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Amo a esta pija / Odio a esta pija

También esto pasará es, además de un fenómeno literario incontestable, un gran libro. No siempre se dan las dos cosas. Hay más libros buenos que libros que se forren a vender ejemplares. El de Milena Busquets es las dos cosas. Curiosamente (o no) su adaptación cinematográfica es prácticamente invisible.

Estrenada en mayo del año pasado, la También esto pasará dirigida por María Ripoll es casi una película que no existió, cine de Schrödinger. Una no-película que ejemplifica muy bien algunos de los problemas (o de las realidades) del cine español: se hacen demasiadas películas, se promocionan en piloto automático y se confía demasiado en que los éxitos literarios se conviertan en éxitos de taquilla.

Esto último, todo sea dicho, no es algo específico de nuestra cinematografía, pero es imposible no subrayarlo en casos como el de También esto pasará, una película que, replicando exactamente lo que hace Milena Busquets en su popularísimo libro autobiográfico, consigue lo contrario: estrellarse.

Porque la página leída no es lo mismo que la secuencia vista. El magnetismo del texto de Busquets se pierde en la película de Ripoll. Es más: se pudre. El «qué chica tan pija, pero qué bien cuenta las cosas» de la primera se convierte en «qué chica tan pija, no la soporto, no puedo más» de la segunda. La pija en cuestión es Blanca, alter ego de Milena interpretado en la película por la siempre interesante Marina Salas.

Que Blanca crea que su vida (su duelo por su madre muerta, su maternidad poco apasionada, su incapacidad para una vida ordenada, sus amantes) es interesante y digna de ser contada funciona cuando Milena Busquets rodea la absoluta insignificancia del personaje (¡oops!) de prosa magnífica. Pero a la hora de convertir eso en imágenes, el hechizo se rompe, y el privilegiado ennui de Blanca está más cerca de un anuncio veraniego de cerveza catalana (lino, Cadaqués, alpargatas, tías dejadas, tíos lánguidos) que de la alta literatura.

Para aburrimiento existencial, el que las paranoias mediterráneas de esa chica le provocan al espectador. Echa uno de menos que en alguna de las secuencias de También esto pasará aparezca la Macarena García de Casa en llamas, a ver si esta vez sí le explican de dónde demonios viene esta fijación de la burguesía de Barcelona por ir a calas absurdas en chalupas con vela. Supongo que «ir a la playa» es, como concepto, demasiado poco para ellos. Y para Blanca. También esto pasará es demasiado buen libro, en su sencillez y claridad, como para convertirse en una buena película. O en una película que la gente quiera ver sin sonrojarse.

Tiene gracia que lo mismo sea tan distinto, que algo pueda ser emocionante y cercano en un libro y, en cambio, en una película resulte bochornosamente solemne y afectado. Leyendo También esto pasará jamás me tomé en serio a su protagonista. Pero a su autora, sí. Viendo También esto pasará sólo me tomo en serio a la arribista madrileña de Casa en llamas.