoritmo primaba los contenidos virales, y no la fidelidad a un canal. Otras plataformas ofrecían una monetización más inmediata y, simplemente, nos fuimos», relatan Hernández y Reixa. La profesión youtuber viró a influencer, y la pareja fundó su propio estudio creativo, Omglobal, que navegó aquella ola con éxito y hoy se ha diversificado más allá de las redes. Bely, por su parte, firmó con Universal en 2017, puso voz a Emma Watson en La Bella y la Bestia poco después y hoy acaricia su primer libro, La vida es esto, amor (Lunwerg), y acaba de publicar su tercer álbum de estudio, Amor Letal. «Aquellos vídeos semanales que tanto me acercaron un día a mis fans quedaron sólo para las grandes ocasiones: un lanzamiento, la promoción de una gira…», dice. «YouTube se convirtió, para mí, en un statement».
¿Qué ha pasado en los últimos años, entonces, para que los vídeos hayan dejado de titularse Me voy de YouTube para afirmar Vuelvo a YouTube? ¿Por qué en el último año las visualizaciones por vídeo han crecido un 30% y las publicaciones semanales, un 25%, mientras el alcance de los Reels de Instagram ha caído un 35%, según los datos del Estudio de redes sociales 2026 de Metricool? ¿Qué gusanillo picó a Bely Basarte para regresar al vlogueo la pasada primavera, o a Carmen Vallejo a reconciliarse con la plataforma que la vio nacer?
Principalmente, una nueva burbuja en plena explosión por pura saturación. «Nos hemos aburrido de las app en las que hay que deslizar constantemente. Queremos centrarnos en un contenido durante más de cinco minutos», asegura, paradójicamente, la estrella de TikTok Xaruh.
«Para el espectador moderno, la frontera entre un estudio de Hollywood y un creador de YouTube ha desaparecido. Lo que buscan es relevancia»
Francesca Mortari, Head de YouTube para Italia y España
A sus más de 1,3 millones de seguidores les ofrece, básicamente, lo que anuncia en su bio: «La vida sin humor es como una croqueta sin jamón». Y desde hace unos meses, también lo hace en versión más larga en su canal de YouTube, un poco «descuidado» hasta que el comentario de una fan le hizo replantearse su contenido: «Eres mi youtuber favorita». «Me hizo dar valor a mi presencia allí. YouTube me permite mostrarme de una forma más auténtica y crear una relación sólida con mi comunidad. Es más reposado», afirma.
«Decidí volver después de verme atrapado en el juego de los algoritmos, consumiendo vídeos cortos que no elegía y que ni siquiera recordaba unos minutos después de haberlos visto», coincide Enrique Álex, que justo hace un año anunciaba su reestreno en Youtube a través de Instagram. «La diferencia fundamental radica en elegir lo que uno ve», continúa por email. «Los vídeos de largo formato se eligen y, en mi caso, se ven durante muchos minutos y mayoritariamente en una televisión. No aparecen y se ven sin más, hay cierto compromiso detrás de ese clic en Reproducir. Yo llevo casi diez años creando vídeos para dejar algo en quien los ve, no para pasar por su pantalla. Para mí, eso pesa más que cualquier métrica», analiza el influencer de viajes, con más de 600.000 suscriptores.
«YouTube es donde los creadores construyen legados, no sólo momentos virales», plantea Francesca Mortari, Head de YouTube para Italia y España. «Mientras otras plataformas se centran en lo fugaz, nuestros creadores construyen auténticos estudios y producen contenido que encuentra una audiencia fiel». La plataforma de vídeo de Google ha vuelto a poner al creador en el centro y le ha encomendado una misión: reinventar el entretenimiento. «Tenemos el tamaño, la comunidad y las inversiones tecnológicas necesarias para liderar la industria creativa en la nueva era», advierte Neal Mohan en su carta de Año Nuevo. «No somos una red social ni tampoco una emisora tradicional», describe la responsable de la plataforma en nuestro país. «Para el espectador moderno, la frontera entre un estudio de Hollywood y un creador de YouTube ha desaparecido. Lo que buscan es relevancia».
«Durante años hemos ido hacia formatos cada vez más cortos, más rápidos, más inmediatos, muy ligados al gesto de hacer scroll sin detenernos demasiado en nada. Ese modelo ha tenido sentido durante un tiempo, pero cuando quieres conectar con alguien, entenderlo y acompañarlo, necesitas tiempo», resume Carmen Vallejo un cambio de tendencia que ha vivido como creadora, pero también como consumidora. «Pararme a disfrutar de la creatividad de alguien sin grandes artificios me inspira y, sobre todo, me frena, me baja la ansiedad de una vida demasiado acelerada. Cuando buscas una conexión real, el vídeo largo sigue siendo insustituible».
