Poco más de dos millones de electores están llamados a las urnas este domingo en Castilla y León. Son las segundas elecciones en solitario de esta comunidad autónoma y las terceras de un intensísimo ciclo electoral que comenzó a finales de diciembre en Extremadura y finalizará en Andalucía en el mes de junio. Hace cuatro años, el resultado de las elecciones en Castilla y León celebradas en febrero fue el primero de los detonantes de la defenestración de Pablo Casado como presidente del PPy su sustitución por Alberto Núñez Feijóo.
Las consecuencias políticas de este 15-M no serán, ni mucho menos, tan espectaculares, aunque el electrizado ambiente político nacional convierte cualquier convocatoria en la más decisiva de la Historia. Los sondeos no pronostican grandes convulsiones en el mapa político de Castilla y León ni la victoria del PP parece amenazada, después de más de tres décadas en el Gobierno de la Junta. A pesar de lo cual, las direcciones nacionales de los partidos han querido meter baza en la campaña. En el caso de Vox, por completo. El candidato real ha vuelto a ser Santiago Abascal, que ha visto empañada su gira electoral por un grave conflicto interno tras la expulsión de dirigentes históricos de la formación que se han declarado víctimas de una purga orgánica.
Tanto Alfonso Fernández Mañueco, presidente y candidato del PP a la reelección, como el aspirante socialista que estrena candidatura, Carlos Martínez, han querido tener a buen recaudo a los jefes nacionales de los dos partidos. Mañueco -de forma patente e intencionada- y Martínez han protagonizado una campaña serena, bastante respetuosa y tranquila, sin correr riesgos ni protagonizar actuaciones disruptivas. Conocen bien a sus conciudadanos y saben que la comunidad no gusta de ocurrencias. Ambos han intentado evitar que sus campañas se contaminaran de la toxicidad nacional, hablando de los problemas de la comunidad y de las propuestas de sus programas.
ánimo y escalada
No obstante, tanto Pedro Sánchez como Alberto Núñez Feijóo han querido estar presentes, sobre todo en la recta final de la campaña. De mayor a menor, la gran expectativa política nacional de este 15-M la ha creado el presidente del Gobierno con el grito del No a la guerra, que, según todo el PSOE en su conjunto, ha reactivado el estado de ánimo de la izquierda. Hasta tal punto, que la dirección federal considera factible desbancar al PP como partido más votado. Sánchez versus Trump sería la pócima mágica para ganar a Fernández Mañueco, aunque sin posibilidades de gobernar. A tal fin, en el acto final de campaña, el PSOE sacó las que considera sus mejores añadas. Junto a Sánchez se sentaron Zapatero, el dueño del copyright del No a la guerra, y Óscar Puente, ministro de Valladolid y vanguardia de la ofensiva digital, que nunca estuvo muy interesado en ser candidato a la autonomía. La debilidad electoral del PSOE en las dos pasadas convocatorias convertirían mantener los diputados que ya tienen en las Cortes Regionales en una especie de victoria. «No nos hemos derrumbado». Es la consigna favorita de Ferraz y Moncloa.
La pugna PP-Vox va camino de convertirse en el tema político más peliagudo a corto y medio plazo. Las urnas en Castilla y León servirán para medir cuál es la resistencia del PP al ataque de las siglas de Abascal y hasta qué punto llega el nivel de la escalada que comenzó en Extremadura y continuó en Aragón. El PP busca el techo de Vox en todos los comicios. Aunque el arreón aquí tampoco puede ser muy fuerte porque Vox ya estuvo muy fuerte en las anteriores elecciones, en las que logró 13 escaños. Mañueco fue elegido presidente gracias a sus votos y a un acuerdo que posteriormente hizo aguas al abandonar Vox su Gobierno.
La desinhibida retórica de Feijóo contra Abascal en su campaña, siempre al margen de los mítines de Mañueco, ha intentado hacer valer la responsabilidad de un partido de gobierno con la «irresponsabilidad» de una formación política que pesca en caladeros antisistema y llama «el PSOE azul» al PP. Hubo un tiempo no muy lejano en el que el PP de Castilla y León creía poder llegar a gobernar con un pacto con los partidos de ámbito provincial. La fortaleza de Vox convierte esta hipótesis en inverosímil.
Más allá de las pullas propias de la campaña electoral, el PP espera que el inesperado cuello de botella que mantiene empantanadas la gobernabilidad de Extremadura y Aragón, cuyos presidentes en funciones están pendientes de un acuerdo con Vox, termine esta misma semana. Lo previsible es que el lunes por la mañana haya tres comunidades autónomas pendientes de un pacto PP-Vox para tener Gobierno. Y tres presidentes del PP, Guardiola, Azcón y Mañueco.
