El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha comparecido en La Moncloa, en una declaración institucional sin presencia de periodistas ni preguntas, para valorar la guerra en Oriente Próximo. El jefe del Ejecutivo español mantiene su posición dura a diferencia de otras grandes potencias del mundo y de Europa, con el rechazo a la acción militar de EEUU e Israel y la respuesta de Irán. «La posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra», ha resumido desde la sala de prensa del complejo presidencial.
En una intervención en la que ha ignoración la amenaza de Trump de romper todas las relaciones comerciales con España ha mandando un mensaje a los socios europeos y a los líderes políticos nacionales que cuestionan su posición: » «Es ingenuo practicar un seguidismo ciego y servil» a la Administración estadounidense. Eso sí, se ha cuidado de no ahondar en el detalle de quiénes lo practican. La Moncloa busca que los españoles saquen conclusiones, a nivel internacional, pero también nacional. Porque, claro está, también hay mensaje en clave española.
El Gobierno, en todos los conflictos que ha habido en los últimos años ya fuera Ucrania, Gaza, Venezuela, Groenlandia o ahora Oriente Próximo ha mantenido un mismo discurso: el respeto al derecho internacional y la carta de Naciones Unidas. Estas ideas son las que tejen su posición en esta nueva guerra, aunque suponga dejar a España en una posición aislada o minoritaria frente a las posiciones que, al menos por el momento, adoptan potencias como Alemania, Francia o Reino Unido, aunque en algunos casos, como el francés, se empieza a ver modulaciones en su discurso. Sánchez se aferra a la UE y la ONU para mantener su posición frente a las presiones y las amenazas directas de Trump.
«Algunos dirán que estamos solos en esta esperanza, pero tampoco es verdad. El gobierno de España está con quienes tiene que estar, está con los valores que nuestros padres y abuelos fijaron en nuestra constitución. España está con los principios fundacionales de la Unión Europea, está con la Carta de Naciones Unidas«, ha manfiestado en su intervención. La Comisión Europea ya ha salido en defensa de España después de las amenazas de «embargo» de Trump, y le he exigido al presidente de Estados Unidos que respete los acuerdos comerciales firmados por ambas partes y, por lo tanto, que no aplique ningún tipo de medida comercial o de embargo sobre el país. «Esperamos que Estados Unidos cumpla sus compromisos en virtud de nuestra Declaración Conjunta».
Porque la convicción de Sánchez y su equipo es que el tiempo terminará dándoles la razón. Estos días, en La Moncloa recurren a una frase que se ha convertido en un eslogan del Gobierno de Sánchez: «No estamos solos, éramos los primeros». Una idea que emergió como conjura al hilo del reconocimiento del estado de Palestina y que ahora también emplean para oponerse a las acciones militares que decide y ejecuta Trump, ya sea Venezuela o Irán, al aumento del gasto militar o al rearme nuclear que se debate en Europa.
Sánchez ha optado por la estrategia de no mencionar de forma directa a Trump, de no evidenciar un choque y un aumento de la escalada con el presidente de la primera potencia del mundo. De hecho, ni siquiera ha aludido al uso de las bases españolas de Rota y Morón, desencadenante del último órdago estadounidense. Como si el martes no hubiera pasado nada. Pero lo cierto es que su discurso ha estado trufado de alusiones veladas y de una defensa de la soberanía y la posición de España frente a las amenazas de Washington. «Es absolutamente inaceptable que aquellos dirigentes que son incapaces de cumplir con ese cometido usen el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar de paso los bolsillos de unos pocos, los de siempre», ha dicho. El sujeto de esta reflexión no es otro que Trump.
