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La Casa Blanca, sin un plan preciso para su guerra en Irán

Donald Trump ordenó el bombardeo de Irán sin construir antes una narrativa sólida sobre por qué era necesario y urgente. Sin dar explicaciones al Congreso o la ciudadanía. Y, aparentemente, sin un plan preciso sobre cuáles son exactamente los objetivos políticos, cuánto tiempo y recursos serán necesarios para conseguirlos y sobre las consecuencias para sus aliados en la región, los países vecinos o los mercados. Las últimas 90 horas muestran cómo Estados Unidos e Israel vieron una oportunidad única, la que llevaban esperando desde 1979. Con un Irán débil, sin control real sobre su espacio aéreo, limitada capacidad de respuesta y con sus proxis regionales en precario estado. Y decidieron aprovecharla, con indiscutible éxito militar tras matar a Jamenei y 50 altos cargos. Ahora, sin embargo, la operación empieza a complicarse, se ha desatado el caos en la zona y la Casa Blanca y el Pentágono, que se preparan para enviar más efectivos y cazas, ya no descartan siquiera la posibilidad de desplegar tropas, un tabú enorme para el movimiento MAGA.

«No me incomoda el despliegue de soldados sobre el terreno. Todos los presidentes [anteriores] decían ‘No habrá tropas sobre el terreno’. Yo eso no lo digo. Digo ‘probablemente no las necesiten’, o ‘si fueran necesarias'», le respondió el lunes el presidente a The New York Post. Para Trump, lo peor está por llegar, o así se lo dijo a uno de los presentadores estrella de la CNN: «Ni siquiera hemos empezado a atacarlos con fuerza; la gran oleada ni siquiera ha ocurrido. La gran oleada llegará pronto», anticipó.

«Creo que las encuestas son muy buenas, pero no me importan. Tengo que hacer lo correcto. Esto debería haberse hecho hace mucho tiempo», añadió Trump cuando el medio le preguntó por la falta de apoyo de la ciudadanía. Una encuesta de Reuters/Ipsos realizada de urgencia el fin de semana muestra que apenas el 27% de los estadounidenses aprobaba los ataques, mientras que el 43% los desaprobaba y el 29% no estaba seguro. Un sondeo de CNN eleva hasta el 41% la aprobación, frente a un 59% que la desaprueba, lo que reflejaría básicamente el índice de aprobación general de la Casa Blanca, que se sitúa en el 41/57%.

La afirmación de Trump hay que analizarla con cautela. Desde el sábado por la mañana ha hablado con decenas de periodistas y a cada uno le ha dado un dato, una opinión o una visión diferente. De las razones, de la amenaza que suponía Irán y la urgencia de ataque. Pero también de lo que puede pasar ahora. Así, mostró sorpresa por el hecho de que la Guardia Revolucionara haya sido capaz de lanzar misiles a los aliados estadounidenses y sus bases, de Irak a Kuwait, de Emiratos Árabes a Arabia Saudí, pasando por Israel o Chipre. Habló de una transferencia de poderes a un nuevo Gobierno y acto seguido del probable escenario de una insurrección interna que derroque a los ayatolás y los militares. «No sabemos quiénes son los líderes. No sabemos a quién elegirán. Quizás tengan suerte y consigan a alguien que sepa lo que hace… No sabemos quién dirige el país ahora, no lo saben ni ellos. Es un poco como la cola del paro«, le dijo el presidente a la CNN este lunes.

En esto días, Trump ha fantaseado con un escenario parecido al de Venezuela, con la caída rápida del líder y la sumisión del régimen en pocas horas, pero ahora asegura que el plan siempre fue una intervención de «cuatro o cincos semanas» que buscaba destruir las instalaciones de misiles de Irán, aniquilar su Armada, poner fin a sus ambiciones nucleares y cortar la financiación de grupos terroristas. Lo que parece claro en todo caso es que eso es imposible con unos días de bombardeos, así que el ejército estadounidense se prepara para un enfrentamiento largo.

El general Dan Caine, jefe del alto Estado Mayor, afirmó este lunes que hay más efectivos y aviones en camino a la región, mientras el presidente y el secretario de Defensa Pete Hegseth, insisten en el marco de por lo menos cuatro, cinco o seis semanas. «El trabajo apenas ha comenzado y continuará» con la llegada de más cazas en los próximos días, ha dicho Caine, y en ese momento EEUU estará «prácticamente donde queremos estar en términos de capacidad y poder de combate totales», añadió sin dar detalles concretos sobre la composición y el número total.

«No hay soldados ahora mismo en Irán, pero no vamos a entrar en el ejercicio de lo que haremos o no haremos. Creo que es una de esas falacias que se han cometido durante mucho tiempo es que este departamento, los presidentes y otros le digan al pueblo estadounidense, y a nuestros enemigos exactamente lo que vamos a hacer, cuánto tiempo estaremos, exactamente hasta dónde llegaremos, lo que estamos dispuestos a hacer y lo que no. Es una estupidez», afirmó en una rueda de prensa el responsable del Pentágono junto a los generales.

Poco antes de ordenar el ataque, el pasado viernes, el Gobierno estadounidense empezó a hablar de que Teherán estaba resucitando su programa nuclear, acumulando material, desarrollando misiles de largo alcance. Acto seguido se centró en la idea de un cambio de régimen o al menos de un cambio dentro del régimen, al estilo venezolano. Pero Trump admitió el domingo que algunas de las figuras que habían identificado como posibles reemplazo de Ali Jamenei habían sido eliminadas en los bombardeos. Después, el foco pasó a ser la «reducción de amenazas», insistiendo en el peligro que supone desde hace décadas Teherán. Por las bombas nucleares, por los misiles balísticos, la ayuda a Rusia o por se «el mayor patrocinador mundial de terrorismo». De ahí se pasó a hablar insistentemente de la posibilidad de un «acuerdo», una de las palabras fetiche. Y luego volvió la opción de un cambio de régimen, animando a los ciudadano a salir a las calles, para después insistir en que se queden a resguardo en sus casas porque lo peor está por llegar desde el cielo.

Ayer, el jefe del Estado Mayor fue más concreto: «La misión es impedir que Irán pueda proyectar poder fuera de sus fronteras». «Los objetivos están completamente entrelazados. Es decir, Irán tiene la capacidad de proyectar poder contra nosotros y nuestros aliados de maneras que no podemos tolerar. Ya sean misiles balísticos y drones, capacidades ofensivas, su Armada, terrorismo», añadió Hegseth.

El problema es que todo esto chirría con las aspiraciones del movimiento MAGA y años y años de promesas de paz y críticas a los «belicistas» y a quienes quieren «construir naciones». Hay decenas y decenas de discursos, entrevistas y mítines de Trump diciendo eso, antes y después de volver a la Casa Blanca. Ahora, con imágenes de hoteles en llamas en Dubai, vuelos cancelados, fuego amigo derribando tres aviones de cientos de millones de dólares en Kuwait, lo primeros cuatro soldados norteamericanos fallecidos y filas de cadáveres de niños en escuelas, el movimiento MAGA se revuelve más que incómodo, en un año electoral decisivo.

«Hasta ahora hemos escuchado que, aunque hemos eliminado a todo el régimen iraní, esta no ha sido una guerra de cambio de régimen. Y aunque ya habíamos destruido su programa nuclear, tuvimos que intervenir debido a su programa nuclear. Y aunque Irán no planeaba ningún ataque contra Estados Unidos, también podría haberlo hecho, según a quién le preguntes. Y aunque no estamos librando esta guerra para liberar al pueblo iraní, ahora es libre, o podría serlo, dependiendo de quién tome el poder, y no tenemos ni idea de quién será. El mensaje sobre esto es, por decirlo suavemente, confuso», escribió en las redes sociales el influencer conservador Matt Walsh, que tiene cuatro millones de seguidores en la red X.

En su discurso inaugural, Donald Trump dijo que su «legado más orgulloso será el de un pacificador y unificador. Eso es lo que quiero ser (…) Mediremos nuestro éxito no solo por las batallas que ganemos, sino también por las guerras que terminemos, y quizás lo más importante, por las guerras en las que nunca nos involucramos». Desde entonces, Washington se ha lanzado de nuevo a intervenir por todo el planeta.

Los Republicanos han empezado a construir un escudo, pero difícil de sostener. El senador Ted Cruz, en televisión, intentó argumentar que Trump nunca dijo que no fuera a meterse en guerra, sino «en guerras interminables». El senador Lindsey Graham, el halcón que más ha presionado estos meses para atacar irán y que ahora arremete contra España, defiende en las tertulias que «no es el trabajo del presidente» tener un plan para el día después, sino sólo neutralizar amenazas. En su intervención de ayer, el secretario de Guerra Hegseth siguió en esa línea, admitiendo que EEUU está en guerra pero que ésta no será «una guerra eterna» como las de Irak o Afganistán. «Nosotros no empezamos la guerra, pero la vamos a terminar», dijo también, pero sin explicar de qué manera la empezó Irán.