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Irán y Hizbulá logran desafiar al escudo defensivo israelí: «Es innegable que el sistema falló el sábado en Arad y Dimona»

ARAD (ISRAEL), 22/03/2026.- El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, durante su visita este domingo a Arad, localidad del sur de Israel que anoche sufrió un impacto de un misil iraní que dejó más de 60 heridos, entre ellos 10 graves, donde afirmó que Israel está «aplastando» al enemigo y «ganando la batalla» contra Irán, al tiempo que llamó a otros países a unirse a la ofensiva contra el país persa. EFE/GPO -SÓLO USO EDITORIAL/SOLO USO PERMITIDO PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE APARECE EN EL PIE DE FOTO (CRÉDITO OBLIGATORIO)-

Entre el alivio y la preocupación, Matías Azerrad cuenta que cinco impactos (uno de esquirlas y cuatro de bombas de racimo) en ataques iraníes alcanzaron las proximidades de su casa en Ramat Gan en los últimos 23 días. Este israelí-argentino duerme con la ropa puesta ante la alta probabilidad de que por la noche deba bajar al refugio en el subsuelo tras la sirena que hace de despertador. El sonido inicial de un golpe seco y el siguiente de las ambulancias le recordó que la guerra iniciada en Irán se extiende también al corazón de Israel. «Puedo aguantar más si después tenemos calma durante mucho tiempo, pero espero que acabe la guerra. Ya es una cuestión psicológica«, afirma ante una casa destrozada cerca de la suya en la ciudad cercana a Tel Aviv.

Azerrad ha logrado sortear la ruleta rusa de aquellos misiles capaces de esquivar las defensas antiaéreas israelíes. «Aunque sé que pueden tener fallos, los sistemas defensivos me tranquilizan y hacen todo lo posible para protegernos», dice sobre el escudo desplegado ante el régimen iraní y Hizbulá.

El grupo libanés ha aumentado el lanzamiento diario de sus proyectiles y dronesde unas decenas a más de 100 mientras Irán ha reducido sus misiles balísticos de unos 100 a unos 10 o 15 diarios respecto al inicio. Su acierto este fin de semana fue puntual pero suficiente para causar en 24 horas un muerto y 200 heridos en el norte (Misgav Am), el centro (Tel Aviv y alrededores) y sur (Dimona, cerca de una instalación nuclear, y Arad).

El sistema antiaéreo israelí -por muy sofisticado que sea y tenga la máxima coordinación con el ejército estadounidense- no es hermético tal y como repiten sus responsables ante las preguntas sobre los últimos fallos que permitieron la caída de dos misiles de tipo Qadr 110 entre edificios creando un enorme boquete y destruyendo numerosas casas en Arad y Dimona.

«Es innegable que el sistema falló el sábado en Arad y Dimona. El hecho de que los dos casos se dieran en el sur no significa que fuera el mismo error. Por otro lado, no hay que olvidar el éxito de las defensas en general que, además, horas antes interceptó misiles en esa zona», señala el ex jefe de la Defensa Antiaérea, Zvika Haimovich.

Según el ejército, cinco misiles que contenían cientos de kilogramos de explosivos impactaron en zonas pobladas de Israel desde que este país y EEUU iniciaron la ofensiva. Las decenas de submuniciones de los misiles con bombas de racimo de Irán llevan menos carga explosiva, pero son más difíciles de neutralizar.

En su misión de eliminar lanzaderas en Irán y Líbano, los cazas y drones israelíes y estadounidenses son los primeros recursos defensivos. Posteriormente, las capas encargadas de detectar y neutralizar misiles y proyectiles en un proceso basado en decisiones humanas, protocolos de actuación y medidas técnicas. El último recurso es el propio ciudadano que acude a las habitaciones de seguridad de sus casas o, si no está allí o no la tiene, refugios públicos. Dado que el porcentaje de interceptación es del 92% (datos del ejército) ante 410 misiles, es probable que alguno impacte de forma directa o sobre todo restos del misil atacante o neutralizador. «El mejor neutralizador es la sala de seguridad y el refugio», avisa el oficial Ofir Cohen (Protección Civil).

Tras una noche «exitosa» desde el punto de vista de la Guardia Revolucionaria iraní, este domingo por la mañana las cinco tandas de misiles en solo cuatro horas examinaron el escudo defensivo israelí.

Más allá de la pregunta sobre hasta cuándo estarán llenas las reservas de misiles de neutralización de las baterías de los diferentes sistemas (Jetz II, Jetz III, la Cúpula de Hierro y la Honda de David), el escudo es desafiado en una guerra en la que todas las partes aprenden sobre la marcha de los errores y aciertos propios y ajenos. Y lo sería aún más si los hutíes (Yemen) se suman a Hizbulá (Líbano) para apoyar a Irán.

A expensas de la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, que insinúa un fin cercano de la guerra, el terreno y el mar (Ormuz) no indican que así sea. Tras proclamar que están propinando un «golpe muy duro al régimen terrorista iraní», el jefe del ejército israelí, Eyal Zamir, avisa a los suyos ante los diversos frentes abiertos: «Estamos a mitad de camino, pero la dirección es clara. Dentro de una semana, durante Pesaj (Pascua judía), la festividad de la libertad, continuaremos luchando por nuestra libertad y nuestro futuro».

Ante los proyectiles y drones de Hizbulá desde el vecino Líbano, Israel no usa por ejemplo el sistema más preciso (Jetz 3) con el que neutraliza misiles balísticos iraníes fuera de la atmósfera. Ayer, en el kibutz Misgav Am, a un paso de la frontera, uno de sus agricultores más conocidos, Ofer Moskowitz murió por el impacto de un proyectil en su coche. A última hora de la tarde, el ejército anunció que investiga si murió por fuego amigo o de Hizbulá que atacó esa localidad varias veces. En cualquier caso, su muerte podría acelerar los planes militares israelíes en el sur del Líbano aunque, por ahora, el frente prioritario sigue siendo Irán.