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Así fueron las últimas horas de Rob y Michele Reiner antes de ser degollados por su hijo Nick: una pelea en una fiesta navideña, planes de cena con los Obama y un partido de tenis en familia

Iba a ser una semana más en la agitada y comprometida vida social de Rob y Michele Reiner, hasta que la fatalidad se cruzó en su camino. La pareja de cineastas era una habitual en los encuentros de alto nivel tanto en Hollywood como en la política estadounidense. Cuenta The Wall Street Journal que el director de clásicos del cine como Cuando Harry encontró a Sally o La princesa prometida y su esposa tenían en su agenda una cena con Barack y Michelle Obama, un encuentro con famosos en defensa de la libertad de expresión, una firma de libros en Palm Springs y una velada con Barry Sonnenfeld, director, entre otros grandes títulos, de Men in Black. Nada hacía presagiar que aquellas serían sus últimas horas.

El sábado por la noche, 24 horas antes de que sus cuerpos fueran encontrados sin vida cosidos a puñaladas y con el cuello cortado, según informó una fuente policial a Afp, Rob y Michele acudieron a una fiesta navideña en casa de Conan O’Brien acompañados de su hijo mediano, Nick Reiner, de 32 años, principal acusado del crimen y para el que la Fiscalía valora solicitar la pena de muerte.

Allí podría haber empezado todo.

Un testigo ha relatado a The Wall Street Journal cómo el comportamiento de Nick resultó inmediatamente perturbador para todos los presentes. El joven, con un larguísimo historial de lucha contra la adicción que su padre, incluso, llevó a la gran pantalla en el largometraje Being Charlie, desconcertó al actor Bill Hader con una ráfaga de preguntas sin sentido justo después de que su padre los presentara: «¿Cómo te llamas? ¿Cuál es tu apellido? ¿Eres famoso?».

Según la misma fuente, aquella escena se fue repitiendo con varios invitados y la tensión con sus padres fue en aumento hasta que echaron a Nick de la fiesta. Sería la última vez que Rob y Michele Reiner serían vistos con vida.

El domingo por la tarde, Rob Reiner, de 78 años, y Michele Singer Reiner, de 70, fueron hallados muertos en su mansión de Brentwood, valorada en 13,5 millones de dólares. Según el Daily Mail, fue su hija pequeña, Romy, de 27 años, que vive justo enfrente, quien se encontró con la escena al entrar en la casa, después de que el masajista que la pareja había contratado estuviera llamando al timbre sin respuesta. Los servicios de emergencia acudieron a la vivienda alrededor de las 15:30 horas, pero no pudieron hacer nada para salvar sus vidas. Esa misma noche, la policía detuvo a Nick, acusado del doble crimen. Su hermana menor lo señaló inmediatamente como posible autor porque, dijo, es «peligroso».

Vida normal con su presunto asesino

Los días previos a la muerte de Rob y Michele Reiner todo parecía ir bien. Tras toda una vida batallando contra los problemas de su hijo, Nick parecía haber encontrado por fin cierta estabilidad y participaba de la vida familiar con cierta normalidad. El director de fotografía Barry Markowitz, amigo íntimo de la familia, ha relatado a The Wall Street Journal cómo pasó unos días en casa de los Reiner hace tres semanas y vio a Nick jugando al tenis y a sus padres tratarlo «como a un adulto».

No siempre había sido así. En una entrevista con The New Yorker en 2016, tras el estreno de la película escrita por su propio hijo en la que desgranaba los problemas a los que se enfrentaba un adicto, Rob Reiner habló con todo lujo de detalles de las dificultades que supone convivir con una persona con problemas mentales. Llegó a asegurar que el mantra familiar, durante la adolescencia de Nick, fue: «Hay que intentar mantenerlo vivo hasta los 25». El propio Nick confesaba en las mismas páginas que aquella frase siempre lo incomodó.

Una cena fallida con los Obama

Pese a todo, los Reiner no dejaron que la situación consumiera su vida. Michele siguió produciendo y Rob mantuvo una intensa actividad pública y política. El director fue una figura central del activismo progresista estadounidense desde finales de los 90, impulsó políticas públicas en California y participó activamente en la lucha por los derechos LGTBI. Fue, además, uno de los grandes donantes y agitadores del Partido Demócrata.

De ahí su cercanía con los Obama. La propia ex primera dama confirmó el lunes en el late nightJimmy Kimmel Live que tenían previsto cenar con la pareja el mismo día de su muerte. «Se suponía que íbamos a verlos esa noche, anoche», relató una emocionada Michelle al presentador, en una conversación en la que también respondió a las afirmaciones de Trump en redes sociales en las que atribuía el asesinato de Rob Reiner al «antitrumpismo enfurecido» del director, a quien tildaba de «trastornado». «A diferencia de otros, Rob y Michele Reiner son de las personas más decentes y valientes que jamás hayan conocido. No están trastornados ni locos», respondió Obama en directo en televisión.

La conmoción se extendió rápidamente por Hollywood. Según el Daily Mail, Larry David y Billy Crystal se acercaron hasta la casa donde sucedieron los crímenes nada más enterarse. Tracy Reiner, hija adoptiva del director, declaró a NBC News que había visto a su padre el día anterior y que estaba «en shock«. «Vengo de la mejor familia del mundo», dijo, devastada.